Pedro Alonso: "Intento descubrir el personaje cada día que yo ruedo"

by Gabriel Lerman August 2, 2019
Actor Pedro Alonso

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Si bien tiene una larga carrera en la que se ha topado con el éxito en varias oportunidades, en estos días para la audiencia Pedro Alonso es sinónimo de Berlín, el asaltante que en las primeras dos temporadas de La casa de papel terminaba enfrentándose con sus propios compañeros y era capaz de cualquier cosa con tal de concretar los planes iniciales del grupo. Por eso era impensable que la serie en lengua no inglesa más exitosa de Netflix continuara sin él, y aunque Berlín tiene un papel mucho más reducido sigue siendo un condimento esencial. Hablar con él es descubrir de inmediato que parte de lo que vuelve irresistible a Berlín es el propio carisma y simpatía de este actor que nació en Vigo 48 años atrás como hijo de un inmigrante gallego que tras vivir en Venezuela y Brasil regresó a casa.

Llevas mucho tiempo trabajando como actor, primero en Galicia, luego a nivel nacional, y me imagino que la gran fama siempre habrá sido como un sueño, una incógnita, una duda… Ahora que la estás experimentando, ¿ es algo que le recomendarías a alguien?

Por receta: te vas a comer un momento de gran fama y vas a ver cómo se te mueve el barco… Lo que está pasando es algo que uno no puede prever cuando es un actor de mi perfil. Para mí el milagro es seguir vivo profesionalmente después de tantos años teniendo en cuenta lo delicada que es en España la industria. Seguir trabajando y seguir creciendo ya era un sueño. Que esté pasando lo que está pasando… Para empezar tengo que poner distancia. Lo bueno de esto es que te abre puertas, pero yo diría que tienen que pasar un par de años para poder ponerlo en perspectiva, y luego está todo el ruido alrededor que realmente puede llegar a ser muy exigente, porque puede influir de manera muy seria en tu día a día, en tu energía, en las demandas que recibes a tu alrededor y si bien tienes la parte de afecto a la que me estoy refiriendo, también puede ayudar a la dispersión. Con eso hay que tener mucho cuidado.

Tu personaje es un maldito encantador. ¿Crees que esa es la razón por la que Berlín pegó tan fuerte en la audiencia?

Yo creo que es una mezcla de cosas. Primero, trabajar con gente muy talentosa y muy ambiciosa que en un momento determinado de la ficción española deciden dar un salto al vacío y atreverse a competir con una serie con una realización y un aparato técnico brutal, e intentando llenarla de contenido. Sin los directores, los escritores, los directores de fotografía y los compañeros, juro, aunque quiera, no hubiera pasado lo que ocurrió. Yo le procuro poner todo el compromiso a mis trabajos, y a veces he intentado arriesgarme y si no tienes de dónde sujetarte no hay casa. O sea que por mí mismo hubiera sido imposible. Esa es la primera variable. Luego, de salida, es villano, es antihéroe, es un maldito, alguien que tiene todas las claves de salida para transitar por donde habitualmente la vida no nos deja y pues es un vehículo muy jugoso. Si acaso yo reforcé algo con mi intento al interpretarlo, tiene que ver con esa parte un poco más telúrica - yo le digo chamánica - que yo creo que le he aportado, que tiene que ver con una cierta determinación salvaje que le convierte en el chamancito malo.  En ese sentido sí es verdad que yo hice fuerza en el riesgo, en que cada toma fuese diferente, en forzar un poquito más de lo que permite habitualmente la convención, los tiempos que el personaje se tomaba para jugar, y eso como actor es un vehículo y además a mí personalmente me interesa: al final la ficción es atreverse a parar la velocidad normal de la vida ordinaria, y poner el foco en ciertos detalles. Y ahí sí que yo en algún momento dije “venga, arriesga”. O sea que quiero creer que en algunos momentos debí tocar una clave que a la gente le permitía pasárselo en grande.

Cuando se anuncia que iba a haber una tercera temporada, ¿a ti ya te habían dicho “vas a volver si la hacemos” o te dejaron la misma incógnita que al resto de los mortales?

Cuando Netflix puso La casa de papel en el mapa del mundo, y a los dos meses empezó a subir en forma exponencial, día a día era una cosa loca, nos iban llegando datos que hablaban de una ola, y decíamos “pues habrá llegado hasta aquí”, y la semana siguiente te daban otro dato y no paraba de crecer, varios de nosotros sospechábamos que la serie iba a tener continuidad. La experiencia había sido muy grata, muy intensa, muy enriquecedora, y yo sentí que podía ser una opción que me llamasen y que la serie continuase. La conversación fue “vuelve tu personaje”, y ahí te aseguro que le dimos unas cuantas vueltas, no siempre teníamos la misma opinión. y yo estaba por la labor de ser leal al compromiso que con él tenía, Cuando se habló de volver Alex Pina, que es el autor de las criaturas y con un talento evidente, tenía una opinión y yo una diferente. Hablamos, lo conversamos, y el hecho de que aparezca la tercera temporada como aparece, desde la opción de Alex, que fue la que al final triunfó, no deja de ser una señal que respeto, porque la serie en algún momento casi toca el pulp y queda algo de mitológico y puedes imaginarte cualquier cosa. Él intenta que todo sea verosímil, y si a un personaje  se le ha metido una ráfaga como la que le metieron, ese personaje tiene que haber pasado a mejor vida,  pues vamos con esta opción, intentando descubrir cosas del personaje en esta nueva temporada.

