Robert Redford, nominado a Mejor actor de comedia o musical

by Paz Mata December 12, 2018
Robert Redford, actor, director, Golden Globe winner

armando gallo

Del ídolo de las féminas de Barefoot in the Park al hombre que decide dar su último golpe, esquinazo a la ley y salirse con la suya, de The Old Man and the Gun han pasado 50 años.  A lo largo de este tiempo Robert Redford nunca se prestó al “juego de Hollywood”. Siempre fue un “forastero”, como el Sundance Kid, que tanta fama le diera, un hombre que consiguió hacer las cosas a su manera como director, productor, activista político y fundador del mayor festival de cine de Estados Unidos. A sus 81 años, Redford nos ha contado muchas cosas. Lo ha hecho con la mirada y con su físico, que ha ido envejeciendo con la imaginación de una o tal vez dos generaciones. Su rostro es un mapa, un diario de ruta, un terreno que a veces se presenta agreste y otras suave.

Todavía es apuesto, la edad no ha acabado con él -pero te hace pensar en ese Redford que hace años daba vida a Gatsby, al Sundance Kid o al guapísimo Hubbell Gardiner que hechizó a Barbra Streisand en The Way We Were. Un semblante que no mostraba arrugas, aunque sí contrariedad, cuando interpretó a un idealista abogado que lucha por un asiento en el senado de California, en The Candidate (1972) o al periodista  Bob Woodward, el que pusiera en jaque a Nixon con el escándalo del Watergate, en All the President's Men, (1976).

Los surcos de su cara se fueron profundizando en The Natural (1984) encarnando a un hombre que busca su redención en el béisbol, en los tiempos en que Ronald Reagan bromeaba con bombardear Rusia y el escandalo Irán-Contra todavía no había saltado a la luz pública. Su mirada aguda se enfocó en corregir graves errores del sistema sociopolítico estadounidense, lo hizo en Brubaker, (1980) dando cuenta de la situación penitenciaria del país o mostrando las tramas de espionaje que se llevan a cabo dentro de la CIA en Spy Games (2001), en hablar de desigualdad, como en The Milagro Beanfield War (1988) o de injusticia, como en Quiz Show (1994).

Redford sostiene que su principal objetivo como actor y cineasta ha sido siempre entretener al público. Sin embargo su trabajo a lo largo de las últimas cinco décadas demuestra que las historias que nos ha contado tienen sus raíces en su propia experiencia personal. Atrapado en un físico que le convirtió en estrella de cine, el actor, que nació en Santa Monica, California en 1937, nos recuerda que la suma de quienes somos va más allá de las palabras y de nuestro físico. Nos lo hizo ver el hombre que se hunde con su barco en All is Lost (2014). Un veterano lobo de mar, atormentado consigo mismo y luchando contra la naturaleza, que sin emitir palabra pero con un rostro curtido por el sol y el salitre, avejentado por el paso del tiempo, por el sentimiento de culpa y por el arrepentimiento, lo dice todo.

Ahora, cuando anuncia su retiro delante de la cámara, se despide con su rebelde cabellera al viento, una sonrisa que te conquista y haciéndote un guiño al asegurar que “nada es para siempre.”

Eso si, esta vez dando vida a un entrañable canalla que se ríe de todo y de todos con mucho estilo.  Su personaje en The Old Man and the Gun,  por el que ha recibido una nominación al Globo de Oro, está basado en una historia real, la de Forrest Tucker, un ladrón de bancos que consiguió escapar de la cárcel, incluido el famoso penal de Alcatraz, 18 veces.

“Cuando leí la historia de Forrest me pareció perfecta para mí ultimo trabajo como actor, una historia llena de energía y optimismo en un momento social y cultural tan negro como el que estamos viviendo,” cuenta el actor, que en su último encuentro con la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood (HFPA, por sus siglas en inglés), admitió tener cuerda para largo. “No creo en eso de parar de hacer cosas cuando llegas a cierta edad. Cuando te paras es porque has llegado al final del camino y yo todavía tengo mucho por recorrer”, sentenció Redford.