Lucrecia Martel: "Partir desde el sonido me sirve para pensar"

by Gabriel Lerman November 27, 2017
Argentinian filmmaker Lucrecia Martel

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Hubo que esperar 9 años para reencontrarse con esta directora argentina que, desde que debutó en el cine en 2001 con La ciénaga ha dado que hablar. Aquel debut le dejó premios en los festivales de Berlín, La Habana y Sundance, y estableció su nombre como uno de los más respetables de la cinematografía latinoamericana. Tras regresar a las pantallas con La niña santa en 2004, que participó en la competencia oficial en Cannes, y La mujer sin cabeza en 2008, que otra vez fue seleccionada por el festival más importante del mundo, Lucrecia Martel ahora nos propone Zama, la adaptación de la novela de Antonio Di Benedetto que retrata la exasperación de un funcionario colonial (el mexicano Daniel Gimenez Cacho) para lograr el traslado de Asunción a Buenos Aires que parece que nunca llegará. Coproducida por Pedro Almodovar, Gael García Bernal y Diego Luna, Zama cuenta con un elenco internacional que también incluye a la española Lola Dueñas y al brasileño Mattheus Nachtergaele.

Por lo que tengo entendido, esta fue una película accidentada.

En realidad, en el estado en que está nuestra industria en estos últimos años y en general la economía del país, y para lo que es el cine de autor, tan accidentada no fue. Te diría que es exactamente lo que sucede con las películas que no tienen un objetivo principal comercial. Nosotros, por supuesto, tenemos el objetivo de que la vea todo el mundo, pero bueno, los mecanismos de distribución deciden si la ven, o dónde. Así que no siento que fue particularmente accidentada, sino que creo que más bien habla de las circunstancias que vive el cine de autor en Latinoamérica en particular y en el mundo. En los festivales se ríen cuando en los créditos ven tantos coproductores; pero ya no es posible que en una película como Zama vengan dos tipos y te ofrezcan todo el dinero, pero sí capaz que encontrás treinta que dicen “nos gustaría colaborar con ustedes”, y así se hizo la película.

¿Aún siendo Lucrecia Martel es así?

Es que ser Lucrecia Martel no es nada. Los que existen en el mundo de la industria, existen por su posibilidad de generar tickets. Después hay un grupo pequeño de gente que aprecia las alternativas narrativas a un sistema narrativo bastante hegemónico, pero no es más que eso.

En Zama el protagonista no quiere estar ahí, está desesperado por irse, ¿cómo fue la experiencia de recrear el lugar del que se quiere marchar?

No creo que haya nadie que sufra, aún cuando el financiamiento de una película te haya costado muchos años, un proceso tan privilegiado; porque te topas con mucha gente del mundo que en tu vida no tendrías posibilidad de conocer, como una comunidad indígena, estar en algunos lugares que son de difícil acceso, al que uno desistiría de ir de vacaciones porque no es fácil estar ahí. Para mí fue una delicia hacer esta película. Fue muy atractivo, porque tuve que leer a los cronistas del siglo XVIII y descubrir un mundo nuevo. Nuestro continente parece nuestro a partir de 1810, y es una falsedad. Primero porque consideramos que a partir de 1810 saneamos un montón de problemas que todavía persisten, como la relación con las comunidades indígenas. Entre el desembarco de Colón y la Independencia hay un montón de males que atribuimos a la Iglesia y las masacres, pero lo interesante que tenía el libro de Zama es que me metía en ese mundo pre Independencia argentina y en la existencia de ese hombre. En un mundo que era mucho más extenso que el de ahora, en el que no estás en 13 horas en España. Atravesar ese territorio te puede llevar meses, por las dificultades del transporte. Entonces todas esas categorías espaciales y de tiempo en las que Zama, la novela, se metía sin ajustarse a una historicidad me atraían mucho. Con ese mismo impulso de Di Benedetto hicimos la película.

Pero Di Benedetto podía escribir lo que quería porque no tenía que filmarlo después.

Pero como proyecto literario es de una audacia muy grande para Latinoamérica. ¿Cuántas novelas hay como Zama en Latinoamérica? No hay muchas, te diría que en nuestro país no hay ninguna. Entonces la aventura a la que él se animó como proyecto literario nos animó a nosotros como proyecto cinematográfico; como una aventura con mucha libertad y mucho espíritu de juego.

A scene from the film "Zama", 2017

Una escena de Zama.

strand releasing

 

¿Por qué tu protagonista tenía que ser un actor mexicano?

