Natalia de Molina: "Creo mucho en los que están comenzando"

by Gabriel Lerman October 27, 2020
Spanish actress Natalia de Molina

carlos alvarez/getty images

Tiene un papel relativamente pequeño en Las niñas de Pilar Palomero, una de las películas que se proyectan digitalmente en el ciclo Cine Español Reciente que organiza Egeda junto a la American Cinemateque y el apoyo de la HFPA. Sin embargo, su presencia allí es clave, ya que interpreta a la madre de la protagonista (Andrea Fandos), una niña de 12 años que en 1992 comienza a descubrir que no todo lo que le han contado es verdad. De Molina, una de las actrices más solicitadas de España en este momento, le da el vuelo actoral necesario a una mujer que fue madre soltera y busca salir adelante lejos de su pueblo. La ganadora de dos premios Goya y un importante galardón en el Festival de Berlín también fue vista este año en dos episodios de Foodie Love, la miniserie de Isabel Coixet, para quien ya había interpretado uno de los papeles principales en Elisa y Marcela.

Tu papel en Las niñas es pequeño, pero muy importante. ¿Qué es lo que te llevó a aceptarlo cuando tienes tantas propuestas para realizar papeles protagónicos?

Cuando leí el proyecto me sentí tan identificada con lo que estaba contando Pilar, con esas niñas, que quise formar parte de la película. Es verdad que a veces la mayoría de los actores pensamos que cuanto más texto tengamos y cuanto más tiempo en pantalla estemos el papel es más importante, pero yo creo que no tiene por qué ser así. Precisamente este personaje es uno de esos que habla muy poco, pero cuenta mucho y está todo el tiempo presente en la vida de la protagonista ya que es su madre y al final el filme trata sobre el silencio y sobre muchas cosas que nos han pasado a las mujeres y que están conectadas a través de las diferentes generaciones. Por su parte Celia cuando descubre que su madre Adela también fue una niña, comienza a hacerse preguntas sobre su pasado, entonces mi personaje se torna más que interesante a pesar de que a lo mejor no está tanto tiempo delante de la cámara.

La clave era trabajar con la niña. ¿Cómo fue el detrás de cámara antes de filmar con ella?

Fue también muy interesante y un reto lo que quería hacer Pilar porque yo conocía el guion, lo había leído y sabía lo que pasaba en todo momento, pero las niñas no sabían nada, trabajábamos a través de la improvisación así que una de mis tareas consistía en ayudar a Andrea a llegar a los estados que tenía que alcanzar, entonces hay mucho trabajo que no se ve pero que está ahí. Andrea es muy especial, tiene una cosa como muy magnética, es una niña muy sensible y empática y creo que hay una cosa muy genuina porque como no sabía bien que era lo que pasaba tenía todo el tiempo esas preguntas, esas dudas, igual que el personaje. Esa fue la manera de trabajar de Pilar, casi parecida al teatro, como una especie de creación colectiva entre todos.

¿Cómo eras tú a los 12 años, ya soñabas con ser actriz?

Secretamente sí, lo que pasa es que yo siempre he sido muy tímida y cuando era adolescente más todavía entonces mis juegos en casa eran con una cámara de vídeo que tenía mi madre. La verdad es que era una niña que pasaba mucho tiempo sola, porque vivía en una zona apartada y porque con mis hermanas, que son tres más, nos llevábamos mucha diferencia de edad. Al final lo que era un juego, empecé a pensarlo de repente como algo que podía ser mi profesión, pero claro, me daba vergüenza decírselo a mis padres porque cómo iban a creer que me podía subir a un escenario si ni siquiera podía pedirle una gaseosa a un camarero así que me apunté en unas clases de teatro del instituto un poco también para romper con esa timidez y hacer amigos. Y aquí estoy.

¿Has perdido la timidez o la sigue llevando?

