Luis Ortega: "En "El ángel" hice un curso acelerado de paternidad"

by Gabriel Lerman September 12, 2018
Director Luis Ortega

Gareth Cattermole/ getty images

En Argentina ya ha llevado al cine a más de 1 millón de espectadores, como parte del "superagosto" del que habla Gonzalo Tobal en otra entrevista publicada en nuestro sitio. El ángel, la película de Luis Ortega que ha sido coproducida por Pedro Almodóvar, también pasó por Toronto, como presentación oficial en el mercado norteamericano antes de su estreno comercial en los cines de EE.UU el 9 de noviembre. En el gran festival conversamos con el hijo menor de Palito Ortega y Evangelina Salazar sobre el mayor suceso de su carrera, iniciada en 2002 con una película de muy bajo presupuesto, Caja negra, y continuada con Monobloc, Los santos sucios, Verano maldito, Dromómanos y Lulu. Quien también ha tenido un gran éxito en la televisión de su país con las series Historia de un clan y El marginal, nos contó como fue narrar para la pantalla grande su imaginada historia de vida del mayor asesino serial que tuvo Argentina, Carlos Robledo Puch.

¿Cómo es el momento que estás viviendo con el tremendo éxito que tu película ha tenido en Argentina, con tu visita al festival de Toronto, con tu paso previo por Cannes. ¿es una experiencia nueva todo esto para ti?

Sí, mirá, muy, muy novedoso. Por lo general siempre salí con una copia en una o dos salas y tenía que pintar en las paredes el nombre de la película para que alguien se enterara. Y pasar de eso, que no fue hace mucho tiempo, a una distribución que creo que es récord nacional de copias, y que la invasión de cómo comunicar la película que, viste, está en todos lados, es como si le estuviera pasando a otro. Porque en general siempre lo miré de afuera eso, decía “Qué bueno, qué suerte tiene ese muchacho”. Pero pensé que me iba a morir sin conocer esa sensación.

¿Por qué elegiste hacer tu propia versión del personaje?

Como te decía, una de mis películas favoritas es Badlands, esa película también toma un caso real,  pero se despega completamente para dar una aventura cinematográfica, y yo de lo que me agarré es de este chico que parece salido de una propaganda de champú para bebés esposado con todos los policías alrededor, y hasta el día de hoy dicen que es el asesino múltiple que más gente mató en la historia. Yo lo dudo, seriamente. Pero digamos que en esa época existía la teoría lombrosiana, que hasta el día de hoy existe en el ADN de la gente, que piensa que el criminal que te va a matar va a ser alguien feo, pobre y con rasgos físicos determinados. Esa era la teoría de un criminólogo que se llamaba Lombroso. Este chico vino a cambiar el paradigma completamente de lo que es un criminal, sobre todo porque no tenía móvil, que es lo que a mí más me interesa, que no tiene explicación lo que hizo. Sobre todo en nuestra película, él no roba por la plata. De alguna manera siente que como Dios no da la cara todo está permitido. Es una lógica bastante comprensible, pero creo que hay una edad donde la muerte no es algo real todavía: no se te murió nadie, vos no pasaste por ninguna situación de riesgo, por ahí no tocaste ningún cadáver, ¿no? La muerte es como un cuento que te contaron de algo que va a pasar pero, como dice Camus, “matar es tan fácil como no hacerlo”. Sobre todo con un arma que es mover el dedo un centímetro. Entonces, este personaje que contradecía todo lo que se suponía que tenía que ser un criminal era muy atractivo para empezar a crear mi fantasía y mis recuerdos de infancia, donde yo estaba seguro de que la muerte no existía. Hoy no estoy convencido en un 50%.

A scene from "El angel"

Lorenzo Ferro en una escena de El ángel.

the orchard

 

Uno de los mayores aciertos que tiene tu película, pero me parece que fue la apuesta más arriesgada, es la de este chico que nunca había actuado antes, Lorenzo. ¿Cuán consciente estabas de que podía salirte mal tener a alguien que nunca había actuado en un papel como este? 

Y, era 100 por 100 consciente porque tenía todos los ojos puestos sobre esta elección suicida, que el protagonista de una producción tan grande no sólo no sea famoso, sino que nunca haya actuado en su vida. Pero era una condición para mí, no quería trabajar con un actor profesional, quería encontrar a alguien que todavía no estuviera formado, no como actor, como persona, y hacerlo existir de una manera que no era actuar, era que exista de esta manera. Entonces cuando decía “¡Corten!”, no es que Lorenzo desarmaba el personaje, era imposible hacerlo, de hecho le está llevando un tiempito todavía. Porque, al menos como yo lo veo, no es actuar lo que estaba haciendo, es otra cosa. Vivimos muchas cosas juntos. En El ángel hice un curso acelerado de paternidad y de hermano mayor –yo soy el menor-. Entonces él entraba a robar a mi casa y yo lo filmaba, y lo filmaba como espiándolo pero le decía “Mirá por ahí que hay algo que a lo mejor te llama la atención, agarrá un libro, abrilo, leé una frase”.  Y después también trabajamos de esa manera, yo hablándole arriba de todas las escenas, con la amenaza de que te renuncien todos los sonidistas habidos y por haber, pero él ya estaba acostumbrado a actuar con mi voz arriba, Lorenzo se volvió como una extensión mía más que como un actor interpretando un personaje.

