Soledad Villamil: "Tengo una máscara un tanto trágica"

by Gabriel Lerman September 9, 2020
A scene from "Corazon Loco", 2020

Soledad Villamil en una escena de Corazón loco.

netflix

Dividida entre una faceta como actriz y otra como cantante, aunque generalmente ha estado acompañada por el éxito Soledad Villamil no aparece demasiado en la pantalla grande. La ganadora del Goya como Mejor actriz revelación por El secreto de sus ojos, debutó en el cine en 1991 con Vivir mata y desde entonces solo se la ha visto en Un muro de silencio, El sueño de los héroes, La vida según Muriel que en 1997 fue su primer protagónico, a la que siguió 2 años después El mismo amor, la misma lluvia, la primera película que hizo con Ricardo Darín. A la lista se sumaron luego Un oso rojo, No sos vos, soy yo, Todos tenemos un plan, en la que compartió cartel con Viggo Mortensen, ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, su incursión en el cine brasileño con Teu mundo não cabe nos meus olhos y en el uruguayo con La noche de 12 años, su última aparición en cine antes de Corazón loco, la comedia que se estrena esta semana en Netflix y en el que comparte cartel con Adrián Suar. Allí encarna a una médica que cría un hijo con su esposo de 9 años, con quien comparte profesión, sin imaginar que le espera una sorpresa que transformará para siempre su vida.

¿Cómo es que te decide a filmar?

En realidad lo que me decide siempre es el guión de una película. Siempre me engancho con las historias, qué se cuenta, de qué trata la película, qué historia va a transmitir. Después por supuesto hay un montón de otros elementos, pero en principio es eso. 

¿Qué te decidió por Corazón loco?

Me encantó el guión en la primera lectura. Estábamos haciendo un programa de televisión con Adrián Suar, El host, para Fox, y Adrián me dijo “Tengo un guión para una película, me gustaría que lo leyeras”. Me lo llevó al canal, lo llevé a casa, lo leí y me dije “esto tiene mucho potencial”. Primero me interesó que era una comedia, un género que me encanta, disfruto un montón como espectadora y como actriz. No siempre uno tiene a mano una buena comedia para interpretar. Y después porque, sin dejar el tono de comedia, era una película que contaba una historia muy particular y que iba a ser interesante poder pintar ese mundo, esos personajes y la situación en la que se ven envueltos, esa cosa entre provocadora, medio trágica pero siempre apelando al humor para contarla. Me parecía un combo súper interesante.

¿Cómo es trabajar con Adrián, y sobre todo no reírte?

El es muy, muy, muy gracioso, la verdad que sí. Yo no había trabajado con él como actriz. Había hecho programas de televisión donde él era productor, varios, nunca me había tocado compartir escenas como compañeros actuando, y veníamos de esa experiencia. Yo estaba sorprendida por cómo maneja el humor y el timing de la comedia. Y en la película hubo momentos en los que tuve que hacer grandes esfuerzos de concentración porque verdaderamente era muy desopilante.

¿Por qué no volviste a hacer comedia después de No sos vos, soy yo?

La verdad es que la mayor parte de los proyectos que me llegan como actriz no son comedias. Ese es uno de los motivos por los cuales no dudé en involucrarme en este proyecto. La verdad es que habría que preguntárselo más a los directores y a los productores. Reconozco que tengo una máscara un tanto trágica que puede dar para el drama o para un tipo de actuación, quizá. Se ve más de afuera que yo de adentro. En mi interior me encanta la comedia, la disfruto mucho. En las películas que hice con (Juan José) Campanella, tanto en El  mismo amor, la misma lluvia como en El secreto de sus ojos, obviamente no es una comedia como la que estamos hablando pero El mismo amor, la misma lluvia tenía bastante diálogo de comedia dramática o comedia romántica, chispeante, digamos, pero yo la verdad es que lo disfruto un montón. Cuando yo hago mis shows musicales siempre tengo mis pequeños momentos de stand ups que me mando entre tema y tema presentando canciones, donde el humor está presente. Me gusta y me sale bastante bien también.

¿Te parece que la historia que cuenta Corazón roto retrata una realidad o es simplemente un argumento que da el pie para el humor?

Uno empieza a investigar según el proyecto que le toque, y todos los casos que se me cruzaron, algunos que ya conocía y otros que conocí a raíz de estar encarando este proyecto, eran casos no actuales, de algunos años atrás: tíos, abuelos, historias de otra generación. Pero creo, y sé que ocurre, quizá no de una manera tan numerosa como ocurría años atrás, y aunque no retratara una situación tan común en estos días, los tópicos que la película atraviesa creo que son muy actuales, más allá de que la bigamia no se encuentre ahora tan frecuentemente, o la idea del engaño, por lo menos desde el punto de vista del personaje que me toca interpretar. Un día darte cuenta de que la vida que creías que llevabas con tu pareja, tu familia, no era como vos creías que era, y todo eso, creo que tiene mucha vigencia, mucha actualidad.

Como actriz has tenido películas que han llegado muy lejos, como El secreto de sus ojos o Todos tenemos un plan, que se vio en Estados Unidos. Pero esta película sale en Netflix en todo el mundo, ¿te genera una expectativa diferente o no piensas, una vez que terminas una película, cómo se va a pasar?

Sí, uno piensa, ¿no? También eso cambió sobre la marcha, no era el plan original, eso cambió un poco producto de la pandemia y de la cuarentena. Nosotros estuvimos a punto de estrenar en Buenos Aires, con todo listo para el estreno una semana antes, la campaña de prensa hecha, con los afiches pegados en toda la ciudad: se suspendió. La perspectiva que tenía la película de estrenarse en cines, que era nuestra primera idea, se vio frustrada. Los productores, con el correr de los meses, decidieron no tenerla más guardada y estrenarla en Netflix, y la verdad es que es una perspectiva nueva que se abrió ahora que para mí fue un gran signo de pregunta. Por ejemplo El secreto de sus ojos alcanzó una dimensión de distribución muy grande, por el Oscar se estrenó en muchos países del mundo, he viajado y me he encontrado con espectadores realmente de muchas culturas.

