Nahuel Pérez Biscayart: "Somos los mismos en diferentes contextos"

by Gabriel Lerman September 30, 2020
Actor Nahuel Pérez Biscayart at Berlinale, 2020

Matthias Nareyek/Getty Images

A principios de este año desembarcó en el Festival de Berlín con dos películas que no podrían haber sido más diferentes entre si. Por un lado, era el protagonista de Persian Lessons de Vadir Perelman, en la que encarnaba a un judío belga que en un campo de concentración de la Segunda Guerra Mundial se hace pasar por persa para que no lo maten, lo que no solo le salva la vida sino que lo convierte en el tutor y protegido de un comandante alemán, interpretado por el brillante Lars Eidinger. El filme, hablado en la lengua de Goethe, acaba de estrenarse en Alemania y ya ha sido adquirido para ser distribuido en Estados Unidos. Pero además, Nahuel Pérez Biscayart también llegó a Berlín con el filme que marca su regreso al cine que lo vio surgir, el argentino. De la mano de Natalia Meta, compartió cartel en El profugo con Cecilia Roth, Daniel Hendler, Erica Rivas y Mirta Busnelli. Desde su casa de París, el ganador del César por BPM (Beats Per Minute) y del Condor de Plata por Tatuado nos explicó por qué a pesar de los premios y el reconocimiento sigue siendo el mismo muchacho que soñaba con ser inventor y que descubrió el teatro por casualidad en una escuela industrial de Buenos Aires.

¿Cuán alienante te resultó meterte mentalmente en esta historia de la Segunda Guerra Mundial?

No sé si alienante pero fue fuerte. Filmamos en unos galpones abandonados en el sur de Minsk, en una ciudad pequeñita que se llamaba Bobruisk, bajo la nieve y días con una temperatura de 15 grados bajo cero. De por si el contexto era muy complejo y esto sumado a la temática de la peli, por supuesto que hacía que toda la experiencia se convirtiera en algo bastante intenso. Para colmo luego descubrimos que este lugar en el que filmábamos había sido un campo de detención del estalinismo y durante las largas jornadas de rodaje nos enteramos de historias que también empezaron a condimentar y a intensificar un poco todo. Afortunadamente estuve rodeado de un equipo genial y compartí el set con súper actores. Los bielorrusos son una maquinita de trabajar, muy apasionados y muy positivos,. Como te imaginarás, el contexto no fue divertido pero parte de la gracia de actuar también es eso, es ponerse en esos lugares sabiendo que es una especie de experiencia intensa que dura un tiempo determinado.

¿Después de terminar la película te sentiste afortunado de haber nacido en otra época?

Completamente, pero siempre me sentí así, te diría que incluso habiendo nacido post 1983 ya me siento un afortunado. Y por supuesto que también filmar una peli que ocurre en Europa, en un lugar que parece muy distante, cuando uno encima se pone en la piel intentando arrimarse a lo que podría haber sido, termina reconfirmando muchas cosas sobre la democracia que, si bien funcionan muy mal, no se comparan a esos horrores que vivió tanta gente.

No sabemos mucho sobre tu personaje porque necesita mentir todo el tiempo para sobrevivir. ¿Cómo te conectaste con él? ¿Cómo fue construirlo?

Más allá de las dificultades de las que estamos hablando que tienen que ver con el contexto trágico de la historia, encarar este personaje fue muy difícil porque no es el oficial SS que, más allá de sus vicisitudes y de su sutileza, sabemos de qué lado está y qué rol ocupará. Cuando uno tiene que ponerse en la piel de un personaje que actúa un personaje, se multiplican las posibilidades y las hipótesis de interpretación. Actuar un personaje que vive bajo el miedo y que para poder sobrevivir se inventa otra personalidad, implica que uno se haga preguntas del orden de “¿cuán bien actúa este personaje?”, “¿Qué tan bien miente?”, “¿Cuánto se le ve el miedo?”, “¿Cuándo lo puedo mostrar o cuando no?”, “Si lo muestro mucho el SS se va a dar cuenta y me va a matar”, “Si no lo muestro nada el público va a decir pero este chico está muy tranquilo, no se lo ve bajo peligro”, entonces tener que ajustar esas perillas constantemente fue muy complejo, de buscar pequeños comportamientos que pudieran conectar con el público y a la vez con mi enemigo, sin delatarme.

