Linda Hamilton: “No creo ser un control freak pero a lo mejor lo soy”

by Rocio Ayuso October 29, 2019
Actress Linda Hamilton, Golden Globe nominee

magnus sundholm for the hfpa

Uno no ve todos los días a Linda Hamilton por las calles de Madrid. Pero hasta allí se desplazó la intérprete estadounidense de 63 años para rodar su primer estreno en años: Terminator: Dark Fate. España se transformó en México para esta nueva entrega de la saga Terminator que recupera a todos sus antiguos protagonistas. Madrid fue parte del Distrito Federal mexicano. Y otras localizaciones espectaculares como la Isleta del Moro y el desierto de Tabernas (Almería), Corvera, Cartagena (Murcia) y la presa de Aldeadávila (Zamora) también figuran en esta película como si fueran paisajes mexicanos, un país que según la producción era en esos momentos demasiado peligroso para la filmación. Pero en todos estos paisajes quien resalta es Hamilton, una intérprete icónica que se volcó en la película olvidándose de hacer turismo pero que dedicó unos minutos a hablar con la HFPA.

Al final y a pesar de todos los años transcurridos, Terminator: Dark Fate hace realidad la famosa frase de “I’ll be back”.

Durante años esa frase me persiguió mientras yo pensaba “sí, sí, volveré pero a este paso en silla de ruedas”. Nunca se me ocurrió que alguien quisiera verme a esta edad, pero supongo que el paso del tiempo nos cambia a todos. De hecho, los 27 años transcurridos desde la última película me hicieron sentir que quizá era el momento de saber qué había pasado con esta mujer, cómo había cambiado. Nadie quiere interpretar a la misma mujer. El mismo personaje, sí, pero no la misma persona. Y después de 27 años Sarah Connor no es la misma persona. El tiempo nos cambia a todos.

¿También ha cambiado la industria?

No te puedes imaginar de qué forma. Hay mucha más gente haciendo esta película que en las otras dos juntas. La diferencia es brutal con el Terminator de 1984 . Incluso con T2 en 1991. No estaba preparada para lo grande en lo que se ha convertido todo. En Madrid llegué a rodar con 400 personas, 600 personas en el set. ¡Demasiadas! Todo muy profesional pero así no hay quien se concentre. Es difícil hacer algo que se sienta real rodeada de tanta gente.

Ya que menciona Madrid ¿qué es lo que recuerda en concreto de esta parte del rodaje?

Fue donde comenzamos. Nos reunimos allí incluso antes de comenzar para organizarnos el rodaje. Desayunaba todos los días con el resto de los actores, con Tim (Miller) ,pero la operación era tan grande que no tuve tiempo para nada más. Lo que más recuerdo del rodaje son las innumerables versiones de mí que hubo durante toda la filmación. En concreto recuerdo que me enfadé porque había un doble de acción en Madrid haciendo todas las escenas que yo ya había hecho y no me gusta eso de no tener control sobre mi interpretación. No creo que ser un “control freak” pero a lo mejor lo soy. Es muy duro cuando hay tantas yo alrededor. Y yo no quería dar ni un segundo de Sarah Connor a otro. No es cuestión de ego porque me pasó incluso cuando Tim me presentó a mi versión más joven que reconstruyeron digitalmente para un “flash-back”. Me eché a llorar porque esa no era yo. Esa no era Sarah Connor. Habían utilizado a una doble de cuerpo más joven y con una figura maravillosa. Pero no tenía la fiereza que tengo, que tiene Sarah Connor. Y el rostro creado por ordenador tampoco contenía las emociones de esa escena. Al final tomaron las referencias faciales de mi cara, pero ahí me tienes, intentando interpretar una escena muy importante pero dentro de un sistema facial de captura tan rígido que no podía ni mover la cabeza. Todo esto fue nuevo para mi.

¿Pudo al menos disfrutar de la ciudad? ¿De los parajes?

Soy mala turista especialmente cuando voy a lugares así porque voy a trabajar. Por mucho que lo quiera ver todo el rodaje fue muy intenso. Pero me vi forzada en ocasiones cuando tenía visitas. Mi hija Josephine vino a verme, pero no por estar conmigo sino porque quería ver a Mackenzie Davis (risas).

¿Cómo se han tomado sus hijos su regreso a las pantallas?

Mi hijo Dalton vive ahora conmigo en Nueva Orleans de manera temporal. Y es genial vivir mi experiencia a través sus ojos. Adora el filme, el lenguaje de Tim (Miller), comprueba lo que dicen de mi pero no me lo dice todo (risas) Están encantados y no en plan “qué buena eres, mamá” sino en plan profesional. Mi hija estudia en Harvard y mi hijo es un fan del cine terriblemente analítico. Ambos están encantados.

¿Qué siente siendo un icono para las nuevas generaciones?

Una bonita palabra que siempre lleva a la decepción. ¿Alguien quiere ser una figura icónica? Porque lo malo es que luego tienes que serlo y la gente te mira a los brazos y se siente defraudada. Es algo que he tenido que escuchar más de una vez, entre susurros, “no debe de ser Linda porque cuando yo la vi en la película sabía jugar mucho mejor al billar”. O el típico “mira esos brazos, no tienen nada que ver”. Desde el momento que te llaman icónica lo único que consigues es defraudar a la gente. Esto es un trabajo y ¿quién quiere hablar de su trabajo todo el tiempo?

Todas las mujeres que han trabajado con usted. No hay una que no la admire.

Llegará el día que nadie sepa quienes somos, que nadie nos haya visto, ese día llegará. Nada dura para siempre. Estoy contenta de volver a hacer el papel y me encanta trabajar, pero lo verdaderamente maravilloso es hacer lo que me gusta y que me paguen por ello. Especialmente la Sarah Connor de T2 nace de que mi primer marido me había dejado mientras estaba embarazada. Necesitaba ser la persona más dura que podía ser. Me habían abandonado con un bebé así que me puse a trabajar tan duro como pude, con la dedicación de un monje.

Si pudiera viajar en el tiempo, ¿qué le diría a la Linda Hamilton del primer Terminator?

Que no hace falta que sude, que no sufra. Que todo acabará bien. Y por dios, nunca vuelvas a utilizar ese peinado de nuevo.