Tatiana Huezo: "Soy una enamorada del cine"

by Gabriel Lerman October 20, 2017
Director Tatiana Huezo

courtesy Tatiana Huezo

Todavía no puede creer que su documental Tempestad haya sido elegido por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar a ese país en el Oscar y en el Goya, y tampoco oculta su entusiasmo porque el estreno este fin de semana en las salas comerciales de Estados Unidos. Pero tal como lo cuenta en esta entrevista, la historia real de dos mujeres que sido víctimas de un estado inoperante, una que es enviada a la cárcel sin haber cometido ningún delito y otra que no puede encontrar a su hija, que ha sido secuestrada por policías corruptos es el resultado de un plan llevado a cabo meticulosamente, cuyos logros se pueden ver en la pantalla. La realizadora nacida en El Salvador, que llegó a los 4 años a México, obtuvo el Ariel a la Mejor dirección por la película, además de Mejor documental y Mejor sonido, siendo nominada en otras 3 categorías, incluyendo Mejor película.

De alguna manera habías terminado el ciclo con tu película, pero de golpe vinieron las nominaciones y los premios en el Ariel, y ahora llega esto de que vas al Oscar, que vas a los Goya y se estrena en Estados Unidos. ¿Cómo te ha impactado toda esta vida posterior de tu película?

Pues ha sido una sorpresa muy grande. Fue algo absolutamente inesperado. Como bien dices, ya había cerrado un ciclo. Son muy largos los ciclos de las películas, básicamente 3 años llevó hacer ésta, desde que surgió la idea, que se desarrolló y se consiguió el dinero, se escribió y se terminó… y luego un año larguísimo de viajes. Y llega un momento en el que el ciclo se gasta, uno quiere seguir con su vida, pasar a otra cosa, y siente que esto está absolutamente cerrado. Después de una película uno siente una cosa rarísima, es como volver de un lugar donde la vida se detuvo por un tiempo y hay que volver a retomar todo. Lo de los Arieles fue realmente una sorpresa, sabíamos que teníamos alguna oportunidad en la categoría de Mejor Documental, pero fueron 8 nominaciones. Nunca un documental de dos horas había sido nominado a Mejor Película. El documental tiene un estigma, no existen para estos premios, no han existido nunca. Pero yo trabajo mucho previamente al rodaje, hay una gran planeación, hay toda una estrategia narrativa, dramática, de estructura, etc. Entonces el reconocimiento de Mejor Dirección sí fue algo que me dio una enorme alegría de que esto se reconociera. Y fue como el broche de oro para cerrar este ciclo tan intenso de esta película. Y después lo de los Óscares, y el Goya. ¿Qué más se puede decir, qué más puede pasar?

Tu documental se aleja bastante de las estructuras tradicionales del género...

Fue algo deliberado, porque por ahí va mi búsqueda y por ahí va mi exploración desde hace tiempo atrás. Y yo soy una enamorada del cine. Cuando voy al cine me dispongo a vivir la vida de otro ser humano y a recibir la emoción y las preocupaciones, las pesadillas y los sueños y las oscilaciones que hay encima de ese personaje, y me dispongo a escuchar y a ver y a dejarme revolcar –digamos- por las sensaciones que provoca todo este conjunto de elementos que hacen a una obra cinematográfica. Las mías son películas donde hay un personaje, una trama que se desarrolla, que te va a llevar y que pretende abarcarte con ella; hay imágenes, una estética, una atmósfera, y hay una banda sonora que te envuelve. Y donde todos estos elementos, además, juegan como parte de una propuesta dramática, de un cuento que se está contando, que se está mostrando al espectador.

Scenes from the documentary "Tempestad"

Escenas de Tempestad.

pimienta films

 

¿Tú crees que parte de la repercusión que está teniendo tu película tiene que ver con que, en definitiva, estás contando una historia que nos podría pasar a cualquiera? Sobre todo, a cualquiera que vive en México.

