Patricio Contreras: "La historia de Carlos Tévez es conmovedora"

by Gabriel Lerman August 21, 2019
Director Patricio Contreras

getty images/gareth cattermole

Es un placer encontrarlo en la nueva serie original que Netflix ha hecho en Argentina, Apache: la historia de Carlos Tévez, en la que encarna al abuelo del futuro crack. Es que este actor que nació en Chile 71 años atrás y que se mudó del otro lado de la frontera en los turbulentos '70s, es uno de los más notables de su generación. Recuperado por el cine de su país con La frontera, la película de Ricardo Larrain que en 1992 ganó el Oso de Oro en Berlín, Patricio Contreras también tuvo un papel clave en La historia oficial, el filme de Luis Puenzo que en 1986 se llevó el Globo de Oro a la Mejor película en idioma extranjero. Su vasta carrera incluye clásicos como Made in Argentina de Juan José Jusid, Old Gringo, también de Puenzo y Of Love and Shadows de Betty Kaplan.

¿Qué fue lo que te interesó de esta miniserie?

El tema. Incluso antes del tema, el trabajo, que tú sabrás que hoy es muy apreciado. Cuando a uno lo llaman, siendo actor, no puede dejar de sentirse afortunado. El tema, la historia de Carlos Tévez es conmovedora, una historia muy singular, de mucho esfuerzo, de muchos dolores, y también me atrajo la idea de trabajar con un director tan talentoso como Adrián Caetano: todos sus trabajos muestran un temple, un temperamento y una maestría nada impostada de la narración cinematográfica.

¿Qué aportó lo de filmar en Fuerte Apache, que es un mundo en sí mismo?

La verosimilitud: eso no se consigue solamente con un jefe de arte, con un gran escenógrafo. Es muy difícil de lograr esa verdad arquitectónica, esa verdad del clima que hay de calles terrosas, rotas, pintadas, el mural enorme de Carlitos Tevez, los corredores, la peligrosidad de algunas zonas oscuras. Es invalorable la posibilidad que tuvo la producción de conseguir grabar allí la historia, en el propio sitio donde nació y se crió Carlitos, que es un espacio de frecuente violencia, donde campea mucho la droga, los tiroteos, las balaceras. Pero fue muy grato descubrir que la mayoría es gente trabajadora. Uno tiene de repente el prejuicio con ese tipo de poblaciones en las que cree que lo único que hay es vicio, violencia y peleas, matanzas. Uno advierte que ahí también hay gente trabajadora, ve a las madres que sacan a los chicos a jugar a la plaza que tienen, hacen las compras, los hombres vuelven del trabajo con su mochila o su bolso rendidos, después de la jornada. Hay como una buena vecindad en general. Pero tiene esa característica contraria que es la de la violencia. Pero tuvimos una gran cooperación por parte de los vecinos, la ayuda invalorable del hermano de Carlos Tevez, del barrio también, que pudo controlar y conseguir la cooperación de los vecinos que en todo momento se mantuvieron muy adherentes al proyecto, muy complacidos de que estuviésemos trabajando, con mucha cooperación en hacer silencio, en retirarse cuando estaban en cuadro.

Me mencionabas al principio el trabajo y la importancia de que te llamen, ¿cuánto peso tiene en la Argentina de hoy, la impresionante trayectoria que tienes en el cine y la televisión?

En mi caso soy afortunado. Soy un actor que permanentemente está trabajando. Tengo el “sí” fácil. A lo largo de los años se construyó un perfil de mi trabajo que está asociado siempre a cuestiones que a mí me interesan particularmente que es el compromiso con los avatares, los problemas y las aspiraciones de la sociedad en la cual vivo. Pero mi trayectoria fundamental es en el teatro, yo llegué a ser actor por estar arriba de un escenario. En Santiago de Chile, donde nací y me formé como estudiante y empecé mi carrera como actor, la actividad era muy pequeña, recién en el año ’62 llegó la televisión a Chile: transmitía muy pocas horas, no había mucha ficción en un comienzo, la actividad cinematográfica era improbable, se hacía una película cada muerte de obispo, entonces no era en ese campo donde uno pudiera verse tentado de ser actor, fue el escenario, y he sido leal con esa vocación. He sido afortunado, además, porque he podido hacer teatro bien o mal a lo largo de 50 años de profesión: títulos de Eurípides, de Valle-Inclán, de Pirandello, de Samuel Beckett, de Shakespeare. He tenido esa fortuna. Después vino el cine, la televisión, y también ya me considero a esta altura del partido un actor de cine, porque he trabajado en más de 50 producciones como protagonista, como co-protagonista, en roles pequeños, episódicos.

Si tuvieras que mencionar 3 películas que fueron fundamentales en tu vida, ¿cuáles serían?

Es difícil, pero yo diría La historia oficial de Luis Puenzo, La frontera, película chilena de Ricardo Larraín, y Made in Argentina, una versión cinematográfica de una pieza teatral que ya es un clásico de Nelly Fernández Tiscornia y que dirigió en cine Juan José Jusid. Esas serían las que más satisfacciones me han traído.

¿Y Old Gringo? No cualquiera puede decir que trabajó con Gregory Peck y Jane Fonda.

