Matías Varela: "Mi infancia fue completamente en español"

by Gabriel Lerman September 2, 2020
Actor Matías Varela

Vittorio Zunino Celotto/Getty Images

El mundo lo descubrió en la tercera temporada de Narcos, en la que encarnó a Jorge Salcedo, el jefe de seguridad del cártel que transita durante toda la temporada por un delicado equilibrio en una negociación con la DEA que puede costarle la vida. Pero a esa altura Matías Varela ya era bien conocido en su Suecia natal, en donde el director de raíces chilenas Daniel Espinosa le dio uno de los papeles principales en Easy Money junto a Joel Kinnaman, dándole así la posibilidad de dejar su trabajo cotidiano en la construcción para entregarse de lleno a su sueño de ser actor. Aquello había comenzado en la escuela media, en donde el hijo de inmigrantes gallegos del pueblo de Cambados fue compañero de Gustav Skarsgård, el hijo de Stellan, quien vio en el adolescente mucho potencial para seguir su profesión. Tras participar en Assassin's Creed y Point Break, Varela integra el elenco de Raised by Wolves, la serie de ciencia-ficción de HBO Max en la que un par de episodios han sido dirigidos por Ridley Scott, y que retrata un mundo en el que una pareja de androides intenta criar a niños humanos mientras los mitrhraics, un grupo que integra Lucius, el personaje de Varela, intentan rescatarlos. Desde Estocolmo y en español, Matías nos contó cómo fue trabajar en la serie y cómo la lengua de sus padres lo ha ayudado a triunfar.

¿Alguna vez te imaginaste que ibas a trabajar con Ridley Scott?

¡No, no, no! ¡Qué va! Eso fue una cosa que tardé bastante tiempo en asimilarlo. Cuando me dieron el trabajo dije “no puede ser”. Él es uno de los gigantes del cine y de la televisión. Es como que te tocó la lotería.

Y luego en la práctica, ¿cómo fue estar en un set tan distinto a los demás?

Sí, claro. Es que es una producción muy muy grande, con muchas piezas, mucha gente, había días en que éramos como 1000 empleados ahí trabajando, y con un sistema basado en 4 cámaras tirando al mismo tiempo, a todo momento, y además con estos sets tan grandes. Realmente fue una cosa que yo no había vivido, y eso que he hecho trabajos bastante grandes en el pasado: he estado en sets como Point Break o Assassin’s Creed, que también eran grandes. Pero esto era una cosa bestial.

Como actor¿cómo hiciste para conectarte con este mundo tan extraño?

Hombre, es que a mí en principio me costó un poco. Es ciencia-ficción, no hay nada concreto, nada en qué apoyarte como actor, pero los guionistas te van explicando, te van dando mucho pie… Yo tenía miedo, antes de llegar, a encontrarme con pantallas azules, pantallas verdes, con pelotas de tenis y cosas así que me han comentado colegas. Pero realmente no fue así: es asombroso el tamaño de los sets que han construido. Realmente las pantallas verdes estaban a cientos de metros, nadie se enteraba de que estaban, y entonces realmente es fácil, porque cuando vas andando por el desierto te encuentras con un esqueleto de algo que parece un reptil enorme, un dinosaurio o algo parecido y realmente lo han construido y ahí está. Y es táctil, lo puedes tocar. Eso te ayuda mucho como actor a pasar esa distancia que te puede provocar la ciencia-ficción de estar dentro de una sala o un estudio azul. Realmente yo pensaba que iba a ser más complicado, pero como nos hicieron el favor de construir los sets, de tener todo ahí físico, pues realmente fue como cualquier otro trabajo.

¿Qué crees que hubiera pasado contigo si no hubiera estado Gustaf Skarsgård en tu clase?

