Rodrigo Santoro: “No poder trabajar como actor me aterroriza”

by Rocio Ayuso August 10, 2020
Actor Rodrigo Santoro

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Rodrigo Santoro (Petrópolis, Río de Janeiro, Brasil, 1975) tiene la capacidad de hacer lo pequeño, grande. El se entrega a todo lo que hace y ya sea a su paso por Love Actually hace 17 años, en 300 hace 14 o mañana en su nuevo estreno, Project Power, Santoro sabrá cómo dejar su huella. Tuvimos la oportunidad de hablar con este brasileño tan amable como bien plantado de interpretación, de su carrera, de sus fans y de este último trabajo para Netflix donde una píldora es capaz de dar superpoderes durante cinco minutos… eso si no te hace explotar.

¿Cuál es su superpoder? ¿Hacer de un personaje pequeño uno grande como Biggie?

Me lo tomo como lo más bonito que me han dicho sobre mi trabajo. Puede que tengas razón. Soy muy apasionado con lo que hago y estoy enormemente agradecido de poder hacerlo porque me encanta. La mera idea de no poder trabajar como actor me aterroriza. Y es esta pasión la que me lleva al respeto por lo que hago, ya sea Shakespeare o un “blockbuster”, un pequeño cameo o el protagonista me enfrento al papel de la misma forma. Busco la manera de humanizar mi personaje así tenga dos líneas o doscientas. Supongo que a eso se puede llamar un superpoder.

¿Cómo humaniza alguien como Biggie?

Me gusta crear esas cosas que ilustran el imaginario. Eso me ayuda a trabajar. En el caso de Biggie vemos un personaje que está en control, pero me pregunté qué pasaría si ese tipo en control es el que él mismo se construyó para vender, para traficar. Siempre estamos interpretando un personaje. Con mi madre soy uno, con mis amigos, otro diferente. Entonces, ¿qué pasaría con Biggie si la verdad es que detrás de ese tipo en control lo que hay es un cobarde? A los directores les encantó la idea. Y así empezamos a desarrollar el look, fuimos desarrollando cada detalle, como su colgante, la cadena que lleva tiene que estar ahí por una razón, por ejemplo, para llevar la píldora guardada. Me encanta lo de construir el personaje, buscar cositas para conseguir humanizarlo.

Y el trabajo con Jamie Foxx y Joseph Gordon Levitt, ¿qué nos puede contar?

La atmosfera en el set fue muy peculiar y tuvo mucho que ver con Jamie. Es un tipo genial. Su trabajo como monologuista le ha dado una velocidad en su forma de pensar, en su raciocinio. Tocó música para nosotros, nos puso canciones. Trabajó mucho para crear un ambiente muy relajado y me pareció algo increíble porque yo interpreto desde la concentración y para el segundo día ya estaba a su lado bailando y relajándome antes de empezar. Joseph era más parecido a mi pero la verdad es que nos divertimos un montón. Los directores también contribuyeron a esta atmosfera relajada.

¿Ayudó que fueran dos, Henry Joost y Ariel Schulman?

Me encantó la experiencia de que fueran dos porque se dividieron muy bien. Y también cambiaban de trabajo. No diré que dos es mejor que uno, pero hicieron un trabajo muy dinámico. Me ayudó mucho porque tenía dos personas para responderme. Luego contrastaba la información y se complementaban a la perfección.

Si existiera una píldora como la de Project Power, ¿la tomaría?

Yo creo que es una metáfora muy clara que empieza en el título, Project Power. Estamos hablando del deseo que tenemos los humanos, de la desesperación que nos consume por conseguir el poder. ¿Hasta dónde somos capaces de llegar? Yo no me la tomaría. No tengo tantas ganas de poder y tampoco arriesgaría mi vida. Pero ahí está la metáfora. Me parece genial que una película de acción y de entretenimiento se convierta en un caballo de Troya. Que mientras te estás divirtiendo tenga algo, esa cosita que te haga pensar pero colocada de una manera natural. Y en Project Power hay un montón de estas cositas.

¿Disfruta más con el cine de ciencia ficción?

Empezó a pasarme desde Westworld. La serie y me trabajo ahí ha tenido una influencia muy grande en mi vida personal y en mis gustos. Ahora estoy leyendo de neurociencia, un tema que siempre me pareció súper complicado y con el que ahora estoy encantado porque me enseña a entender los procesos de la mente. Pero siempre me ha encantado ver ciencia ficción. A mi papá le gustó siempre, E.T., las películas de extraterrestres, las de tecnología futurista porque mi papá es ingeniero y siempre vi muchas de estas películas con él. Y, ya te digo, desde Westworld me empecé a meter más en ese mundo, pensar quién está en control, ¿el hombre o la máquina? ¿Nuestros gustos crean los algoritmos o los algoritmos marcan nuestros gustos?

En el caso de sus fans, ¿a quién buscan? ¿Al actor o a sus personajes? ¿A Rodrigo o al Xerxes de 300, al Karl de Love Actually o al Hector de Westworld?

¡Es la primera vez que me preguntan algo así! Love Actually y 300 fueron dos momentos clave en mi carrera. Especialmente, si hablamos de seguidores, Love Actually. Porque en 300 hay mucha gente que no me reconoce, que se sorprende al saber que soy el mismo de Love Actually, ese tipo raro sin pelo. Pero Love Actually me ganó muchos fans que se siguen multiplicando porque es una película que la ponen todos los años. Lo de buscarme a mi, a Rodrigo, es algo que pasa más en Brasil porque la gente me conoce desde hace tiempo, desde cuando trabajaba allá en la televisión. Han pasado años de eso y recién he hecho para Netflix en Brasil. Pero hacía como diez años que no hacía algo allá. Pero me conocen desde siempre y se interesan por mi, cuándo voy a volver, qué ha pasado conmigo ahora que soy papá, qué tal me va viviendo fuera. El contacto de mis fans es más cercano y cariñoso. Pero donde no me conocen tanto buscan al hombre de Love Actually, de 300 y, ahora, de Westworld, por supuesto.