Nuestras madres (Bélgica-Guatemala)

by Greet Ramaekers November 19, 2019
A scene from "Nuestras Madres", 2010

En la Guatemala actual, el país está pendiente del juicio de los oficiales que sirvieron en el régimen militar durante la guerra civil. Ernesto (Armando Espitia) trabaja como antropólogo forense, recuperando los huesos de las personas asesinadas durante el genocidio de Guatemala, también conocido como el genocidio maya, para localizar, desenterrar, identificar y crear un inventario de los miles de “desaparecidos” anónimos durante la guerra. Dado que la mayoría de los cuerpos fueron arrojados, sin marcar, a fosas comunes o enterrados en secreto en cementerios públicos, su trabajo, aunque intenso, es muy gratificante, porque cada prueba de ADN que permite identificar a un cuerpo significa que sus sobrevivientes pueden realizar su duelo. Un día, a través de la historia de una anciana, Ernesto cree que ha encontrado una pista que le permitirá encontrar a su padre, un guerrillero que desapareció durante la guerra.

César Díaz, cineasta guatemalteco que estudió en Francia y Bélgica, donde reside, debuta en el cine con esta película, que en el pasado Festival de Cannes sorprendió al público ganando el premio Cámara de Oro.

Nuestras madres surgió cuando Díaz estaba buscando exteriores para realizar un documental sobre una aldea guatemalteca donde había tenido lugar una terrible masacre durante la guerra civil. Pronto hizo amistad con las mujeres del pueblo que le contaron hechos horribles que habían ocurrido en la aldea. Díaz quedó impresionado por las historias y se inspiró en ellas para contar una muy cercana a su corazón, la de una madre y su hijo en busca del padre.

Al principio, el director solo quería trabajar con actores desconocidos, pero enseguida se dio cuenta de que su película necesitaba un actor de peso. El actor mexicano Armando Espitia, (quien interpretó al personaje principal en Heli, presentada en el Festival de Cannes de 2013), se unió para interpretar a Ernesto. "Lo perseguí para que interpretara esta historia", dijo el director", "¡ para mí era de vital importancia contar esta tragedia de un modo lo más real posible, como si se tratara de un documento! Decidí filmar en el mismo pueblo donde todo tuvo lugar”. Díaz era consciente de las atrocidades que habían vivido estas mujeres y por eso quiso evitar cualquier tipo de discurso paternalista y devolverles su condición de heroínas. “Estas mujeres todavía siguen en pie, tienen una fuerza increíble. Cuando acabemos de matarnos unos a otros, ¿qué hacemos con nuestros muertos? ¿Cómo curaremos nuestras heridas? Necesitamos echar un vistazo a las cicatrices de nuestro pasado; empezando por cada uno de nosotros, para reparar Guatemala".

Díaz sintió la responsabilidad de humanizar la historia, sobre todo porque esta tragedia la comparten muchos en Guatemala. Fue crucial para él llevar a la pantalla historias muy personales, con verdaderos personajes, para que el espectador conectara emocionalmente con ellas. Como testigos del genocidio, las mujeres maya de Guatemala son el puente entre el pasado y el presente, los guardianes de la memoria y el medio para que se haga justicia y es de admirar que Díaz haga énfasis en estas penosas experiencias.

Traducción: Paz Mata