The Last Remaining Seats reabre los palacios del cine de Los Angeles

by Rocio Ayuso June 6, 2016
Los Angeles Theater Marquee

L.A. Conservancy

Si durante una partida al Trivial Pursuit la pregunta es cuál es la calle estadounidense más conocida por sus teatros, la respuesta acertada obviamente es Broadway. Lo que no es tan obvio es que se refiere al Broadway de Los Angeles y no al neoyorquino. Como demuestran los archivos nacionales de lugares históricos en Estados Unidos, el estrecho de Broadway entre la Third Street y el Olympic boulevard en el centro de Los Angeles (ahora conocido como DTLA) no solo es el área con un mayor número de teatros sino que fue el primero. Un esplendor que llegó especialmente de la mano del cinematógrafo en un tiempo en el que en lugar de limitarse a desplegar la alfombra roja en las grandes premieres construían un cine para cada estreno. Así nació por ejemplo el Los Angeles Theater, para marcar la llegada a las pantallas en 1931 de City Lights (Luces de la ciudad). Ese fue el comienzo de una era que desde la apertura en 1918 del opulento Million Dollar Theater de la mano de Sid Grauman, un empresario cuyo nombre quedaría unido para siempre con ese otro Chinese Theater en Hollywood, no se conformó con mostrar buenas películas. Quiso hacerlo a lo grande, construyendo verdaderos palacios del cine, salas tan grandes y opulentas como los sueños que centelleaban en sus pantallas.

En su momento más álgido, el público que acudía al Roxie, al Los Angeles, al Orpheum, al Tower, al United Artist, al Mayan, por citar algunos de los más conocidos, era transportado a otro mundo desde que pasaba por la taquilla a comprar su entrada. Las escaleras, sus cristaleras, los aparatos de luces, sus balcones, las balustradas, hasta los baños robaban o se inspiraban en otras eras, en otras culturas y sin escatimar en recursos acompañaban así la magia que embelesaría al espectador en la pantalla. El Million Dollar optó por un estilo churrigueresco español con un mural de terracota donde las alegorías al arte y al cine se mezclan con cabezas de visón o calaveras de vacas de cuerno largo. Por algo se dedicó a mostrar filmes mexicanos o espectáculos de variedades venidos de Latino América. El Orpheum prefirió un estilo más francés para su construcción en 1926, primando además de su ornamentación una de las mejores acústicas de la época y uno de los grandes órganos Wurlitzer de madera y metal con el que poner música a los filmes mudos de la época. El United Artits escogió un estilo gótico que le diferenciara del resto de las salas de la época de la misma forma que  D.W.Griffith, Mary Pickford, Douglas Fairbanks y Charlie Chaplin se habían distanciado de la industria cuando fundaron su propio estudio bajo el mismo nombre. Los Angeles Theater fue el último gran teatro construido en esta era con un precio que superó el millón de dólares, un momento de brillo y  optimismo en medio de la Gran Depresión.

 

Palacios del cine: arriba, de izquierda: Million Dollar Theater, United Artists; parte inferior, de izquierda: Orpheum, Los Angeles.

L.A. Conservancy

Pero como todos los grandes imperios, el reinado de los teatros de Broadway en Los Angeles sucumbió víctima de la competencia, de las modas y de los nuevos modos de distribución cinematográfica. Muchas de las grandes salas han desaparecido para siempre en un DTLA que hace muchos años dejó de ser el centro de la ciudad. Los teatros Biltmore, Burbank, California, Criterion, Follies, Lyceum o Majestic, por citar algunos, fueron desapareciendo demolidos para siempre víctimas de una ciudad cambiante como Los Angeles, poco dada a preservar sus tesoros. Otros quizá fueron más afortunados aunque conserven poco de la magia del cine más allá del nombre y su marquesina, convertidos en tiendas como la que Urban Outfitters abrió en 2013 en lo que fue el Rialto o la que Apple planea abrir en el nonagenario Tower.

Pero también los hay que sobreviven como demuestra esa cita anual con el programa The Last Remaining Seats. Organizado por el L.A.Conservancy, organización dedicada a preservar la arquitectura y la historia de Los Angeles, y con el apoyo de la Asociación de Prensa Extranjera en Hollywood (HFPA) este programa está pensado para preservar no solo las películas sino las salas donde en su día la imaginación echó a volar. Una iniciativa que este año cumple su 30 aniversario con una programación que una vez más abrió las puertas del Million Dollar, Palace, Ace, Los Angeles y hasta el Orpheum, que estos días también sirvió de escenario para una proyección con música en directo de las Silly Symphony de los estudios Disney con la orquesta de cámara de Los Angeles.