Ya habías trabajado en alemán pero ¿cuánto manejas el idioma realmente? Alguna vez me explicaste que primero hiciste una película en francés y después lo aprendiste.

Sí y con el alemán estoy en vías de eso. Me gustaría profundizar y aprender más pero te cuento una historia, este verano me llamaron del Festspiele en Salzburgo, que es un festival de teatro muy prestigioso, para actuar en la última obra que escribió Peter Handke, el Premio Nobel de Literatura del año pasado. Me habían visto en Persian Lessons y pensando que hablaba muy bien alemán, me mandaron el texto de Handke, que es una demencia porque escribe diálogos que son de media página con solo un punto, en un alemán más que complejo, incluso para los propios alemanes, pero me animé y la hice. O sea que ahora te puedo decir que hacer una película en alemán es como ir a comprar un kilo de papas, es muy sencillo sin querer exagerar, pero la complejidad que viví en esa obra me dio mucho más conocimiento de la lengua. No hablo el alemán, en todo el proceso de esta obra entendía el 60 o el 70 por ciento y a veces el 100, pero tengo una buena pronunciación y la gente me entiende muy bien. Me apasiona actuar en ese idioma, me gusta y es otro personaje más que descubro dentro de mis “Nahueles”.

Y en el medio de estas escenas en donde interpretabas a un belga que hablaba en alemán, que supuestamente estaba en Francia pero en realidad estaba en Bielorrusia, ¿el argentino se pellizcaba y decía “qué diablos estoy haciendo acá”?

Mi argentino es como que aparece y desaparece. A veces me cuesta un poco hilvanar algunas frases en español. Nahuel no es argentino ya, es una deformidad, una quimera sin lugar y sin origen, pero obviamente muchas cosas me remiten a mi infancia y está todo mezclado, es todo hermoso. Pero de no creerlo, no sé… Cuando las cosas van bien, uno está creciendo y está feliz con lo que hace, conociendo gente que lo inspira, haciendo el bien dentro de lo que uno tiene al alcance, me parece que no hay que hacerse demasiadas preguntas.

En Persian Lessons la base es esta especie de juego de cartas que tiene tu personaje con el de Lars Eidinger, que es un actor de un talento inmenso. ¿Cómo fue jugar este juego con él, teniendo en cuenta que siempre tenía las cartas ganadoras?

¡Fue muy divertido! Te confieso que cuando me dijeron quiénes eran los posibles actores para ese papel en Persian Lessons, dije “Si es Lars, lo hago sin dudarlo” porque sentí que nos podíamos entender y así fue, nos entendimos y nos divertimos mucho. De hecho todo lo que ves en la película, un poco también ocurría detrás de cámara. Si yo te reenvío los audios que intercambiábamos a las tres de la mañana en los que le enseñaba a hablar en falso farsi, lo podrías notar. Lars estaba con su texto en alemán y tenía que aprenderse los del farsi entonces yo le grababa a él los del farsi y cuando yo tenía dudas de cómo pronunciar en alemán, él me mandaba sus audios en ese idioma. Siento que Koch, el personaje de Lars, y mismo Lars como actor estaba mucho más habilitado a hacer lo que quisiera en la escena porque él se encontraba validado por su posición de poder absoluto, entonces fue duro porque había veces que me sentía como muy inhabilitado o discapacitado a nivel expresión de mi personaje porque tenía que encarnar a alguien que estaba siendo observado constantemente y juzgado en sus comportamientos, básicamente lo que el personaje de Lars hacia todo el tiempo con él para ver si era buen o mal actor. Fue como una especie de doble juego muy interesante, por momentos terminaba las jornadas muy tenso por interpretar escenas de vida o muerte pero fue un ida y vuelta muy enriquecedor. Fue muy loco cuando mostramos la película en Berlín, hubo escenas de máxima tensión en los que la gente se reía y creo que eso lo disfrutamos porque hubo mucho juego dentro de esa tragedia y de esa pesadez

A scene from "Persian Letters", 2020

Con Lars Eidinger en una escena de Persian Letters.

