Opening ceremony Venice Festival 2020

Roberto Ciccuto de Venezia77, los miembros del jurado Joanna Hogg, Matt Dillon, Christian Petzold y Veronika Franz, el director de la 77 Mostra Internazionale d'Arte Cinematografica Alberto Barbera, la presidente del jurado de Venezia77 Cate Blanchett y Ludivine Sagnier caminan por la alfombra roja antes de la ceremonia de apertura y la alfombra roja del "Lacci" durante el 77 Festival de Cine de Venecia el 2 de septiembre de 2020.

PASCAL LE SEGRETAIN/GETTY IMAGES

No hay fans gritando a los lados de la alfombra roja. No hay nadie acampando desde hace días para poder mirar de cerca a una superestrella. No hay fotógrafos uno encima del otro en la famosa entrada del hotel Excelsior. Y cuando pensábamos en máscaras en Venecia, eran imágenes de noches barrocas danzando en un palazzo del siglo XIV durante el carnaval. No las N-95/M2, la versión quirúrgica. Una vez dicho esto, la “Mostra” de hecho se ha inaugurado. 

En la conferencia de prensa del día de la apertura, y usando una máscara, lo que es obligatorio y se impone firmemente en todas partes, Cate Blanchett, la presidenta del jurado, habló sobre los desafíos que enfrenta la industria del cine en la pandemia que atravesamos: “Tenemos que ser valientes. Cada vez que empezamos un proyecto, ya sea en medio de una pandemia o no, siempre se siente como si fuera el primer día de clases. Todos los grandes proyectos comenzaron desde cero. Pero siento esperanzas, porque como industria, el desafío forma parte de nuestro ADN. Si alguna industria emergerá de esta situación con mayor resiliencia, creatividad e ingenio, serán las artes creativas y la industria del cine”. Y agregó: “Tenemos que volver a empezar y salir y hay que hacerlo de modo seguro y tentativo. La industria cinematográfica ha enfrentado algunos meses sumamente difíciles y lo seguirá haciendo mientras volvemos a emerger”. 

Luego elogió a los cineastas por su resistencia e “infinita creatividad” y dijo que aceptó ser presidenta del jurado para apoyar a los organizadores, a quienes aplaudió por montar el primer festival importante en medio de estos momentos tan complejos: “Parece un ‘miracolo’ realmente y he estado esperando esto con muchas ansias”, porque, a nivel personal, estaba “muy emocionada por tener una conversación con adultos, después de hablar con cerdos y pollos” en su nativa Australia, donde pasó los meses de cuarentena.

También mencionó la ausencia de competencia, que había sido una constante previa al coronavirus en los festivales. En cambio, siete directores artísticos de festivales europeos asistieron a la noche de apertura como señal de solidaridad. Al director del de Venecia, Alberto Barbera, se unieron Thierry Frémaux de Cannes, Carlo Chatrian (Berlín), Lili Hinstin (Locarno), Vanja Kaludjercic (Rotterdam), Karel Och (Karlovy Vary), José Luis Rebordinos (San Sebastián) y Tricia Tuttle (BFI London). Algunos de sus propios festivales tuvieron que ser cancelados o realizarse de modo virtual. Blanchett llegó junto a los miembros del jurado, Nicola Lagioia, Joanna Hogg, Veronika Franz, Matt Dillon, Ludivine Sagnier y Christian Petzold.

La vista de la alfombra roja está bloqueada por una pared de tres metros de alto. Los equipos de camarógrafos son pocos y están bastante separados debido a las reglas de distanciamiento social. Y los guardias con máscaras detienen a los invitados con máscaras para tomarles la temperatura.

Tilda Swinton apareció usando una máscara dorada en un guiño a la historia de la ciudad y más en sintonía con la ubicación del festival. En el escenario, la actriz, que recibió el León de Oro a la trayectoria, hizo eco de los sentimientos expresados por Blanchett en la noche de apertura. Y luego dedicó gran parte de su discurso a rendir homenaje al maravilloso Chadwick Boseman. 

La película de la noche de apertura fue Lacci (The Ties), un drama sobre el matrimonio dirigido por Daniele Lucchetti. Ocupar este lugar solo puede resultarle de ayuda, ya que las reseñas son apenas tibias. No es Marriage Story. De todos modos, las películas que se proyectan en la noche de apertura nunca forman parte de la competencia.

No hay fiestas, la playa del Excelsior no contiene la enorme tienda de plástico transparente que ha bloqueado la vista al mar durante años. Nadie compite para conseguir un bellini o un asiento o una feta de prosciutto en el buffet. Antes y después de la proyección, se puede ver algunas figuras solitarias en esmoquin o vestido de gala dando sorbos a un martini o dos en la terraza del bar. Tampoco habrá infames fiestas nocturnas en Venecia. Por la noche, la ciudad parece salida de una escena de Don’t Look Now. Excepto que no es noviembre y la niebla no es la razón de que esté vacía. 

Los próximos diez días traerán proyecciones y estrenos con distanciamiento social, una cantidad nunca antes vista de directoras en las secciones de competencia del festival y talento en una buena selección de películas que no será ahogado por el ruido de las producciones de Hollywood. Por lo tanto, también habrá una oportunidad más justa para los que no pueden acceder a enormes campañas de marketing, lo que aporta mayor igualdad de condiciones a la situación. El principal interrogante no será respondido por algunos días más: ya que Venecia es una prueba de Rorschach para los demás festivales en la era del COVID, ¿se mantendrá seguro? ¿Alberto Barbera será el héroe, Italia será un ejemplo reluciente de cómo hacerlo bien? Y con eso, un país contiene el aliento, mientras el mundo lucha por el suyo.

Traducción: Gabriel Lerman