Ricardo Darín: "Abogo por la naturalidad"

by Gabriel Lerman September 11, 2019
Actor Ricardo Darín

magnus sundholm/getty images

Tiene 62 años y una impresionante carrera que incluye el haber protagonizado una de las dos películas argentinas que han ganado un Oscar, El secreto de sus ojos, y el haber participado en otras dos que recibieron nominaciones al Premio de la Academia, Relatos salvajes y El hijo de la novia. Además, ha participado en grandes éxitos del cine argentino como Nueve reinas, El mismo amor, la misma lluvia y El aura. Se ha gando el Goya y la Concha de Plata en el Festival de San Sebastián. Y sin embargo, Ricardo Darín ha llegado por primera vez al Festival de Toronto al frente de la delegación de La odisea de los giles, que también incluye a su hijo, Chino Darín y al director Sebastián Borensztein, con el que ha hecho 3 películas. Quien es también productor de la película más taquillera del año en Argentina asistió a la gran fiesta que la HFPA organizó junto a The Hollywood Reporter, en donde se topó con muchas estrellas de Hollywood, una experiencia que disfrutó con entusiasmo.

Dijiste hace poco que no es cierto que seas anti-Hollywood...

No soy anti nada, salvo anti fundamentalismo, porque me parece que esas actitudes no nos hacen bien a los seres humanos, pero fuera de eso trato siempre de ponerme en el lugar de los demás, de intentar comprender y permanentemente busco en mí revisar mis propias convicciones porque creo que el mundo está en movimiento permanente. Todos los días aprendemos. Yo intento aprender de los más jóvenes porque tienen miradas renovadas, más frescas, menos intoxicadas. No soy anti nada, eso me lo gané porque a la gente le gusta poner rótulos, sobre todo en Argentina. Si decís que no estás en un lado automáticamente te colocan en el otro y así sucesivamente con todas las cosas entonces si decís "no, dije que no", nadie puede creer que haya dicho que no a una propuesta de trabajo, por las razones que fueren, ni siquiera hay que explicarlo pero tuve que pasar un tiempo largo dando explicaciones.

Si te llega una propuesta de Hollywood para trabajar con Renée Zellweger....

Me encanta ella. Si es un libro que tiene una historia que me interesa y con un personaje donde creo que tengo posibilidades y tengo el espacio y el tiempo de prepararme y hacerlo y demás, por supuesto que me encantaría pero no sólo con ella. Admiro a muchísimos artistas americanos, ingleses, franceses, italianos, españoles, por eso te decía que yo no soy anti nada. Me pasé mi vida alimentándome de cine, ni hablar del neorrealismo italiano, de las películas francesas de la década del 60 y del 70, todo el cine americano de la década del 70, 80, 90 y hasta el día de hoy. Admiro a muchos artistas, a los grandes y a algunos no tan grandes. El otro día nos cruzamos en la fiesta de la HFPA con un chico que yo admiro profundamente que es Edward Norton y así tengo una lista interminable de tipos que me producen emoción por su calidad artística. He tenido la suerte de trabajar con diferentes directores en distintos países y con diferentes actores y siempre hay algo para aprender, para alimentarse, para que se te abra la cabeza.

¿Con cuáles tres figuras de Hollywood trabajarías si te llega un buen guión?

¡Tengo más de tres! Pero tengo algunos que son inapelables. De Niro es un inapelable para mí. Con Pacino nos conocemos, hemos estado en Buenos Aires juntos y también es alguien que admiro mucho. Lo mismo a Woody Allen, a Scorsese. Tengo mucha gente a la que admiro pero no tengo puesta la mirada ahí. A lo mejor por eso me gané el mote. Para todo el mundo es una Meca pero para mí no lo es. Si ocurre ocurre y bienvenido será y si no, está todo bien.

Pero por el otro lado en Argentina eres el primero en elegir. Como tienes tanto éxito si hay un buen guión prueban primero con Darín. En Estados Unidos no tendrías ese lugar...

Pero no se trata solamente de esos lugares sino del momento apropiado, del texto indicado, de la oportunidad, el espacio... Normalmente la desesperación por llegar a la Meca hace que nos olvidemos de los aspectos humanos y eso es algo que a mí no me ocurre. Yo no me quedaría 3 meses sin ver a mi mujer y a mis hijos para hacer una cosa que te dicen que es una bomba porque no me va por ahí y mucho menos a esta altura del partido. Eso te puede ocurrir cuando estás muy de ida, de los 30 hasta te diría casi los 40, con la benevolencia de que quién te acompañe en tu vida en lo personal esté dispuesta a acompañarte en el camino pero hay determinados momentos de la vida en que ya sos un hombre grande. A mí no hay nada que me guste más que estar en mi casa con mi mujer, no lo cambio por nada. Soy cero turista. No cambio nada por estar en mi casa con mi mujer, todo lo demás es algo que hago mientras tanto estoy esperando volver a mi casa.

 

 

 

Tu haces una película y la gente realmente responde más allá de lo que digan, ¿qué responsabilidad te genera eso?

Ninguna porque mido todo con la misma vara. Yo primero soy lector, después soy espectador, después me acuerdo que soy actor y así sucesivamente. Pero lo primero es lo primero. Para mí no hay nada que esté por encima de la idea. Si es atrapante ya me llama la atención, me cautiva, me interesa, y si además esa idea está muy bien desarrollada ya me siento involucrado, me pongo nervioso, me produce vértigo y si además es una propuesta que viene hacia mí automáticamente empiezo a sopesar posibilidades, espacios, tiempos, agenda. Quizás lo mejor que hago es ser espectador o lector entonces me interesa y me conmueven cosas que a la larga terminan siendo abrazadas por la audiencia. Nunca miro las historias en términos de qué personaje me toca. HLo primero para mí es la historia, la idea y cómo está desarrollada la historia, después he hecho personajes para contribuir al desarrollo de una historia que me parecía interesante en la que no necesariamente tenía que ser el protagonista.