¿Hubo una propuesta para que siguieras tu carrera fuera de la Argentina, o nunca se dio?

No sé si para seguir la carrera, pero sí hubo propuestas de filmar afuera, pero en su momento privilegié otros proyectos. Es esto que te digo: a mí me pasa que tengo que leer el guión, por algún motivo me tiene que enamorar y entusiasmar, y eso es un criterio que lo tenía a los 20 y lo mantuve y lo mantengo. No sé si me fijo tanto dónde se va a filmar como qué tipo de producción es. Porque la película con Viggo… obviamente estaba él, que es una súper estrella internacional, además de un tipo increíble como persona, pero era una ópera prima de una directora argentina, y me involucré porque el proyecto me interesó, la historia, el personaje, ese sería mi faro.

¿Qué te da la actuación que no te da la música?

¡Qué buena pregunta! La actuación tiene muchos formatos. Te diría qué me da el cine: a mí me parece una artesanía apasionante, eso que en su momento se llamó “la fábrica de sueños”, es la sumatoria de tantas pequeñas piezas de un mecanismo… Uno entra a la sala de cine, la luz se apaga, la película empieza y uno se mete en esa historia, en ese sueño, en ese relato, pero para llegar a eso se van sumando muy de a poco y repartido entre tantas personas ese objeto, y los actores estamos como integrando ese mecanismo con lo que aportamos, y me parece apasionante como trabajo grupal. No deja de sorprenderme nunca.

¿Y qué es lo que te da la música?

La música también tiene muchos aspectos… la música grabando en el estudio, la música ensayando… Lo que me da el escenario es una sensación de libertad enorme, ese contacto cara a cara con el público, la emoción del vivo tiene algo muy potente, siento que son experiencias de un intercambio de alta intensidad cuando subo con la banda al escenario y está el público y está esa noche que vamos a compartir, y va y viene y termina la canción y la gente se expresa y hay un contacto muy directo, muy energético.

Cuando tenías 14, 15 años, ¿qué era lo que querías ser: cantante o actriz?

En realidad yo estudiaba música de adolescente, iba al conservatorio y pensaba dedicarme a eso. A los quince tomé la primera clase de teatro y fue bastante revelador porque de venir de estudiar música en solitario —estudiaba flauta traversa y era mucho esfuerzo, digamos, era más de introversión—, la clase de teatro y lo grupal y el intercambio, el juego, la improvisación me abrió un mundo que me partió la cabeza. Y a partir de ese momento fueron como entretejiéndose lo uno y lo otro.

Me imagino que el haberte preparado en música te tiene que haber dado una disciplina en la actuación que te debe haber ayudado bastante.

La verdad que sí, siempre trasladé una cosa a la otra. El espacio del estudio, del ensayo, de la investigación, de la búsqueda es tan importante como el momento de subir a un escenario o de estar en el rodaje, hay algo de la elaboración previa que me parece importante y además disfruto: no lo digo como un peso sino todo lo contrario.

¿Cómo fue para ti la experiencia con el Oscar de El secreto de sus ojos?

En ese momento en particular me sentía como a un metro del piso. Fueron días muy raros porque si uno filma en Estados Unidos o incluso en países de Europa, la posibilidad de llegar a esa instancia con una película, si bien no es lo más común del mundo, está dentro de las variables de lo que puede ocurrir. Filmando en la Argentina es algo muy poco probable porque son muchas las instancias que tiene que recorrer la película para que eso pueda llegar a ocurrir. Y eso con El secreto… se empezó a dar desde el día uno, desde el día del estreno. Siento que el Oscar fue como una especie de frutilla del postre: lo que se vino gestando desde el día del estreno… una película que hizo récord de espectadores, y más allá de los números lo que le pasaba a la gente… Lo que le pasa aún hoy: yo todavía hoy recibo llamados y mensajes de gente emocionada, o alguien me para en la calle y me dice de memoria líneas de la película, vos te das cuenta de que la película de entrada caló muy hondo en la emoción y en la mirada del público. Cuando la nominaron por la Argentina yo dije “¡Uy, qué bueno!”; cuando la seleccionaron entre las 9 nominadas a Mejor Película Extranjera yo dije “Bueno, listo, ya está, más que esto…”; quedó entre las 5 y “Bueno, listo, esto ya está, no puedo pretender, además, que gane”; y cuando ganó fue realmente algo extraordinario.

Te ha tocado trabajar con grandes actores: Ricardo Darín, Viggo Mortensen, Julio Chávez, ahora Adrián Suar, Diego Peretti… ¿Hay algo que tengan en común estas grandes figuras del cine con las que compartiste el set?

No. Yo no les encuentro algo en común, yo creo que cada uno tiene su perfil, su identidad, su estilo. Quizá podría decir que hay algo en común entre los actores y las actrices argentinos, que tiene que ver con una gran disposición al juego, al encuentro, hay algo muy vivo en el vínculo, y yo creo que eso termina viéndose en la pantalla. Como esa posibilidad de arriesgar un poco más, como decir “vamos a jugar a ver qué pasa en la escena además de que ya sabemos lo que vamos a hacer y lo que vamos a decir y lo que ensayamos. Hay un punto de cierto desparpajo, bastante característico nuestro, creo, que me parece que está bueno, que resulta, y cuando eso sucede se da esa magia de la que hablamos, la química, ¿no?