Nahuel Pérez Biscayart: "La idea de que las mismas caras siempre van a seguir produciendo calidad me parece de una ingenuidad total"

October 29, 2017
Argebtunian actor Nahuel Perez Biscayart

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En el último Festival de Cannes dejó a muchos boquiabiertos con su poderosa interpretación de un militante del grupo Act Now Paris que en la década del '90 sucumbe en su propia lucha contra el sida, una de las muchas razones por las que 120 batements per minute, que en Estados Unidos se ha estrenado como BPM, se llevó allí el Gran Premio del Jurado. El film, que también ganó en el Festival de San Sebastián como Mejor película, ha sido elegido para representar a Francia en el Oscar. Para Nahuel Pérez Biscayart, nacido en Buenos Aires hace 31 años, el protagonico sólo ha servido para resaltar una larga carrera que comenzó en el cine argentino con films como El aura junto a Ricardo Darín o Tatuado, por la que obtuvo el Condor de Plata al Actor revelación en 2006 y ha continuado en estos últimos años en Europa. Pérez Biscayart pronto será visto en la película italiana Agadah y comparte cartel con Gael García Bernal en la película francesa Si tu voyais son coeur. Hablamos con él durante su breve paso por Los Ángeles. 
 
En esta película tu personaje vive un montón de cosas y se va poniendo cada vez peor físicamente a medida que las va viviendo. ¿Cómo fue trabajar en dos líneas, por un lado en lo que le pasa emocionalmente y por otro lado en lo que le pasa físicamente?
 
Las veo como dos líneas que están más unidas de lo que uno creería. Es un personaje que en la primera parte de la película tiene una distancia con todo lo que es su enfermedad y lo que muestra ante los otros. Tiene mucho humor, en ciertos momentos tiene una manera cínica de ver las cosas, se permite hacer bromas acerca de su enfermedad. Creo que es su manera de poder lidiar con una enfermedad que lo está comiendo por dentro y contra la que lucha como puede. A su vez lo vemos combatir mucho y dar todo en una lucha en la que se consume a sí mismo. Y en la segunda parte cuando la enfermedad lo golpea duro, es ahí cuando él ya ve la imposibilidad de proyectar, de hacer un futuro, en la que él de alguna manera deja de construir su personaje de militante que en la primera parte vemos tan claramente. Esa fue en la que más me concentré en dejar de actuar, en dejar de producir vida, en dejar de producir humor o cinismo o sobreexcitación. Es el momento en que se empieza a vaciar la mirada, es el momento en que el personaje se puede abrir ante su amante, en que él puede permitirse ser amado, como si el mostrarse vulnerable frente al otro fuera también la manera de aceptar el amor. Después, hubo cosas concretas a nivel físico que me ayudaron mucho. Por ejemplo el bajar de peso, perdí como 7 kilos en 20 días siguiendo una dieta muy estricta, también el hecho de filmar de manera cronológica, porque de golpe dejé de ver a los chicos del equipo porque empezamos a filmar las escenas más íntimas con Arnaud. Naturalmente nos alejamos de esto que habíamos creado, que de verdad era muy vital y muy alegre. No hay que olvidar que era un grupo de militantes con mucho humor y mucha alegría a pesar del contexto trágico de esta hecatombe. Era gente que quería seguir bailando, querían seguir teniendo sexo y querían seguir divirtiéndose y es por eso que luchaban. Es como una lucha muy íntima por el deseo de vivir. El hecho de alejarse del equipo creó también el eje de intimidad paralela entre Nahuel y Arnaud, o entre los dos personajes. Un poco, el orden de la realidad y el de la ficción se empezaron a mezclar o a dialogar de manera muy positiva, y al final de la peli cuando el resto de los chicos vuelven y se encuentran al cuerpo de mi personaje muerto fue muy impactante, porque habíamos pasado 20 días sin vernos. Fue todo un proceso que se dio de forma muy natural en cuanto a la trayectoria del personaje. 
 
¿Tuvo un impacto en ti este deterioro físico y emocional del personaje? 
 
Fue duro. Estaba súper débil. Había mañanas en las que me despertaba con una gran hipoglucemia y me arrastraba de la cama. Hacia el final de la película te confieso que quería terminar ya, porque ir más lejos era descuidar mi salud física y mental. Empezaron a pasar cosas, incluso un día se me cayó una lámpara en la cabeza.
 