Hype Film

 

En ese festival de Berlín, llegaste con dos películas, una coproducción hablada en alemán y otra argentina que creo que fue tu regreso al país ¿no?

Si, porque no filmaba ahí desde hacía 4 o 5 años.

¿Cómo fue la experiencia de volver a trabajar en tu país pero ya como el actor que triunfó en Europa y que ganó el César del cine?

No, eso es por ahí lo que la gente quiere creer, pero nada cambia, solamente hablaba un par de idiomas más, había vivido experiencias. Uno vuelve a actuar con compañeros que ya conoce como Cecilia (Roth) y Daniel (Hendler) con quienes ya había actuado, a Érica (Rivas) la conocí ahí y fue algo hermoso, nos hicimos muy amigos. Somos los mismos en diferentes contextos y hacemos el trabajo con el amor que lo hemos hecho siempre. Quizás lo que cambia es que uno se siente con un poco más de presión y eso es lo que más tengo que trabajar porque aunque uno de afuera vea los premios, el éxito, alfombras rojas, a veces todo eso te pone más trabas que hay saber manejarlas para no ahogarse.

¿Es lo mismo interpretar un personaje en español que es tu idioma que hacerlo en alemán estando en Bielorrusia o actuar es actuar?

Es una pregunta re difícil esa. Actuar es actuar, pero en los últimos 9 años que he filmado en varios idiomas, actuar no sólo ha sido actuar, sino que también ha sido conocer lenguajes y sonidos nuevos y aprender a actuar con ellos. Entonces si se me complejizó la noción de actuar, no es pura lengua materna suelta y recreación libre. Se me volvió como una mezcla de técnica y de buscar ese juego pero lo mágico que descubrí, o que se me dio, es que a través de esos sonidos extraños también habían pulsiones y emociones que se podían activar a la hora de actuar y que tenían quizás menos carga histórica, menos carga física y menos prejuicio porque no estaban asociados a nada de mi lengua natal, así que lo empecé a apreciar también como una suerte de disfraz, como que la otra lengua también era una manera más libre de encarar el trabajo. Te confieso que cuando tengo que volver a actuar en español, a veces no reconozco mi voz, como que me cuesta volver a anclar y hacer pie en las palabras hispanas, ahora es un trabajo a la inversa, siento que mi lengua también se me vuelve extraña pero a la vez no del todo, entonces tengo que volver a recuperar ese vínculo más inicial y primario con mi lengua o tomarla como otra nueva, me gusta que el lenguaje no sea el transporte principal de la actuación, es lindo eso porque también te permite actuar en contra del texto, te permite buscarle sentido a las cosas que no tienen nada que ver con la lógica del sentido literal. Te diría que me ha ampliado poder actuar en otras lenguas y también me ha cansado mucho.

¿RPM no te trajo propuestas para trabajar en Estados Unidos?

No. La película se estrenó fuera de tiempo y la exhibición fue muy mala, hubo algo muy raro en cómo se presentó, el tráiler la mostraba como algo medio pop y tenía una cosa mucho más activista que para mí podría haber conseguido que la juventud americana se hubiera sentido interpelada mucho más fuertemente. Siento que tuvieron miedo de politizar la película y por despolitizarla la perdieron, la ahogaron como en un limbo. Si tuvo su presencia, pero yo no tuve ninguna propuesta. Con el tema de actuar en inglés estoy todavía muy tranquilo, así como me ha venido el alemán y el francés por la cabeza, si me llega el inglés, me llegará pero no estoy en esa especie de locura de irme a buscar un trabajo a Estados Unidos. Tengo un manager, los contactos y estoy completamente abierto y dispuesto como a todo, a Corea, a China, a Italia o a cualquier país que me convoque y que el proyecto esté bueno, soy muy de mandarme.