Eso no se va, pero al final este trabajo te lleva a tener que expresarte, a tener entrevistas, a ir a sitios, a ser más sociable, pero siempre existe esa timidez por dentro, aunque la gente no lo perciba tanto, una se pone muy nerviosa.

Para la gente de tu país tú eres una cara conocida, te ven, saben quién eres y te quieren hablar o contarte cosas. ¿Cómo es para una persona tímida manejar esas situaciones?

Al principio es muy raro y luego te acostumbras. Yo no sé si es porque hago más cine especial, como de autor, que los que se me acercan siempre lo hacen con mucho respeto y cariño y por supuesto que cuando empiezas te preguntas por qué lo hacen, pero después uno entiende que es una figura pública y que a la gente le gusta tu trabajo.

Volviendo al personaje, es más lo que no se dice de lo que se dice. ¿Cuál es la historia que tú te imaginaste para esta mujer cuando no la está filmando la cámara?

Pues una historia fascinante, para mí era la representación de muchas mujeres que han sido, en cierta manera, educadas en un silencio tan grande que ni siquiera cuando necesitan expresarse pueden hacerlo, mujeres que han ocultado mucho, que han callado, que han sentido mucha vergüenza y que han tenido que reinventarse una vida a base de secretos y mentiras, algo que creo que sigue pasando hoy en día, y que lo único que quieren es que todo lo malo que han atravesado ellas, que no tengan que soportarlo también sus hijas, que tengan un futuro y que no dependan de nadie, que es una de las frases que dice el personaje. Lo que más me interesaba de ella era conseguir que el espectador entendiese todo ese pasado y que lo fuera descubriendo a la par que lo hace Celia sin decir nada, solamente con miradas y desde la incomunicación que tienen ambas.

Lo que también es interesante es cuando Adela visita su pueblo y decide llevar a la niña, algo que al principio no quería hacer, que es en cierta forma una situación violenta. ¿Crees que todavía existen familias así, en las cuales tener un hijo fuera del matrimonio y ser madre soltera es motivo para que nadie quiera hablarte o eso ha cambiado?

Yo siento que ha cambiado, pero es verdad que depende del círculo familiar. En este caso estamos hablando de un pueblo que se ve que es muy cerrado y de una época bastante más oscura de España. Ser madre soltera y adolescente, porque obviamente la tuvo de muy joven, era un peso muy grande para una familia muy religiosa y por supuesto muchas mujeres tenían además que cargar con esa culpa y con la vergüenza. De hecho, la nueva película que está desarrollando ahora Pilar, La maternal, tiene también ese germen porque habla sobre las madres solteras adolescentes y yo creo que Adela parte un poco de esa historia, de esa lucha y vergüenza que han sentido muchas mujeres por un peso religioso y social en una España más atrasada que ahora, incluso creo que hoy en día siempre choca que una adolescente quede embarazada aunque sea por decisión propia, eso sigue siendo un viaje muy duro para ellas.

¿Qué te aporta trabajar con alguien que dirige su ópera prima?

Me encanta involucrarme en proyectos de debutantes porque hay una energía muy especial añadida porque es la primera vez, hay mucha ilusión, muchas ganas de contar y expresar todo tu mundo como creador. Y luego creo que hay gente joven muy interesante queriendo aportar una mirada distinta dentro de la cinematografía española y Pilar es una de ellas. De repente hay una energía que se crea muy bonita, especial y mágica, debe ser el hecho de que es su primera película y hay mucha ilusión puesta, muchas ganas de hacerlo bien y muchos nervios también. Es lindo acompañar a alguien y sentir que creen en ti. A mí me pasó con mi primera experiencia y de repente, por ejemplo, cuando rodaba con Andrea, que también era su primera cinta, aunque ella era más pequeña que yo cuando debuté en la pantalla grande, me sentí como arropada, cuidada y querida y compartir toda esa revolución que supone hacer tu primer filme con gente que a lo mejor lleva ya un poquito más de tiempo haciéndolo, es bonito, a mí me llena mucho.