Si. Yo creo que ese ha sido uno de los grandes aciertos. Y el origen fue absolutamente intuitivo. En la película se vive una sensación de orfandad de justicia, de orfandad de autoridades que hagan su trabajo, que protejan a los ciudadanos, porque para eso están. Esta es una película donde hay una decisión formal muy importante tomada previamente al rodaje, que es la de no mostrar el rostro de una de las protagonistas. Yo tenía la idea de vincular su voz, la voz de Miriam, una de estas pagadoras, las mujeres que meten en esta cárcel violenta en el norte de México, no sólo a un rostro, sino a muchos rostros a lo largo del camino para decirle al espectador, para transmitirle y para invitarlo a subirse también a ese autobús. Pero para decirle “cualquiera de nosotros podríamos ser ella”. A cualquiera de nosotros podría sucederle lo mismo que le sucedió a Miriam o lo que le sucedió a Delia. Somos blancos fáciles, vivimos en un tiempo en que los ciudadanos somos sumamente vulnerables a la impunidad, frente a la injusticia. Ahora, con el camino recorrido siento que fue un riesgo que valió muchísimo la pena, porque acerca de una forma distinta al espectador, lo empuja, lo implica de una forma muy directa. En México esta es una situación generalizada, esto está contado así porque fue lo primero que yo sentí cuando me lo contó Miriam, que es una de mis mejores amigas, cuando me golpeó la puerta de mi casa y me la encontré visualmente enferma, oscura, con la cara paralizada, emocionalmente muy quebrada.

¿Grabaste primero las voces y luego desarrollaste cómo la ibas a mostrar la historia, sabiendo que no iba a ser la estructura tradicional de alguien mirando a cámara?

Esta idea que surgió muy temprano de no mostrar el rostro de ella, me llevó a construir una película de voces. Yo sabía que iba a ser una voz en off desde el origen del proyecto, y por consecuencia, el segundo personaje, también, para que fueran dos voces que se acompañaban, que iban a caminar juntas. Yo ya tengo un tiempo explorando el trabajo con la voz. Me seduce muchísimo la voz de las personas en el cine. Pienso que la voz humana es algo profundamente poderoso, y era algo que yo ya había presentado en mi película anterior y que aquí quería llevar hasta sus últimas consecuencias. No grabé muchísimo antes de rodar, fue un proceso que se fue haciendo de forma paralela. Lo que sí hice antes de rodar fue una investigación importante con ellas dos. Me refiero a mucho tiempo de estar, de hablar, de compartir, de que me contaran. Yo supe todo lo que le había pasado a Miriam antes del rodaje, porque hablamos horas, durante varios días. Entonces yo ya tenía una estructura dramática, un recuento de los hechos, una idea de cronología, de cómo contar. Y lo mismo con Adela. Ya tenía una idea de cómo construir este recuento de la vida de Mónica, la niña, su hija, para llegar a esa noche en que no vuelve a casa. Y luego empecé por hacer el viaje que hizo Miriam, me fui hasta Matamoros, que está en el norte del país, en la frontera con Brownsville, y empecé a bajar. No fui a la cárcel porque es muy, muy peligroso, pero simplemente fui a sentir la ciudad y a sentir los lugares que están abandonados. Así empieza la película, con un montón de colonias que han sido abandonadas, de gente que ha huido, hacia Estados Unidos la que ha podido, hacia otras partes otra. Fue un viaje que duró unas dos semanas, que hice en autobuses de segunda mano porque sé que ella lo hizo. Y por accidente, en ese viaje empezó a llover, y de ahí surgió el nombre de la película: Tempestad. Las primeras 5 horas de empezar a viajar, el primer tormentón, calles inundadas, árboles doblados… La época de lluvias en el Golfo de México es muy violenta. Y ahí surge el color de la película, la atmósfera, el título. Al tercer día de estar viajando por allá la película ya se llamaba Tempestad, y todo este clima y esa atmósfera se convirtió en el paisaje interior de los personajes.