Sergio Pablos:“Los españoles no nos damos cuenta de nuestro potencial”

by Rocio Ayuso November 11, 2019
Animation director Sergio Pablos

Jerod Harris/Getty Images

El nombre de Sergio Pablos está en el centro de la animación. Desde Madrid, su ciudad natal, lleva 15 años defendiendo la industria animada española con su estudio, SPA. Pero sus ramificaciones no tienen fronteras. El animador, guionista y productor se dio a conocer a nivel internacional como el co-creador de la multimillonaria saga Despicable Me. También trabajó durante años en los estudios Disney como animador de clásicos como Tarzan o Treasure Planet. Ahora debuta como director con Klaus, la historia de origen de Santa Claus y un filme híbrido en muchos sentidos: No solo aúna las técnicas del 2D tradicional con otras más avanzadas de iluminación que llevan la animación más lejos, sino que también es el primer proyecto que acomete el estudio para una “major” como Netflix, compañía de “streaming” que arranca así su andadura en el campo animado.

Vayamos al comienzo de este ambicioso proyecto

El germen de Klaus nació en 2010 cuando estaba buscando la siguiente gran idea y noté que había una tendencia hacia un montón de historias de origen como Batman Begins. Coger un personaje desfasado con toda su mitología y actualizarlo al público de hoy me pareció un ejercicio muy bonito narrativamente. Me hice una lista para encontrar mi propio personaje y cuando llegué a Santa Claus dije, no. Me parecía muy ñoño. Pero me di cuenta de que no tenía una historia de origen así que me puse a buscar un ángulo que me gustara y ahí nació Jesper, el cartero. Me di cuenta que así tenía esa dicotomía de los personajes y además tenía la ironía, el corazón, el humor, todos los elementos que buscaba en la historia.

En su filmografía también figura una película sobre Los Reyes Magos. ¿Le preocupó este exceso de temas navideños?

Los Reyes Magos no fue un proyecto mío. Ayudé a completarlo, pero la tradición de los Reyes Magos existe en muy pocos países. En el caso de Klaus es lo contrario y he aprendido a las malas que más allá del elemento personal un proyecto tiene que contar con ese ángulo comercial que te permite venderlo. La ironía es que no ayudó porque en todos los estudios a los que fuimos el escoyo fue que el hecho de que fuera una película navideña. Nadie quería salir en salas con el mercado copado por Disney. Los únicos que se lanzaron fue Netflix porque buscaban contenido navideño.

¿Y la vuelta a la animación tradicional? ¿Fue eso otro escoyo?

No porque tampoco es una vuelta. Yo buscaba desde hace tiempo una idea que se presentara a ser realizada en 2D para la que narrativamente la animación tradicional fuera el mejor medio, pero siempre con la condición de impulsar esta técnica. Dicen que al público no le gusta el 2D, que les parece antiguo, desfasado. Hay mitos falsos como que es más caro. Pero no es cosa del público sino de los ejecutivos. El público reacciona ante lo que tu le presentas. La gran ventaja de Klaus es que nuestro objetivo fue encontrar un “look” que ofrezca la volumetría del 3D y así la gente no sabe lo que está viendo. Para mi era importante que escojas el medio que escojas, lo que quieres es dominarlo y mejorarlo además de enganchar al público narrativamente.

A scene from "Klaus", 2019

Una escena de Klaus.

netflix

 

¿Puede explicar para legos en qué consiste esta nueva técnica?

Es un 2D elevado, del siglo XXI. Desde Tarzán, en cada proyecto animado mirábamos hacia delante hasta que empezamos a mirar para atrás con princesitas y animales cantando de lo que ya había mucho. Durante años no hubo un esfuerzo de cambiar de historia o de evolucionar. Así que retomé la animación tradicional donde se quedó en los 90 pero mirando a lo que se puede avanzar hoy gracias al desarrollo de tecnología. Había cosas intocables, los cánones de la animación 2D, pero cuando llegamos a la luz es cuando vimos que teníamos que hacer un filme donde personajes y fondos parezcan hechos por la misma mano. Y para eso la luz era esencial. Yo pensaba en una solución tecnológica y hablé con desarrolladores que me daban ideas interesantes, pero sin el control artístico. Mientras tanto en el despacho de al lado estaba uno de los diseñadores de producción, Marcin Jakubowski, al que luego se sumó Szymon Biernacki. Yo desconocía que su bagaje era de ciencias y programación. Alguien capaz de mantener esa conversación imposible entre un artista y un técnico, pero dentro de su cabeza. Me presentó un test que se parecía mucho a la iluminación en 3D pero que ellos lo pintaban mediante capas. La prueba fue el 2015 y cuando llegó el momento de meternos en producción hubiera sido una técnica muy laboriosa. Pero nos pusimos en contacto con Les Films du Poisson Rouge, de Angouleme, que ya habían trabajado con un sistema de rastreo que funcionaba perfectamente y les propusimos hacer un programa que permita que los artistas puedan hacerlo. De ahí nació una colaboración y esta herramienta que se llama KLAS, “Klaus Light and Shadow”.  Toon Boom también se convirtió en nuestro socio tecnológico y así conseguimos un proceso que cualquier profesional era capaz de estar utilizando en dos semanas.

Tras 15 años al frente de SPA, ¿cómo ha evolucionado la animación en España?

No es ideal que el artista se convierta en empresario. Pero la figura de empresario en búsqueda del artista no existe en cine, ni en España ni en Europa. El margen de riesgo es muy alto y si quieres hacer algo tienes que hacerlo tú. Y los artistas tendemos a darlo todo por el arte y eso nos convierte en malos gestores. Estos 15 años hemos mantenido un estudio de servicios con la vocación de ser un estudio de producción y esa no era la idea. Pero vas alineando trabajos y la maquinaria se lleva un 80 por ciento y el 20 por ciento restante lo reinviertes en desarrollar proyectos. Es muy frustrante porque sabes que tu vocación debería de ser esa, pero sabes que si no hay inversión de fuera esta es la única forma. Y con cada proyecto que salía me decía este es el bueno. Despicable Me, Small Foot. Así hasta Klaus porque a Netflix los parámetros de otros estudios le dieron igual y a nosotros nos dio esa oportunidad que llevábamos buscando tanto tiempo.

¿Cómo se compara la animación española con otros países?

Es difícil de decir porque somos pocos, estamos esparcidos y cada uno tiene una aproximación diferente. Ilion ha hecho mucho por avanzar la iniciativa empresarial. Con Ilion no hablamos de la iniciativa de un artista sino de ente corporativo que ha buscado arriesgar y han aguantado mucho tiempo. Tienes Lightbox, tienes Zinkia, por no hablar de la cantidad de empresa de video juegos, desarrolladores…. Los propios españoles no nos damos cuentas del potencial que tenemos.

¿Echas a faltar los proyectos que se quedaron en otros estudios?

Es muy difícil de decir. Con Despicable Me yo habría hecho otra película, pero no sé si mejor o tan buena. Es difícil discutir con una franquicia de más de un billón de dólares. Y aunque no tengo un porcentaje de los muñecos me ha abierto un montón de puertas. Smallfoot fue una pena porque será una visión subjetiva, pero creo que lo que tengo en la cabeza habría sido mejor

¿Sus hijos se han pasado a Santa Claus dejando a los Reyes Magos de lado?

Ya lo hacían desde hace años al escribir la carta, pero intentamos que los Reyes Magos sean más generosos para que les tengan más cariño.