Paula Hernández: "Estar en Toronto es un honor total"

by Gabriel Lerman September 10, 2019
Filmmaker Paula Hernández

Con 5 películas como directora (una de ellas como crédito compartido), Paula Hernández es una de las realizadoras argentinas con más experiencia detrás de las cámaras. Y su más reciente trabajo, Los sonámbulos, tuvo su estreno mundial en el Festival de Toronto, en donde fue una de las dos películas argentinas aceptadas. El filme está protagonizado por Érica Rivas, Luis Ziembrowski, Daniel Hendler, Marilú Marini, Ornelia D'Elía y Rafael Federman. Momentos después de su primera proyección, pudimos sentarnos con Paula para hablar de su experiencia en uno de los festivales más importantes del mundo. Esto fue lo que nos contó la realizadora de Un amor, Lluvia, Herencia y uno de los episodios de Historias breves 1.

¿Cómo es lo de presentar tu película en el Festival de Toronto? ¿Cómo te está resultando la experiencia?

Estar en Toronto es un honor total. Cuando me dieron la noticia sabíamos que la película venía a Toronto y a las pocas semanas nos dijeron que nos subían a Platform, que es una categoría del festival, una sección maravillosa; así que para tener el estreno mundial de la película fue una muy buena noticia. ¡Así que acá estamos! Empezando a vivirlo, porque fue hoy nuestra primer pasada.

¿Y cómo fue la primera función?

Fue muy buena. Es de esas películas que son difíciles; apenas termina la gente necesita un tiempo -me doy cuenta- para empezar a hablar. Y las preguntas que hubo, los comentarios al terminar la proyección y a la salida me parece que fueron buenos. Es de esas películas que te vas pensando...

El final –sin revelar de qué se trata- podría ser el principio de otra película.

Absolutamente.

¿Lo pensaste así?

No, no lo pensé en esos términos, pero sí en algún momento la película tuvo una continuidad de esa ruta, los personajes retornaban a la ciudad, y fue algo que me di cuenta que necesitábamos reproducir, que la película realmente tenía que terminar ahí , que lo que había ocurrido era tan fuerte y tan límite en algún sentido que había que dejar a esos dos personajes a la intemperie y que lo que viniera más adelante fuese otra película o no, pero que pertenecía a otro momento y no a lo que estábamos contando. Entonces sí, a partir de ahí comienza otra vida para esas dos mujeres.

¿Cómo fue el trabajo de preparación?

El proceso de la película es largo; en este caso empecé a escribir en el 2015, y tuvo muchas reescrituras. En algún momento fue una película más familiar y no tan centrada en los dos personajes centrales. Después fue una película más de ellas dos y no tanto de la familia. Fue encontrando su forma en las reescrituras; también pasó de ser una película más narrativa a ser una película más emocional y más de climas y creo que en todas esas reescrituras el guión fue depurándose, encontrando la forma que tuvo en el momento de llegar al rodaje. No hay casi escenas improvisadas, se trabajó sí mucho el ensayo con los actores, que no es algo que yo usualmente hago en el cine, pero me pareció que en esta película, como eran tantos personajes, tenía tantas tramas y tenían tanta fuerza cada uno de los personajes, inclusive los secundarios, que necesité ensayar e ir retocando cosas del diálogo en las escena a partir de sus ensayos. Pero al momento de filmar, la película en términos de guión estaba básicamente cerrada. Con respecto a lo demás, siempre hubo la idea de filmarla en este espacio; en ese lugar no se terminaba de contar todo, entonces fui buscando otras locaciones que conformaran el mundo de la película, pero básicamente está centrada en la casona principal y en algunos otros lugares como el río, la entrada del lugar, que son en otro lado. Las cosas que ves en la película fueron elaboradas en el inicio con el fotógrafo, con mi asistente de dirección y con la directora de arte.

A scene from "Los sonámbulos", 2019

Una escena de Los sonámbulos.

 

En el filme hay profesionales con mucha experiencia y otros que recién empiezan. ¿Cómo fue el trabajo con los actores?

En el caso del personaje de Ana, Ornella había hecho un personaje muy pequeño para una película. Nunca había hecho un protagónico de estas características. Yo hice casting durante varios meses. Entrevistamos alrededor de 300 adolescentes, y esas entrevistas fueron muy buenas para mí, para pensar el mundo adolescente. Ornella pasó por muchas etapas. Hubo 5 casting con ella, primero sola, después en relación con las amigas, con los adolescentes, de nuevo sola, después con los que hacían de padres en la película. Es una actriz muy interesante, pero que está muy trabajado lo que construyó en la película. Hubo un trabajo de entrenamiento para correrla de un lugar al que los adolescentes tienden a estar. Ornella es una chica muy bella, muy producida, muy Instagram, y yo quería hacerla profundamente lo contrario, entonces hubo que cortarle el pelo, cambiarle mucho su postura física. Hubo un trabajo con María Laura Berch, que es la persona que la entrenó junto conmigo, de ir convirtiendo a este personaje, llevándolo a esa edad donde uno no tiene todavía mucha noción del cuerpo pero al mismo tiempo sí. El trabajo que se hizo con ella fue muy difícil. Los otros chicos también habían hecho muy pocas experiencias, se hizo todo este proceso de casting  y trabajo de entrenamiento. Y en relación a los otros actores no hice casting, simplemente le acerqué el proyecto a los actores que me interesaban y por suerte todos me dijeron que sí, y están en la película.