También hiciste una serie sobre el caso Puccio, hiciste otra sobre una cárcel, El marginal. ¿Qué es lo que te atrae de esos mundos tan alejados de tu propia realidad?

Es que en realidad no están tan alejados. No sé cómo explicártelo. Todo lo que hice este último tiempo que tiene que ver con este costado así, “delincuencial” me gusta decirle así más que policial, siempre usé cosas de mi propia experiencia, y de mi propio criterio, o en todo caso cómo sería yo si fuese malo. Tengo muchos conocidos que viven de este métier que es tomar lo que no es suyo. Desde chico que veo a mis amigos por ahí robar un Blockbuster con armas de juguete y llevarse todas las películas y la computadora… Yo lo veía y me parecía de un riesgo tremendo, pero también de alguna manera me parecía de una gran valentía, porque estaban dispuestos a romper el cristal y ver qué pasaba y la mayoría de la gente no está dispuesta a pasar ese límite. Igual nunca hablando de matar a nadie, sino de hacer lo que supuestamente no hay que hacer sólo para ver qué pasa. Hacer el experimento, o la vida como laboratorio. Esa es la razón porque Carlitos sospecha que Dios lo está mirando y no entiende por qué no baja a dar la cara, entonces siente que la Naturaleza es indiferente con él, que Dios no se preocupa por uno, entonces es un sentimiento casi místico. Es raro. Es como “¡Pará! ¿me están tomando todos el pelo? ¿Qué tengo que hacer para que me dejen de tomar el pelo?”. Es algo que quizá uno piensa todos los días, pero un chico se puede llegar a confundir y pensar que realmente la muerte no existe. Y, como te dije antes, es una sensación que yo tengo habiendo pasado por muchos entierros de amigos, una sensación de que uno no muere en realidad. Entonces de la idea de que todo es un simulacro llevada al extremo aparece el personaje de Carlitos que duda hasta del oxígeno que está respirando. Está buscando la cámara, dice “Pará. ¿Dónde está? Quién está contando este chiste”. Y él por momentos casi que lo hace explícito en la película, lo dice. Su compañero le dice “¿Lo mataste durmiendo?”, “Pero no está muerto este tipo”, dice. Yo creo que ese es el momento en que más claramente demuestra su manera de ver las cosas.

Tu papá tuvo una larga experiencia con el cine en su momento. ¿Cuánto de lo que vivió te lo transmitió o compartió contigo para que lo usaras en esta carrera tan diferente?

Cuando yo nací ya mi viejo se había dedicado más a ser un empresario con lo cual yo, en principio, de chico no mamé lo que sí mamaron fueron mis hermanos, pues yo nací en el 80 y mi viejo ya estaba produciendo. Llevó a Frank Sinatra a Argentina y se tuvo que ir. Estaba pasando más o menos lo mismo que está pasando ahora, que es que te pagan la entrada en una moneda que al otro día no vale nada, entonces ahí nos fuimos a vivir afuera y yo no viví la experiencia artística de mis viejos. Cuando yo crecí ya estaban retirados de ese mundo. Pero mi viejo es un tipo muy elemental en el buen sentido y un día vino y me dijo, cuando yo estaba filmando mi primer película, tenía 18 años: “Vos siempre hacé un buen plano general”. Me pareció una tontería en el momento pero le dije “sí, lo voy a hacer” Pero el insisitió. Y yo con el cámara con el que trabajo hace más de 15 años, nos miramos y dijimos “Vamos a hacer ese plano general que dice Ramón”. Esta película empieza con el espíritu de las películas que hacía mi viejo, Mi primera novia, Los muchachos de mi barrio, que empiece como Enrique Carreras y que termine como su carrera de Enrique, yendo al lado oscuro de la luna y volviendo. Por eso la música también marca esa transición, empieza con El extraño del pelo largo, pasa por Billy Bond y la pesada del Rock And Roll y Pappo, por mi viejo, y vuelve a terminar en el punto donde empezó que es como la reivindicación de la inocencia y la pureza aunque te está rodeando el ejército. Pero para mí siempre es importante aclarar que no es la vida de Robledo Puch, no es una biopic. La gente casi que me acusa de no mostrar a un malo y juzgarlo en la pantalla, como si tuviera que filmar lo que dice Google. Y para mí esta película está en la tradición de Bonnie & Clyde, de Juan Moreira, de Rumble Fish, no glorifica al criminal sino que lo usa como un mal menor frente a un mal mayor que es un mundo de mentiras. Es una tradición que sólo puede ocurrir de manera poética. No se podría hacer un documental donde el asesino tiene las mejores intenciones, pero en un poema, en una canción, o una película sí. La gente está muy preocupada por ocupar el lugar del policía y decirte qué está bien, qué está mal y qué es lo que tendría que haber hecho.