¿Te daba un poco de envidia que en el rodaje de la tercera temporada tus compañeros estuvieran disfrutando del aumento de presupuesto mientras que tu participación estaba muy limitada?

De corazón te digo que yo procuro —y es algo que he ido aprendiendo con los años y la profesión— no vivir de expectativas ni de anticipar cosas. Lo que me voy encontrando intento articularlo de la forma más positiva posible. Y luego que la televisión, y acaso más que el cine y que el teatro, es un ser vivo, y fíjate que ahora que ha funcionado bien la serie, se intenta sacar nuevos arpegios, nuevas melodías, porque es la forma de seguir creciendo y que las historias no mueran. Sí es verdad que había colores de mi personaje en la primera y la segunda temporada muy muy golosos y me consta que hay gente que los echa de menos, pero a toda esa gente le digo “tranquilos, que todavía pueden pasar muchas cosas”. Intento descubrir el personaje cada día que yo ruedo: eso es lo que yo hago. Por mucho que yo esté levantando un edificio, y aparte el edificio que me gusta, yo tengo que seguir trabajando aquí arriba y sorprenderme a mí mismo con lo que vaya encontrando, y en eso estoy y le pongo todo el empeño a ese trabajo de dar cada paso todo el tiempo posible.

¿Cuáles eran tus sueños cuando eras adolescente en Galicia? ¿Ya querías ser actor?

La vocación me llegó como un rayo cuando tenía 16 años, haciendo una obra de teatro en el instituto donde estudiaba, con el que era entonces mi profesor. Se llama Alfonso Sotelo y es alguien al que le debo que yo esté aquí donde estoy. Con él hicimos una adaptación de un cuentecillo en el colegio, yo hacía de espantapájaros y de repente eso me llevó a otra realidad, me sentí en otra forma de juego, y fue instantáneo, dije “¡guau!, yo quiero esto”. En mi familia no había ningún antecedente, y cuando dije que quería ser actor me dijeron “¿te has vuelto loco?” Sí sabía que quería ser actor, y he de confesar que lo que quería era irme muy lejos, conocer otros mundos, que me pasasen otras cosas. Luego la vida me enseñó que volver a casa también era un regalo fantástico y con el tiempo aprendí a reconciliarme, pero al principio lo que quería era irme, como si fuese Marco Polo, a descubrir el mundo y vivir algo diferente a lo que había vivido hasta entonces.

¿Sientes que el fenómeno de La casa de papel ha generado una “fiebre del oro” en España?

La industria en España ha sido muy precaria, pero mucho. Hemos salido no hace tanto de una crisis fuertísima en este país, recuerdo que leí hace 4 o 5 años una estadística sobre la situación de los profesionales de España y era deprimente. El 90 por ciento de los actores no vivía de la profesión, eso es una salvajada. Creo que ahora la situación es mejor, yo he viajado mucho este año y sí es verdad, el dato no se puede negar, que la ficción española, sobre todo la de televisión, se ha colocado en el mapa. Trabajar en unas condiciones tan exigentes con unos presupuestos tan ajustados durante muchos años, con gente con mucha inquietud y mucha ambición, ha hecho que en muchos departamentos de la industria haya gente preparadísima y con mucho talento, que ahora, especialmente en las grandes plataformas, se pueden permitir soñar en otros términos. Acaba de aterrizar aquí Netflix pero hay otras plataformas que van a establecerse aquí en España como sitio estratégico: yo creo que para nosotros es una noticia maravillosa. Siempre se habló de lo anglosajón a la hora de soñar con hacer ficción, pero en última instancia yo creo que lo no-anglosajón de pronto se está convirtiendo en la nueva gran ola. Trabajar en varios países, con castings muy mezclados, con profesionales de aquí y de allá para competir en la liga mundial es algo que ahora mismo está pasando, y además, sobre todo apostando por la creatividad. Vivimos un momento muy efervescente y ojalá que esto se configure de una forma sólida y que acabe dando trabajo a la gente porque el cine al fin y al cabo es una industria. Es una buena razón para que España se coloque en el mundo.

Hoy la gente en Estados Unidos y en América Latina te ve como Berlín, pero tú tienes una larga carrera, ¿qué tendrían que ver para ver la otra cara de Pedro Alonso?

Yo que he nacido y he muerto un par de veces profesionalmente, cuando miro hacia atrás recuerdo un personaje que se llamó Padre Casares en la televisión de Galicia donde yo hacía un personaje de un cura, y ése fue un rol muy inesperado que a mí me hizo volar muy fuerte. La serie luego siguió, y al poco me salió otro personaje, Diego Murquía, en la serie Gran Hotel, que fue la primera de las que yo hice que se empezó a ver en la plataforma de Netflix, donde yo claramente hice un personaje muy turbio, oscuro, muy peligroso que me abrió la puerta a personajes más maduros y difíciles, porque yo en los últimos años he hecho varios personajes claramente antagonistas e inquietantes. Muy diferentes entre ellos, quiero creer, pero esos personajes fueron clave para lo que a mí me ha pasado en los últimos 10 o 12 años.