¿Cómo cambia el juego ser el dueño de la pelota, como en este caso que seas productor?

No somos exclusivamente los dueños de la pelota. Hemos conformado un grupo de personas interesadas en un mismo proyecto y cada uno ha ocupado de su rol dentro de ese esquema. Nos ha ido muy bien de esa forma. Yo siento una gran satisfacción por lo que significa el grupo de trabajo que se organizó alrededor de La odisea de los giles porque estuvimos todos, con oscilaciones, permanentemente 7 u 8 cabezas pensando específica y focalizadamente en cada uno de los detalles de este proyecto. Confío mucho en los equipos de trabajo, confío mucho en que varias cabezas con buenas intenciones y mirando en una misma dirección logran objetivos. Eso lo trasladás a cualquier terreno de la vida de los seres humanos y me parece que es atendible. Ni hablar en términos de política. Vos fijate lo que ocurre no sólo en Argentina sino en muchos países, siempre la sensación de la población es que tiende a creer que va a venir alguien a salvarlos o a hundirlos y hablan de una persona, de un apellido, y no de un equipo de trabajo y eso es un infantilismo, es creer que hay un tipo solo que toma decisiones sin consultar a nadie, cuando en muchos casos es todo lo contrario, es la cara visible de todo un equipo y termina diciendo las cosas que le sugieren que diga o que haga.

¿Puede ser que la conexión que tienes con Sebastián Borensztein tenga que ver con que te criaste en los canales de televisión de Argentina y aunque él no hizo más que una pequeña participación a través de su papá también perteneció a ese mundo?

Puede ser. En realidad nos conocemos desde hace mucho tiempo pero nuestra relación no viene a través de Tato. Yo lo conocí a Tato, lo quise mucho y tuvo la gentileza y generosidad de invitarme muchas veces a participar con él de cosas pero yo a Sebastián lo conocí en términos directos, personales, cuando él era muy chico y yo también. Compartimos nuestras vidas en forma personal, después aparecieron las oportunidades profesionales pero tenemos una conexión que nos permite retroalimentarnos en la conversación. Durante mucho tiempo nos juntábamos los miércoles a almorzar, a tirar ideas y a contarnos cosas y escenas que se nos ocurrían. Él tiene una gran rapidez y una gran capacidad para bajarlo eso a un formato, a una idea en papel, entonces es muy funcional y muy agradable trabajar con él porque es muy expeditivo. Es muy inteligente, tiene un gran sentido del humor y es un personaje. Nos divertimos mucho, hemos llorado de risa imaginando escenas. Nos conocemos bien.

¿En qué crees que te forjó para ser quien eres hoy como actor esos años trabajando de niño en la televisión?

Para serte absolutamente franco, ser hijo de actores, haberme criado dentro de un estudio de tevé o en el palco de un teatro viendo una función de mi madre o de mi padre desde los dos o tres años, acompañarlos al teatro y demás, me ayudó muchísimo en un aspecto que es fundamental, no sólo en esta carrera artística sino en la vida, y es que nunca tuve ansiedad por “formar parte de”. En mi caso se dio naturalmente, nunca hice un casting, nunca fui a dar una prueba de nada, nunca hice “pasillo” como se decía antes. Nunca fui a pedir trabajo a ningún lado. Aprendí al lado de grandes actores a los que admiré y admiro profundamente y que tuvieron la generosidad de enseñarme de todo sin saber que me estaban enseñando porque cuando los adultos convivimos con un niño creemos que lo que educa es el discurso y no la realidad de cómo nos manejamos y yo veía como ellos se manejaban y aprendí mucho de ellos. De Norma Aleandro, de Héctor Alterio, de Sergio Renán, de Lautaro Murúa, de Ernesto Bianco, de Carlos Carella, de grandes de verdad. Nunca tuve ansiedad de formar parte de la “farándula”. Eso le puede pasar a alguien que ve la tapa de las revistas en los kioscos y está desesperado por formar parte de eso, entonces puede cometer errores pero a mí nunca me pasó eso. Yo fui manejándome con naturalidad. Fui un niño actor, lo cual no lo digo con orgullo, lo digo casi con pesar. Era una época en que los niños declamaban para actuar. Incluso algunos que eran considerados buenos actores lo que hacían era recitar. Yo lo hacía con naturalidad porque para mí un estudio de televisión era la prolongación del living de mi casa. Todos hablaban de la naturalidad con la que yo trabajaba y han pasado 50 años y todavía hoy me siguen hablando de eso. Evidentemente debe ser la única cosa que hago bien, tratar de ser natural. Recuerdo que hicimos la obra teatral Art de Yasmina Reza en Madrid durante mucho tiempo. Una vez un grupo de jóvenes actores que estudiaban en España nos esperaron a la salida de la función y en la puerta del teatro uno de ellos se adelantó, me dio la mano, me saludó y me dijo "¿te puedo agradecer algo? Gracias por habernos demostrado que arriba del escenario se puede hablar exactamente igual que abajo". Yo abogo por la naturalidad, después uno puede soslayarse en apreciaciones técnicas pero me parece que lo que más me gusta a mí es cuando no noto que un actor está actuando.