A scene from the film "BPM -Beats Per Minute"

Nahuel Pérez Biscayart en una escena de BPM-Beats Per Minute.

the orchard

 
 
 
En Cannes la llegada de la película generó un fenómeno alrededor tuyo que yo creo que continúa al día de hoy. ¿Cómo lo estás viviendo?  
 
Sinceramente, intento tomarlo de la misma manera en que me tomo la vida. No cambia nada. Uno sigue siendo el mismo, lo que a uno lo relaciona con el trabajo también. No hay cambios en eso. En todo caso, uno aprende a lidiar con esa mirada del otro que puede ponerse a decir maravillas o cosas horribles de uno. Es también un aprendizaje de cómo no tomar las expectativas del otro como deseos íntimos propios. Y me parece que lo genial de haber estado validado de alguna manera por un festival de alto prestigio es que te da más libertad aún. Hay que tomarlo como eso. Tenemos más libertad de seguir haciendo lo que nos gusta. La idea de que eso puede resultar un peso hay que trabajarla para que no sea así, porque las expectativas del otro no tienen nada que ver con lo que uno íntimamente desea. Pero bueno, uno siempre está atravesado por lo que el otro quiere de uno. Pero al tomarlo como una apertura de libertad y que más puertas se abren, bueno, es espectacular. Hay más opciones para elegir y más gente con la que cruzarse y con la que colaborar en proyectos. Hay que aprovechar también que la peli tiene tanta visibilidad, me parece que cuando uno está orgulloso de una peli, si encima pasó por un festival como Cannes y con posibilidades de ser nominada para un premio grande de Estados Unidos me parece que está bueno porque le va a dar más larga vida a la película. Son como trampolines los premios, que permiten que una obra gane más visibilidad. Lo tomo como eso. 
 
Y como argentino, ¿cómo te hace sentir lo de encabezar la candidata francesa al Óscar?
 
Todo se dio de una manera que lo siento natural. No es que un día me sustrajeron unos extraterrestres y me colocaron en un lugar que no tiene nada que ver conmigo. Hace unos años que vengo trabajando en Francia, la peli la hicimos con mucho amor y dedicación durante muchos meses. O sea, hay un proceso atrás de eso, no es que yo ando comentando mi vida constantemente en las redes sociales para que la gente sepa en qué ando. Tal vez pueda ser una sorpresa para el que no lo sabe pero en mi caso es algo que se viene construyendo con trabajo diario. Creo que es algo que habla muy bien de Francia, y del cine francés, de la capacidad que tiene de renovarse, de llamar caras nuevas, de respetar mucho la visión de los directores por sobre la de los productores, me parece muy valiente y muy inteligente porque la idea de la renovación es la única manera de poder proyectarse en el futuro. La idea de que las mismas caras siempre van a seguir produciendo calidad me parece de una ingenuidad total. Yo estoy muy agradecido, me parece espectacular y habla muy bien de la apertura no sólo hacia caras nuevas sino hacia nacionalidades extranjeras. 
 
¿En cuántos idiomas has actuado hasta ahora
 
Español, francés, italiano, portugués, un poco en chino, y alemán. 
 
¿Cuándo te diste cuenta de que tenías esta facilidad? Porque no es lo mismo aprender un idioma para comunicarse a hacer un personaje. 
 
Es más sencillo aprender diálogos en otro idioma que aprender a hablarlo. Con el francés me pasó al revés, primero actué en francés y después lo aprendí. Y en ese sentido funcionó de una manera sorprendente, porque es como si hubiera aprendido el alma, la musicalidad y la emoción de la lengua y después hubiera aprendido las reglas y las cosas más concretas. Lo tomo como si la lengua en la que uno actúa puede operar como un vestuario, como si fuera una sonoridad que uno aprende, uno se mete encima y en la cual se larga a navegar. Y en el mejor de los casos es liberador, que te permite ser menos prejuicioso sobre tu sonoridad o sobre cómo te escuchás. A veces he podido actuar cosas en otra lengua que en español me hubieran dado mucho pudor y que quizás hubieran cortado la emoción de esa escena. Y después la fonética es algo que uno aprende, es algo muy concreto: el lugar de la lengua en la boca, un sonido, todos sabemos hablar en nuestra lengua materna a fuerza de repetir, a fuerza de estar rodeado de ese sonido y repitiéndolo. Si uno le pierde el pudor a la lengua extranjera y la toma como un juego de imitación se vuelve mucho más fácil y mucho menos importante.