Trabajaste dos veces con Isabel Coixet, ¿la energía femenina detrás de la cámara es distinta?

Yo creo que el cine realmente no tiene género, pero sí creo que las miradas son distintas, por ejemplo, el de Isabel es muy propio de ella, al igual que el de Pilar, son miradas muy femeninas, con un mundo que como mujeres entendemos desde otra perspectiva porque tenemos experiencias diferentes durante nuestra vida porque la realidad nos golpea también de manera distinta y eso, quieras o no, siento que genera una sensibilidad diferente.

¿En qué crees que has cambiado tú como actriz desde "Soñar es fácil con los ojos cerrados"?

Más que como actriz, creo que como persona, porque ahora me siento más madura, es obvio, han pasado 7 años, he hecho películas con personajes bastante complicados con los que he aprendido, los nervios siguen siendo los mismos porque soy así y sigo poniéndome nerviosa con cada proyecto, además de tener inseguridades y esas cosas pero siento que tengo otra madurez porque los papeles que encarné me han enseñado cosas nuevas junto con la vida misma, una como mujer va creciendo. Ahora tengo ya casi 30 años, soy muy joven todavía pero ya no tengo 20 como cuando empecé.

¿Y los dos Premios Goya, te ayudan a combatir tu timidez o tu inseguridad?

No, hay un punto en que dan vértigo, añaden un poco de presión y de tensión. Decir “¡joder, me han reconocido con dos premios, los más importantes de España!”, y hay un punto en que pienso que soy muy joven, que todavía tengo mucho que aprender y me digo “Natalia, date la libertad de equivocarte, de arriesgarte y de seguir haciendo las cosas como las sientes y que los premios no te supongan un peso añadido”, por mi forma de ser, hay gente que lo vive de otra manera. Hubo un punto en que sentía como que no era merecedora de ellos, pero fíjate que ahora con la pandemia he conseguido reconocérmelo a mí misma, de decir “mira lo que me ha pasado y ha sido por mi trabajo, por el compromiso que tengo con mi profesión”, en este tiempo en que hemos parado pude reflexionar sobre muchas cosas.

¿Te interesa hacer películas fuera de España?

Sí, todo lo que sea aprender me interesa. De repente probarme en otros idiomas o todo lo que pueda aprender en otro país, en otra cultura, sería todo un reto, claro que sí, pero no es un objetivo que esté persiguiendo pues las cosas han ido pasando de una manera natural y quiero que sigan ocurriendo así. Si surge, surgirá.

Si te dijera tres directores de cualquier lugar del mundo con los que quisieras trabajar, ¿cuáles elegirías?

¡Qué difícil! Es que hay tantos que a lo mejor ni los conocemos porque todavía no han tenido la oportunidad de hacer su primera película, creo mucho en los que están comenzando. Me gusta mucho, por ejemplo, el cine que ahora mismo se hace en Chile, creo que hay directores muy interesantes allí. También me agrada mucho la directora italiana Alice Rohrwarcher y me encantaría repetir con David Trueba, con Isabel Coixet y con muchos otros directores con los que ya he trabajado.

Sorprende que a veces eliges cosas inesperadas, como por ejemplo una comedia delirante como Operación Camarón. ¿Cuál es el criterio que usas a la hora de aceptar un proyecto?

Hay una cuestión de intuición, cuando recibo y leo el guion me sucede que me veo o no en él, pueden ser textos maravillosos, pero de repente yo no me veo y luego veo cosas muy locas en las que sí me imagino. Intento hacer cosas que no haya hecho antes y probarme, investigar en tonos y en géneros diferentes, no sentirme acomodada en un tipo de personaje. Por ejemplo, he hecho bastantes veces de madre que puede ser algo común en varios personajes, pero no tienen nada que ver unas con otras y son historias muy diferentes. Siempre hay una cuestión de intuición, de instinto, de algo que siento.