Ramón Salazar conecta con la juventud mundial en "Elite"

by Rocio Ayuso October 14, 2018
Spanish filmmaker Ramon Salazar

recent spanish cinema

Élite, la nueva serie española de Netflix, se acaba de convertir en la más “maratoneada” del mundo. No solo en España o en Latinoamérica sino a nivel mundial. Se ha situado muy por delante de series emitidas por la misma plataforma como Maniac, Friends, Brooklyn Nine-Nine o Anatomía de Grey. Una serie de nuevo cuño dirigida a un público joven y en el que se muestra el conflicto que genera en un colegio pijo la admisión de tres adolescentes de clase baja. Detrás de este fenómeno está Ramón Salazar, codirector de la serie y autor de La enfermedad del domingo, su última película. Hablamos con el realizador malagueño durante la Recent Spanish Cinema, la muestra de cine más longeva de la American Cinemateque, para descifrar en español las claves de su éxito.

¿Anticipabas el triunfo de Élite?

¡Qué va! Está siendo algo increíble. Habíamos previsto algo más controlado, tipo España y Latinoamérica. Pero a Netflix le gustó y lo ha echado todo en la promoción. Lo que sabíamos desde el primer día es que el acierto de Elite es tomarnos en serio la juventud y sus problemas, no frivolizar sobre la adolescencia.

¿Cómo ha cambiado el juego mediático la entrada de grandes compañías de streaming como Netflix?

 El streaming nos ha abierto las puertas a un contenido de países que nunca habríamos soñado en conocer. De hecho La enfermedad del domingo tiene todos los elementos para no haber sido producida en España: drama intimista protagonizado por dos mujeres cuyos personajes están por encima de los cuarenta. Y sin embargo aquí está.

¿Cuán diferente fue tu labor en Elite o en La enfermedad del domingo?

 Con Elite Netflix tuvo un control más exhaustivo de la producción, sobre todo antes de arrancar. Pero con La enfermedad del domingo no dijeron absolutamente nada en el proceso creativo. Por mi parte intento adaptarlo todo a como a mi me gusta trabajar. Es cierto que los tiempos son otros en cine o en televisión. Pero por ejemplo en Elite exigí mi presencia en el proceso de selección de los actores y contar con un mes y medio de ensayos previos para poder trabajar con el reparto más joven, con menos experiencia, para poder guiarles en los personajes que luego tienen que defender en esa vorágine. Pero al final es un poco lo mismo porque hago pequeñas películas con cada episodio.

 Y en el caso de La enfermedad del domingo ¿cómo encontraste la historia?

 Hay dos vías. El deseo de repetir con Susi Sánchez con quién había llegado a un gran entendimiento en la película 10.000 noches a ninguna parte. Y a la vez cayó en nuestras manos la obra de una autora israelí sobre madres que afirmaban que no tenían apego por los hijos. Diferentes tipos de opiniones de lo que se esperaba de ellas al ser madres y de lo que sintieron al serlo. Fue muy interesante hablar del concepto de “malas madres” sin ningún tipo de prejuicio.

¿Compartes las comparaciones que ha levantado su película con Hereditary y con el cine de Rainer Werner Fassbinder?

R: Las entiendo. De Fassbinder me gusta mucho que siempre tiene una mirada no amable de los temas. No quiere agradar. Ese es uno de los apoyos fundamentales en la narración de La enfermedad del domingo. Y sobre el terror de Hereditary también lo entiendo porque decidimos desde muy pronto que no se supiese porqué estaban allí los personajes hasta justo antes de la resolución. Cuando tomas una decisión así cuentas tu historia desde el terreno thriller, de cine negro, de intriga, casi de terror.