Lo que habría pasado es que yo no habría llegado a este nivel, directamente. Así de claro. No tanto porque él va a ayudarte sino porque él me inspiraba, en el sentido de que yo vi a su padre y me daba cuenta de que había una posibilidad de trabajar y ejercer como esto, que realmente es una profesión donde puedes vivir una vida muy interesante si es que te gusta esta vocación. Mi infancia era otra. Mis padres son gente humilde, empecé a trabajar a los 14 años, estuve 10 años en la construcción. Yo viví una vida paralela a la suya pero más normal. Y gracias a conocerle a él, pues me inspiraba llegar a otro nivel, a seguir trabajando y luchando para llegar a un momento en donde podría llegar a dar el paso y trabajar a nivel internacional. Realmente yo no pensaba que iba a funcionar.

¿Cuando estabas filmando Narcos en español, en Colombia, dijiste: “gracias mamá por no haberme dejado hablar en sueco de niño”?

Sí, pues… eso me dio la vida. Ya el primer trabajo actoral de mi carrera fue de hispanoparlante, de chileno, y esa película tuvo mucho éxito en Escandinavia y Europa, y ahí hice un personaje que hablaba español, un chileno. Cuando me preguntaron fue lo primero que dije, gracias más que nada a mi madre hablo el español que hablo y me ha permitido trabajar en estos contextos. Y si no, habría sido una imposibilidad, claro. Le habrían dado el trabajo a otro actor. Hay muchos actores buenos en este mundo, no solamente estoy yo. Hay actores fantásticos pero no siempre es fácil encontrar actores que hablen varios idiomas a nivel de lengua materna. Es complicado encontrar a alguien que hable inglés perfectamente y de pronto se cambie al español o meta el sueco. No hay tantos, y eso me ha ayudado muchísimo.

El que te dio ese papel fue Daniel Espinosa, que es hijo de chilenos. ¿Hay una comunidad hispana en Suecia como la hay en Estados Unidos, o no?

Sí la hay, y es bastante grande. Es un porcentaje elevado, y si bien hay un poco de todo, la parte primordial es chilena, o hijos de chilenos. Hay cientos de miles.

¿Cómo fue crecer en un país con un nombre que no suena sueco? ¿Era difícil ser el hijo de inmigrantes gallegos en Estocolmo? 

A veces sí, a veces no. La cultura sueca es muy peculiar. El tema aquí es muy diferente al resto del mundo. De un español a un francés o de un francés a un portugués o de un portugués a un brasileño o de un español a un colombiano hay distancia, pero no tanta. Sin embargo, los escandinavos tienen su vaina, y es muy diferente al resto del mundo. Tienen una estabilidad social, un orden, han tenido 200 años de paz, no se metieron en la Segunda Guerra Mundial… Es un país donde no han tenido problemas. Y eso ha impactado a la sociedad de un modo muy profundo. Hay una estabilidad y un orden social que es impenetrable, que no se puede comparar… Y si eres una persona latina con un poco de temperamento, un poco de salsa, de energía, hay momentos donde vas a quedar mal.

Por otro lado, es interesante que hayas conocido en la escuela pública al hijo del actor más famoso de Suecia, porque eso en Estados Unidos no hubiera ocurrido…

No, no, no, eso sería imposible. Pero ahí se mezclan todos… Ya no tanto, ya no es lo que era. Suecia ha pasado una metamorfosis bastante reciente, está cambiando. Pero en la Suecia de mi infancia no se acentuaban las diferencias de clase en las escuelas. La gente iba muy mezclada. A la escuela donde iba yo había gente de todos los países y de todas las clases: hijos de médicos, de albañiles, de barrenderos y de actores. Y eso no lo ves en muchos sitios.

¿Cómo fue tu experiencia cuando llegaste al set de Narcos, donde el showrunner es estadounidense pero te tocó trabajar en el idioma de tus padres con gente de todos los rincones donde se habla español?