No tenía que ser. Lo que sí tenía que ser era un buen actor, que sintiéramos que podía reflejar eso que uno imagina del personaje, y Giménez Cacho nos parecía que era el hombre. Para mí ahora es muy difícil imaginarme a otro como Diego de Zama que no sea Giménez Cacho. Y lo que sí hay en la película es una borradura de fronteras. Porque la historia transcurre a fines del siglo XVIII, antes de los estados nacionales. Entonces sí necesitábamos un aporte fuerte de Brasil. Todo lo que era diversidad y borrara las fronteras nos venía bien en esta película.

Me da la sensación de que para ti el sonido es casi tan importante como lo visual. ¿Cómo construyes el sonido? En Zama es algo muy notable.

Yo me la paso hablando de eso. Cada director de cine tendrá su forma, su sistema por el que logra organizar su universo y las técnicas del cine. Partir desde el sonido me sirve para pensar, para observar el mundo, pero lo considero una artimaña más que el camino verdadero, porque es una artimaña que me sirve a mí para observar, para entrar en el mundo, porque por ahí yo como muchos estoy sobreeducada en el mundo visual y el proceso de crear algo significa desmitificar la propia educación, a mí entrar por el camino del sonido me permitió eso más fácilmente. Yo me construí un sistema en torno al tiempo y al sonido que me permite organizarme narrativamente, y si tengo que tomar las ideas visuales del tiempo de una narración, yo naufrago en ese sistema de construcción. Me inventé otro sistema y me sirve. En ese sentido el sonido me importa mucho. Hay un montón de cualidades que tiene el sonido físicamente, su enorme capacidad de referencia y su ambigüedad en relación con el referente, la posibilidad que te da de construir un espacio mucho mayor del que uno puede ver, la capacidad inmersiva indudable en la que el sonido mete al espectador … Todas esas cosas hacen que le de mucha importancia.

Cuando estrenaste La ciénaga, hace ya unos años, no había muchas mujeres directoras en argentina. ¿Te resultó más difícil por ser mujer en ese momento?

Yo no te voy a decir que no exista el machismo porque sería una ingenuidad enorme, pero no lo sufrí o no me di cuenta.  Si me estaban discriminando no me di cuenta y seguí. No siento eso, ni siquiera en los festivales, Viste que ahora dicen que faltan directoras. Nunca sentí que por ser mujer no había sido nominada. Pero creo que ser una mujer blanca de clase media es también otra situación; no soy una indígena argentina que tal vez ahí sí, hay problemas para acceder a cualquier cosa.

Y cuando ves que hoy hay tantas chicas haciendo cine, ¿te sientes la pionera, la que marcó el camino?

No, para nada, habrá sido María Luisa Bemberg la pionera. Hay una fantasía muy grande que generó ella Lita Stantic cuando apareció Camila, como justo salíamos de la dictadura, nosotras, mi generación, éramos adolescentes, y de repente veíamos dos mujeres que triunfaban comercialmente con una película que se trataba sobre otra mujer, y te juro que en mi ignorancia pensé que era así, pensé que era un trabajo para las mujeres. O sea, por una confusión, pienso yo, pensé que era totalmente posible hacer cine.

Bueno, lo hiciste.

Claro, pero una confusión me llevó a eso. Pienso que yo debo haber confundido a muchas otras.

Tu primera película fue un gran éxito. ¿Te puso un peso para continuar tu carrera haber empezado tan bien?

No, de hecho creo que yo perdí un montón de oportunidades porque siempre estuve fuera del circuito. No escribo en revistas de cine, doy clases, sí, porque conozco algunas cosas y sé cómo transmitirlas, y también es una forma de supervivencia. Y he sido jurado porque me divierte muchísimo y casi es la única oportunidad que tengo de ver un montón de cosas que por ahí no vería, y es divertido, te tratan bien, estás en una ciudad que no conocés. Pero nunca he sentido que el cine sea mi vida ni tampoco en el sentido profesional, siempre demoro mucho entre una obra y otra así que siempre me siento como en una opera prima.

¿Y con las expectativas? ¿Nunca sentiste esa carga?

No. Imagino que algo sí, pero me parecía increíble que alguien espere algo de mí, en todo caso eso es algo que entusiasma. Y después hay algo, que yo sé muy bien, y es que cada persona que hace algo que no existe, me refiero a una película que no existe, un libro que no existe, una música que no existe, la hace aparecer en el mundo, una persona que está en esas circunstancias sabe que el tiempo es necesario para saber qué es lo que uno ha hecho. Para uno y para los demás, que lo que hoy puede ser fustigado, capaz mañana tiene una chance. Y el que hace sabe eso. Si uno solamente va a juzgar lo que hace por lo que inmediatamente genera, es que no ha entendido su trabajo.