Rodrigo Santoro en Sundance: "Me encantó filmar en Cuba"

by Gabriel Lerman January 25, 2018
Actor Rodrigo Santoro at Sundance 2018

getty images/J.Merritt

Es sin dudas el actor más famoso de Brasil, no sólo por la carrera que ha desarrollado en su propio país, en donde mantiene su presencia tanto en el cine como en la televisión, como por su activa participación en la industria hollywoodense, gracias a un importante papel en la serie Westworld y una trayectoria en el cine norteamericano que incluye entre sus últimas participaciones Ben-Hur, Jane Got a Gun, The 33 y Focus. Por eso sorprende verlo en Sundance participando de la competencia internacional como el absoluto protagonista de Un traductor, la película de los hermanos Sebastián y Rodrigo Barriuso que cuenta lo que ocurre cuando al concluir la década del '80, un profesor de ruso de La Habana es enviado a traducir a un hospital en el que se están tratando los niños que han sobrevivido al desastre nuclear de Chernóbil. Quien en 2011 se llevó el Premio al Mejor actor en el Festival de La Habana gracias a Heleno dialogó con nosotros en Park City acompañado de los hermanos Barriuso, los que con este film debutan en el largometraje de ficción.

Rodrigo, ¿qué fue lo que te llevó a querer hacer una película en Cuba?

Rodrigo Santoro: La historia. Todos los elementos de esta historia me interesaron muchísimo, me tocaron el corazón. Yo no sabía personalmente de esta historia, sabía del accidente de Chernóbil, pero no que las víctimas fueron para Cuba para recibir tratamiento. Entonces me encontré con esta historia real, basada en el papá de los directores. Y a medida que me enteraba de todo lo que cuenta la película me interesaba más. Naturalmente, mi personaje tiene un arco dramático muy atractivo es muy emocionante, pero el personaje tiene una personalidad muy introvertida, eso me encantó porque no se revela mucho, y eso es siempre muy interesante como factor para trabajar.

¿Y no te asustó tener que hablar en ruso?

RS. No te voy a mentir, al principio pensé “No, esto no es para mí”. No sabía ni una palabra en ruso, pero los dos directores me dijeron “Lo vamos a resolver". Porque yo les pregunté por qué habían buscado a un actor brasileño para hacer una película que está en español y en ruso. Pero te voy a decir la verdad, la historia me atrapó. Obviamente tenía mucho miedo de hablar en ruso, era un riesgo muy grande. Las voces en mi cabeza me decían “¿Tú te vas a meter a hablar en español y en ruso? ¿Te vas a exponer de esta forma? Y no es que estamos hablando de 3, 4 escenas, es la mitad de la película, este hombre es un profesor de literatura rusa, o sea, era serio el desafío. Pero me metí tanto en la historia que no concebí no hacerla. Es algo que se quedaba en mi cabeza, me imaginaba las escenas y la historia. Empecé a leer y a explorar en internet. Me conecté entonces con el papá de los directores por Skype, y empecé a escuchar… ya estaba, no lo podía negar. Y entonces lo que hice con el ruso fue un mapa fonético. Yo escribí los diálogos de una forma que sólo yo los puedo entender, pero funcionaba para mí y tenía clases de ruso durante un mes y medio todas las tardes, desde la 1 hasta las 6 de la tarde. Escuchaba música, vi muchas películas rusas, que muchas de ellas me fueron indicadas por Manuel. Fue un curso intensivo de cultura rusa y cubana, música y literatura. Yo soy un fanático de Dostoievski, siempre lo he sido, es mi favorito, pero después me fui a Gogól, porque ahí teníamos El diario de un loco, y eso fue un gran placer. Para mi la parte favorita es la investigación, porque se aprende mucho.

Ahora la pregunta es para ustedes: ¿Por qué un actor brasilero para interpretar a un personaje cubano que habla ruso?

Rodrigo Barriuso: Es una cuestión general. Miramos a los actores que vivían en Cuba, y sí, estoy seguro de que hubiese funcionado, pero es que nadie nos convenció tanto como Rodrigo. Sabíamos que era casi imposible encontrar a un actor hispanoparlante que hablara el ruso que nos convenciera. El problema no era sólo el ruso, que yo como director pienso que pasó más trabajo para hacer de cubano que con el ruso, porque se concentró, y lo pensaba como “esta montaña imposible de escalar” que al final lo que le costó más trabajo fue encontrar el acento cubano. Rodrigo fue súper honesto desde el principio, el nos dijo: “Chicos, voy a hacer un papel de cubano que puede hacer todo el mundo, y cualquier cubano se va a dar cuenta de que no lo soy.” Salimos de la reunión Sebastián y yo, hablando en el carro, y pensamos en Javier Bardem en Antes que anochezca. Todo el que es cubano aprecia el trabajo que hizo Bardem, pero sabe que no logró un acento ciento por ciento cubano. Y ahí estuvo, con su nominación al Oscar.