Fue una experiencia muy bonita. Eric Newman, el showrunner, me aportó mucha confianza desde el principio, más de la que yo me había esperado. Yo no había trabajado con actores latinos, algunos, pero no de ese calibre, y ellos todos, aparte de ser muy buenos actores eran gente como la nuestra, muy abierta, que les gusta platicar, que les gusta hablar contigo, enrollarse contigo… El personaje en sí fue una maravilla, porque fue un personaje muy complicado, con el que tuve que esforzarme mucho. Tiene una presión constante durante toda la temporada, está presionado por los dos lados, tanto por la DEA como por el cartel, y eso me metió cierta ansiedad, cierto estar incómodo. Por las mañanas siempre le ponía una piedrecita a uno de los zapatos para sentirme más incómodo aun, ¿sabes?, ya como una sensación de incomodidad física. Cuando partí de Bogotá al acabar la temporada yo estaba completamente convencido de que había fracasado como actor. Ellos me dijeron “muy bien, gracias, nos vemos en la premiére”, y la vida sigue, ¿no? Hasta que empezaron a salir las críticas, todo muy bien pero yo no me lo creía. Y aunque fue doloroso yo creo que me ha ayudado mucho a seguir siendo una persona humilde, a darte cuenta de que cuando los trabajos te cuestan es que salen bien. Cuando uno no piensa que está yendo todo fantásticamente bien y que todo lo que dices es una maravilla, cuando realmente tienes que esforzarte. Y eso es lo que tuve que hacer, esforzarme mucho.

En febrero filmaste en las Canarias tu primera serie española, Hierro. ¿Cómo fue incorporarte a la industria de España?

Fue muy simpático, porque bastante de la gente con la que yo trabajé éramos conocidos en común de Cambados, de Galicia, y fue un poco chocante, “yo conozco a tu padre, yo conozco a tu madre”. Fue un reto personal llegar a trabajar en España y en este momento porque es algo que yo siempre he soñado con ello y siempre he tenido la esperanza de que alguien se dé cuenta de que existo y me llame y diga: “Mira Matías, ya es hora de que vengas p’acá y que intentes trabajar con nosotros”. Además, en este caso en particular, la serie está muy bien, a mí la primera temporada me gustó muchísimo. Y tanto la productora Portocabo como Movistar, el estudio, y Jorge y Pepe Coira que son hermanos y han hecho la serie, son gente maravillosa y la he pasado muy bien trabajando con ellos. Es más, ya estamos hablando de hacer otra cosa. Ha sido una experiencia muy bonita. Siendo como soy pienso que he fracasado… Ha sido simpático ser el actor “latino” en España. A mí me conocen a través de Narcos. Yo no tengo acento típico madrileño, porque mi niñez la compartí con latinoamericanos. Fue duro, en Estocolmo no había españoles salvo mis padres: eran todos chilenos, argentinos, mexicanos… Yo no tengo un acento típico español.

Como actor tienes tres pies en este momento: uno en Hollywood, uno en Suecia y uno en España. ¿Ese es el ideal para ti, quieres seguir manteniendo un pie en cada lugar?

Si puedo y si me quieren, sí. Me encanta la idea de trabajar más en España. Tengo mi familia en Estocolmo y si puedo trabajar en Suecia, también. Pero obviamente los trabajos que más tiran son los americanos, por todo tipo de motivos. Pero sí, me gustaría poder seguir trabajando en tres mercados diferentes, eso es un privilegio, nunca pensé que iba a pasar.

Cuando vuelves a Cambados, el pueblo de tus padres, ¿eres una persona más feliz que cuando estás en Estocolmo?

Hasta cierto punto yo creo que sí. Obviamente Cambados es el sitio de mis sueños, de la inocencia de mi infancia, ahí tuve muchos momentos muy bonitos de mi vida, en mi niñez. Hoy estoy muy feliz en Estocolmo y también estoy feliz en la casa de campo que tenemos al norte, pero en Cambados tengo todas las memorias de mi familia, de mis abuelas, que ya están muertas, y todas las calles que yo recorrí de niño, los veranos que nunca se acababan, convertirse en un adolescente, el primer beso, todas esas cosas que pasaban durante los veranos. Es un sitio que yo idolatro mucho en ese sentido.