¿Cómo es dirigir a tu marido, sobre todo en escenas tan fuertes como las de esta película?

A mí me gusta mucho trabajar con Luis. Creo que tenemos una mirada sobre el mundo que va hacia el mismo lado. Es la segunda vez que yo lo dirijo, en Un amor también. En Un amor era un personaje absolutamente distinto a este. Creo que fue muy bueno el trabajo con él. Era difícil en el sentido de que uno está hablando de cuestiones familiares y matrimoniales o filiales y demás, que son cosas que nosotros también tenemos en nuestra propia historia. De forma permanente hay que estar separando lo que es el personaje de la vida real. Fue un trabajo que nos hizo muy bien, que lo pudimos trabajar bastante. Crecimos mucho los dos haciendo la película. A mí me encanta él como actor.

Pero él sabía más que los demás actores. ¿Eso hizo alguna diferencia?

No hay nada de la película que sea puramente autobiográfico. Sí hay un montón de cosas que tienen que ver conmigo y con mi mundo, pero son simplemente disparadores que después se desdibujan para poder en este caso preguntarme sobre temas que me interesan. Pero bueno, tienen un puntapié autobiográfico, así que obviamente fue alguien que supo de todos los procesos por los que fue pasando el guión y fue alguien con quien podía fisgonear continuamente el proyecto, pero también me acompañó en ir cada vez más allá y en correr riesgos. Es alguien que es muy compañero en ese sentido.

Tu película anterior es de 8 años atrás. ¿Por qué te llevó tanto tiempo volver a filmar?

Hubo diferentes cuestiones. Después de Un amor tuve una operación, un tema de salud, después me embaracé y tuve a mi primera hija. Fue mi decisión quedarme con ella, siendo una madre bastante grande cuando la tuve, y después cuando apareció la idea del guión que tampoco es tan fácil para mí que aparezcan las ideas realmente para hacer una película, me parece que uno hace una película cuando tiene algo para contar. Durante todo ese tiempo me ocupé de muchas otras cosas, de dar clases, de ser madre, trabajar de escritora. Y después, cuando ya sí estaba el guión listo, tuvimos unos fondos de financiamiento de Intermedia y de Fundación Sud Est, pero fue muy complicado y muy engorroso todo el dinero estatal. Pasamos por cambio de gobierno y cambio de plan de fomento, congelamiento de créditos… o sea, muchos tiempos que ya no dependían de mi voluntad de querer hacer una película que podía haberse hecho dos años antes de lo que se hizo si no hubiera sido por todos ese contexto que de verdad fue muy complejo. Pero, bueno, eso también sirvió para que la película creciera y madurara, a veces las cosas llevan un tiempo y uno trata de aprovecharlo.

¿Cómo es el lugar de la mujer que dirige cine en la Argentina?

En la Argentina estamos en un momento muy vibrante, que no toca simplemente la cuestión del cine sino que las mujeres han tomado un lugar político en cuestiones que tienen que ver con la violencia de género, o la lucha por el aborto legal. Si bien la historia del feminismo no es nueva, creo que tiene un florecimiento muy fuerte en este momento, empujado por las nuevas generaciones que tienen muchísima claridad. Es muy emocionante escucharlas en cuanto a esto que está pasando en el mundo en relación a los hombres y las mujeres, qué pasa con nuestros cuerpos, qué pasa con nuestros lugares. Eso está de alguna manera impregnando todas las áreas, no solo el cine. El cine la refleja. Para mí que trabajo en esto desde que tengo 18 o 19 años, he pasado por lugares muy diferentes. Tengo que decir que soy bastante privilegiada, porque mis padres me dieron un lugar de mucha paridad en lo que fue el vínculo con sus hijos, pero sí que siento que muchas situaciones que tomaba como normales, hoy las pienso y son situaciones diferentes. Como ciertas cuestiones de querer demostrar que una podía –te estoy hablando de 30 años atrás - porque evidentemente había una bajada patriarcal de que las mujeres estábamos en un lugar diferente. En lo personal yo no tuve escollos importantes para poder hacerlo, pero te digo: no soy parámetro, porque a muchísima gente no le ocurre eso. Por lo tanto, la idea de los cupos a mí me parece que evidencia una problemática. Es necesario que se abran esos espacios de inclusión para que eso pueda no ser más un lugar desigual. .

En tus inicios dirigiste episodios de Vientos de agua. ¿De qué manera te marcó en lo que vendría después?

Filmé Vientos de agua antes de hacer mi segunda película. Fue un trabajo interesante, en el sentido de la propuesta, con una dirección general de Campanella. Él dirigía algunos capítulos y otros los dirigíamos otros directores que teníamos una bajada de lo que tenía que producirse que tenía que ver con lo que Juan quería, pero también cada uno tenía su propia impronta y eso me parecía que era un espacio interesante. Era un trabajo a pedido pero en el que si pude poner en práctica o proponer desde mi mirada lo que ocurría en esos capítulos. Durante muchos años trabajé para otros, dirigí publicidad o dirigí documentales, así que hice cosas para otros, pero en términos de concretar mi visión fue interesante trabajar con Juan.