Esa fue una experiencia profesional y humana increíble, porque no sólo tuve oportunidad de conocer personalmente y trabajar con quien ya había visto de niño en una película como Moby Dick, que me dejó marcado por lo cruento, lo terrible de esa historia protagonizada por Gregory Peck, y de repente encontrarme delante de él, que como un caballero victoriano haya sido tan gentil, tan amable, tan afectuoso conmigo. Estuvimos 4 meses conviviendo en una filmación inolvidable, por eso digo que es una experiencia profesional y humana, estar trabajando con Jane Fonda, otro mito del cine hollywoodense, que todavía se la ve espléndida. Además verse en los títulos, porque uno tiene en algún rincón de la cabeza que el cine es un invento norteamericano, uno lo asocia con música grandilocuente, con grandes paisajes, con sonido, con despliegue, y de repente verse en una producción de la Columbia con esa música épica, y ver tu nombre en un solo crédito después de los de Jane Fonda, Gregory Peck, Jimmy Smits y Pedro Armendáriz hijo fue muy impresionante, y desde ya figura entre mis favoritas.

Venías de haber tenido un papel importante en La historia oficial, que ganó el Oscar. ¿Old Gringo podría haber sido un trampolín para seguir una carrera fuera de la Argentina, o fue algo que no te interesó?

Se planteó la posibilidad cuando filmamos en México. La socia de Jane Fonda, Lois Bonfiglio, fue una de las personas que me recomendó que me fuera a Los Ángeles a probar suerte. Ella y la misma Jane consideraban que me podía ir muy bien, pero yo ya me había ido de mi país una vez, y elegí como segunda patria a Argentina. Volver a irse era como demasiado. Ya había probado eso, el escenario como espacio natural como actor, y la idea de ir a Hollywood es por supuesto tentadora, pero era empezar de nuevo y yo ya tenía más de 40 años. Ya no tenía el mismo ímpetu y la insolencia que tuve cuando me quedé en Buenos Aires, en un medio tan competitivo con grandes actores, grandes puestas, grandes producciones, entonces hubiera sido una exageración.

En ese sentido, ¿cuán importante fue, a partir de La frontera, recuperar Chile, aunque sea desde el plano artístico? Porque has desarrollado una carrera en Chile bastante importante en los últimos años.

Sí, a partir de la transición a la democracia, cuando dejan los militares el poder, se reinicia la actividad cinematográfica en Chile. Hay un ensayo de un profesor universitario de la Universidad de Tel-Aviv, que encontré hace unos años, que hace un paralelo hablando del cine social de América Latina, particulariza en La frontera y La historia oficial y pone como dato curioso que en ambas estoy yo, y ambas cumplieron un rol importante dentro de la cinematografía de sus propios países. La historia oficial fue el primer film en que se daba cuenta de la atrocidad del régimen del que veníamos saliendo, es la primera película que da testimonio de la dictadura que recién acababa de diluirse, y La frontera también cumple ese mismo rol y es la primera película que trata el tema de la dictadura, desde otro punto de vista, pero también se anima a dar testimonio de qué infierno estábamos saliendo. Y ambas tuvieron no solamente esa vocación, esa valentía de dar testimonio de esa historia, sino que fueron premiadas: La historia oficial ganó el Oscar, y muchos festivales y encuentros cinematográficos, y La frontera tuvo el primer galardón para el cine chileno que fue un Oso de Plata en Berlín, y el Goya en España a la Mejor película hispanoamericana. Y en ambas yo interpreto a un profesor, otra coincidencia. En La historia oficial soy un profesor de literatura y en La frontera soy un profesor de matemáticas. Coincidencias felices que de alguna manera han diseñado mi perfil como actor.

Hablando de perfil como actor, ¿te parece que hay una diferencia entre tu generación actoral y las generaciones nuevas? Sobre todo en este momento en que hay una explosión a partir de las plataformas como Netflix, en donde el trabajo se multiplica de una manera que antes no existía. ¿Te parece que ustedes se diferencian de esta gente nueva?

Sí, es una novedad impresionante lo de las plataformas. Afortunadamente, filmar hoy es menos costoso, hay más gente que se dedica a esto, es particularmente llamativo la cantidad de mujeres de extraordinario talento que se han incorporado a la cinematografía mundial y en particular en la Argentina son muchas las mujeres como Lucrecia Martel, para poner un ejemplo connotado, que dirigen un muy buen cine, tienen otra visión de la cinematografía. Pero estas nuevas generaciones no arrastran con la historia dolorosa que le tocó vivir a la nuestra, son otros problemas los de esta sociedad de hoy y los que están sufriendo ellos, pero ya quedan a un lado los episodios traumatizantes que sufrió nuestra generación y que bien o mal, de distintas maneras, se llevó al cine y se dio testimonio de ello. E incluso he visto películas y obras de teatro en las que ellos observan esa realidad de la que nosotros fuimos protagonistas o víctimas, con una mirada muy singular, nueva, que lo ven como una cosa del pasado, y eso es muy interesante, es la mirada tal vez más objetiva de aquellos acontecimientos. Sigue siendo un tema la dictadura en la región. Hay una forma de filmar ya superado el celuloide con el video, hasta se puede filmar con un iPhone, y eso me parece que da espacio para múltiples talentos. Veo que los directores nuevos son guionistas, son productores, están metidos en todo, y aparecen grandes talentos muy personales, pero también podemos ver la parte más rutinaria que es la de la imitación, películas que se hacen casi como de diseño, influenciado por el cine japonés o por Tarantino o por quien sea del gusto del director. Pero hay de todo, y me parece saludable que los jóvenes tengan esta insolencia de meterse a trabajar con materiales nuevos.