Ocho de cada diez (México)

by Gabriel Lerman November 13, 2019
A scene from "Eight of Ten", 2019

Ocho de cada diez de Sergio Umansky presenta una historia muy oscura de muerte, desesperación, venganza y violencia en la vida de mexicanos comunes y corrientes. Pero aunque la interpretación de Noé Hernández fue lo suficientemente fuerte como para que ganara el premio Ariel de este año al Mejor actor por encarnar a un padre que quiere descubrir quién mató a su hijo adulto, mientras que debe lidiar con los policías que en teoría intentan resolver el crimen, lo más difícil de digerir son las imágenes reales de asesinatos que están intercaladas a lo largo de la película. Algunos fragmentos de video tienen baja calidad pero otros son tan nítidos que es imposible no sentir escalofríos al verlos. Todo se conjuga para ayudar a probar lo difícil que resulta vivir en una sociedad donde ocurren crímenes a cada hora y la mayoría no son resueltos. El título se refiere precisamente a la cantidad de homicidios que no son investigados por las autoridades en México.

En la película, que ganó el premio de la prensa en el Festival de Cine de Guadalajara el año pasado, es un día normal en una plaza de una pequeña ciudad hasta que de repente ya no lo es. Aparecen hombres armados que le disparan a un joven. Poco después conocemos a su padre, Aurelio (Hernández), un obrero textil que apenas logra ganarse la vida, pidiendo información en la comisaría. Luego de hacer una larga fila, logra hablar con un oficial desconsiderado, que le informa que su hijo estaba involucrado en el narcotráfico, algo que Aurelio niega, y le hace preguntas inútiles, tales como cuánto dinero gana y qué religión profesa. La esposa de Aurelio se enoja con él y lo echa de la casa, por lo que termina rentando una habitación en un hotel barato frecuentado por prostitutas. Allí conoce a Citlali (Daniela Schmidt, que también produce la película), una inmigrante de Centroamérica que se prostituye con la esperanza de conseguir dinero suficiente como para traer a su hija, que por el momento está en Tijuana con su violento ex marido. De a poco, estas dos almas dolidas descubrirán que hay muchas cosas que los unen. No solo encuentran mutuo consuelo, sino también soluciones reales a sus problemas. Aurelio le consigue un certificado de nacimiento falsificado que le brindará una identidad a Citlali, mientras que ella lo escucha a medida que él busca un modo de vengarse por la muerte de su hijo. Finalmente, cuando un policía que tiene como meta personal destruir a los narcos (Raúl Briones) le ofrece matar a quien sea que asesinó a su hijo si Aurelio está dispuesto a pagar una importante suma, este hombre traumatizado deberá decidir si quiere convertirse en parte de un sistema que perpetúa la violencia.