Mateo Gil: “El largometraje ya no es el formato estrella”

by Rocio Ayuso November 16, 2020
Director Mateo Gil

manolo pavon/netflix

El nombre de Mateo Gil pasó a formar parte del cine español en los 90. Con el realizador y amigo Alejandro Amenábar, Gil le dio la idea para la película Tesis y escribió otros éxitos como Abre los ojos y Mar adentro. El guionista canario también se pasó al campo de la dirección con películas como Nadie conoce a nadie o Proyecto Lazaro. Ahora está de vuelta detrás de las cámaras, pero llevando su revolución a los televisores porque su nuevo relato, inspirado en un cuento de Jack London pero trasladado a nuestros días, es como dice cine por entregas. Una miniserie de seis episodios para Netflix que se titula Los favoritos de Midas .

¿Cuándo conoció el relato de Jack London?

Jack London no estaba en mis lecturas de juventud. Fue Miguel Barros, el co creador de Los favoritos de Midas, el que me habló de este cuento el primer día que nos conocimos. Y desde entonces no solo me aficioné, sino que una semana después estábamos escribiendo un guion.

¿Cuán diferente es la mini serie del relato original?

El cuento es muy cortito y pone toda la fuerza en la premisa, en este chantaje tan extraño, sin preocuparse mucho de la evolución de sus personajes. Lanzaba un aviso a navegantes sobre un capitalismo muy fuerte: ‘Cuidado porque ahí hay un monstruo escondido’. Esa idea nos gustó porque ese monstruo periódicamente asoma los ojos. Nos interesaba recuperar ese concepto y tras trabajar unos meses, dimos esa vuelta de tuerca, para adaptarlo al cine o como miniserie.

¿Y entre su versión para cine y la que ha acabado siendo realidad en televisión?

En la novela, el protagonista era un empresario del ferrocarril, pero aquí hay una variación grande en el contexto económico. Cuando empezamos, en 2001, eran industrias pesadas que estaban en crisis y estaban siendo desmanteladas. Ahora, es una empresa de medios de comunicación porque sentimos que el periodismo es uno de los sectores emblemáticos en cualquier democracia y está en riesgo con los cambios de las últimas décadas. Nos parecía el mejor fondo para tratar esta historia.

También cambia Europa por España.

No hemos querido hacer una serie de la realidad madrileña o española. Los temas de fondo como la deriva ideológica del poder que está ocurriendo son muy comunes a toda Europa, incluso Norteamérica. Quería darle más peso a una Europa que está en peligro, pero tampoco me cabía. La idea de fondo es la rabia europea, las revueltas que están muy inspiradas en los ‘chalecos amarillos’, un fenómeno bastante fuerte y que denota un malestar social muy grande.

On the set of "The minions of Midas"

En el set de Los favoritos de Midas.

manolo pavon/netflix

 

En los 70, fue el cine estadounidense el que ofreció una conciencia en sus películas. Ahora le toca a la televisión y principalmente europea. ¿Qué es lo que ha cambiado?

Fundamentalmente, la crisis del 2008, que ha significado un golpe enorme a todos nuestros bolsillos. En España empieza a haber un problema de desigualdad más que de pobreza. Hasta 2008, vivíamos los felices años 90 alargados, con la Unión Europea y el milagro económico. Pero el 2008, con sus paladas de miseria moral y corrupción, nos han abierto los ojos sobre ciertos privilegios de ciertas élites que se eternizan y una escalera social que no es tan real y muchísimos problemas que son comunes a todos en Europa y que en unos países se manifiestan con mayor crudeza que otros.

Su cambio de medio, ¿es algo fortuito o corresponde a algo más?

En el caso de Los favoritos de Midas, cuando Miguel y yo empezamos hace 19 años escribimos dos guiones muy diferentes de largometrajes y no conseguimos levantarlos. Uno de los problemas más evidentes es que no nos cabía bien la historia en un largo. Y más allá de eso, la llegada de las plataformas no solo coincide con una crisis terrible del cine sino con la pandemia, que ha supuesto un golpe enorme. Pero, aunque utilizan la palabra televisión con Los favoritos de Midas, para mi no es televisión. Televisión es una serie que te metían en un horario concreto, que veías una entrega cada semana y para un público muy generalista. Eso ya no es necesario. Puedo hacer de Los favoritos de Midas una serie muy oscura, muy adulta y no pasa nada. No tiene que llegarle a un niño de 13 años. A nivel de lenguaje, no hay ninguna diferencia. Puedes utilizar el mismo tipo de planos, de narrativa. Hemos tomado como referencia el cine político de los 50 y los 60. Las plataformas nos lo han permitido. Esta miniserie se parece más a una película que a una serie de las televisiones generalistas de hace diez años porque, aunque es un drama en entregas, es una historia totalmente cerrada y adquiere su pleno significado cuando asistes a su final. Llamarlo televisión es algo muy extraño porque es cine. Por entregas, pero cine.

Ha mencionado la terrible crisis del cine. Hay quien va más lejos y habla de su muerte.

Sí, va a haber una transformación en cuanto al tipo de producto que vamos a ver en las salas. La asistencia ya no va a ser la misma porque ya tenemos pantallas fantásticas en casa y desde el momento en que la duración es libre, el largometraje ya no es el formato estrella. Como narrador, lo echaré de menos e intentaré seguir haciendo películas, pero el hecho de que se vean en el cine o en casa es importante pero no tanto como poder hacerlas y que se vean.

Antes mencionó que el lenguaje no ha cambiado pero, ¿y la forma de rodar? ¿Se pareció en algo el rodaje de Los favoritos de Midas al de sus anteriores películas?

Ahí es donde es más duro porque tuve que filmar cada episodio en diez días, más tres días de segunda unidad. ¡Cincuenta minutos! Tienes que cambiar el plan. Es cine, otro tiempo de planteamiento, de producción. La tecnología ha ayudado mucho a agilizar los procesos de rodaje, pero tienes que cambiar el chip en un proyecto como este porque si cometes un error no hay subsanación: o lo metes en el rodaje o no tienes tiempo de rehacer las cosas. Pero el consumo hoy es mucho más rápido. Eso me preocupa más. El consumo es tan abundante que no solamente importa poco el acabado. La mente del espectador… yo les noto embotados de tanto que vemos. Si tu embotas tu mente viendo demasiado hay un punto en el que tu mente empieza a pedir el cliché, se siente cómodo en el cliché, hay un cierto peligro de que lo que se sale un poco de la norma y eso acaba con la variedad narrativa. Ese es mi miedo.

Se cumplen 25 años de su descubrimiento, junto a Alejandro Amenábar, con la película Tesis. ¿Cómo ha cambiado su visión del medio este cuarto de siglo?

Mi visión es completamente diferente a la de Alejandro. Fue un momento maravilloso. Esos años 90, cuando hubo un montón de cineastas jóvenes que irrumpieron en la industria, fue un momento muy grato. Lo viví de una manera distinta porque llegué más tarde, estaba haciendo cortos y lo ví más desde fuera que Alejandro. Fue un momento maravilloso para los cineastas jóvenes que empezábamos, pero fue parte de esa burbuja de los felices 90. Siento que esa generación de cineastas mayormente hemos hecho un cine muy frívolo y pagado de si mismo. Es un poco una sensación personal porque despreciábamos demasiado el cine anterior a nosotros, el cine de los 80. Ahora, echas la vista atrás y ves que había gente muy potente haciendo cosas muy interesantes con un compromiso que nosotros no teníamos. Pecados de juventud. Pero tesis tenía muy buen rollo.