Sebastián Barriuso: Hay un montón de factores que hacen también que la nacionalidad no sea un tema decisivo al momento de formar el elenco. Hoy el mundo está globalizado, está todo interconectado, querer hacer una cosa y darle una nacionalidad, un sello distintivo, pensando que lo que hace al sello distintivo es tener a personas que sean cubanas o no. Entonces, así tenemos al director de fotografía que es chileno, Rodrigo es de Brasil, Marisel es de Argentina, nuestro primer asistente es de Colombia... es una película internacional.

Actor Rodrigo Santoro at Sundance 2018

Rodrigo Santoro con Sebastian y Rodrigo Barriuso en el estreno de Un Traductor en Sundance; una escena de Un Traductor.

getty images-Jerod Harris/ courtesy of the Sundance Institute

 

¿Por qué quisieron contar la historia de su padre?

SB. Nosotros partimos para hacer la película de que de Chernóbil se hablaba muchísimo, desde muchas perspectivas y con muchas voces, pero la historia de las personas que fueron afectadas de esta manera tantos años atrás, nos pareció que era necesario contarla. Vino todo esto, muy convenientemente, pegado a los eventos internacionales que estaban pasando en ese momento. Se iba a cumplir el treinta aniversario del accidente de Chernóbil en el '86 y nosotros empezamos a trabajar la película en el 2013. Luego, además de eso, estaba en su punto más alto el conflicto de los refugiados de Siria, y nos resultaba interesante establecer una comparación o, de alguna manera, un paralelismo con las noticias que estaban saliendo sobre toda la carrera de obstáculos que tuvo que superar esta gente.

¿Y el padre de ustedes qué participación tuvo?

RB: Colaboró con nosotros desde el primer momento. Nosotros empezamos a trabajar la idea y empezamos a investigar todo lo que tuviera que ver con la historia. Fuimos a verlo a mi papá, le llevamos la idea, le dijimos “Queremos trabajar en esto”, y mi papá se mostró súper emocionado, le pedimos sus memorias, y él se puso a escribir sobre algo que ya tenía, que estaba encajado en su memoria sin querer pensar en eso, porque fue un momento duro de su vida que lo marcó para siempre. Entonces él empezó a sacar esos recuerdos y a escribirlos para compartirlos con nosotros. Y a raíz de eso salió la estructura misma de la película. Y luego de eso el guion se fue enriqueciendo con testimonios de personas que estuvieron involucradas en ese proceso en Cuba

Rodrigo, tu personaje, a partir de que se ve expuesto a los niños de Chernóbil sufre toda una transformación personal muy fuerte.  ¿Cómo fue para ti, si bien estabas trabajando con niños actores, meterte en ese mundo post Chernóbil?

RS. Pues, cuando empecé a investigar sobre Chernóbil, leí un libro que me recomendó Marisel. Empecé con eso. Después, cuando llegamos, antes de rodar, me llevaron a una exposición de fotografías de las víctimas, que en ese momento, estaba en Cuba. Y lo que vi se quedó en mi mente durante todo el rodaje. Cuando llegué al set, claro, construíamos un set, pero parecía un hospital, y los hospitales no son lugares que precisamente me encantan. Trabajar con niños es muy delicado, pero ellos te dan mucho. Fue un proceso muy intenso, especialmente en las escenas del hospital, que fueron las primeras que rodamos, siempre por la noche.

¿Cómo comparías la experiencia de filmar en Cuba con la de grabar Westworld en las afueras de Los Ángeles?

RS: Bueno, el tema no es Santa Clarita o La Habana, y creo que en la película se ve, porque Westworld es una producción gigante, y aquí estamos en una película intimista. A mí me encantó filmar en Cuba. Yo tengo una relación que empezó desde Che, y ahí conocí Cuba, conocí la cultura, pero no filmamos ahí, no se podía filmar, lo hicimos en Puerto Rico. En esta película sí. Llegué ahí, llegamos una semana antes, filmamos un mes y medio… o sea, dos meses en Cuba, con equipo cubano, y ahí con ellos. Y claro, me encontré con las consecuencias que trae el internet. La gente está transformándose internamente y hablando del mundo y el cubano, no sólo Cuba, se está reformando.

SB. No, pero más allá de todo eso, hoy puedes ir a La Habana por el Paseo del Prado y ver el primer desfile de Chanel en Latinoamérica, un desfile de Chanel hace 10 o 15 años no hubiera pasado. La Habana va cambiando,poco a poco, se va abriendo al mundo,. La gente tiene todavía muchísima limitación cuando hablamos del acceso a la información y la tecnología, pero si lo comparas con los años '90 el cambio es muy grande.