Verónica Chen: "Filmar fuera de Argentina me interesa mucho"

by Gabriel Lerman January 24, 2020
Argentinian director Veronica Chen

sundance institute

Han pasado muchos años desde que la argentina Verónica Chen llegó por primera vez al Festival de Sundance con su primera película, Vagón fumador, con la que ganó el premio al Mejor nuevo director en el Festival de Huelva. Desde entonces, ha desarrollado una sólida carrera que incluye otros 4 títulos, entre ellos Agua, Mujer conejo, Rosita, estrenada en diciembre en su país y Marea alta, con la que ha vuelto a ser invitada a Sundance, esta vez para participar de la competencia internacional. Su nueva propuesta, a mitad de camino entre el thriller y la crítica social, cuenta la historia de Laura (Gloria Carrá), una mujer que ha decidido quedarse en su casa de veraneo fuera de temporada para supervisar a los obreros que trabajan en mejorarla. Sin embargo, las cosas no saldrán como espera y tendrá que vivir situaciones que la pondrán a prueba, tanto a ella como a los espectadores.

¿Esta es la segunda vez que participas en el Festival de Cine de Sundance?

Sí, vine hace mucho tiempo, en el año 2002, con mi primera película Vagón fumador que en Norteamérica se llamó Smokers Only, y este es mi quinto largometraje. Creo que en el ínterin todo cambió mucho, inclusive el festival.

¿Qué te hace sentir volver al festival donde empezaste y que Marea alta sea la única película argentina seleccionada?

Por un lado, Vagón fumador participó en una sección que se llamaba Midnight Specials o algo así, que era un poquito punk el segmento y la película también. Ahora es en competencia oficial, más ordenado todo, en un festival que es cada vez más importante y con un largometraje chico también, pero con una actriz más conocida, un poquito más formal todo. Fue como un gran cambio, una novedad para mí también, que es normal porque pasaron muchos años, muchas películas en el medio. Sundance fue de los primeros festivales a los que fui así que tengo unos recuerdos increíbles.

¿Mantuviste una relación con el festival después de Vagón fumador?

Si. Hubo varias cosas a lo largo de los años, sobre todo al inicio. Después me dieron una beca que era del Sundance Institute que depende del festival para desarrollar un proyecto compartido con una fundación mexicana con un guión y tutores. Esa fue mi segunda película, que fue una experiencia divina, una semana encerrados en un monasterio, trabajando, discutiendo, escribiendo y hablando con los asesores. Después también me pidieron varias veces que leyera guiones y proyectos como para que preseleccionara lo que se mandaban de Argentina. Te acompañan mucho.

¿Cómo compararías a la Verónica de la primera película con la de ahora?

Y, ahora soy madre, eso te define bastantes cosas. La primera vez que fui, era chica y estaba viendo como era esto de hacer películas. No sabía si iba a hacer otra. De hecho, haber filmado una era como un milagro. Todo era incertidumbre en lo profesional, además de lo personal. Ahora diría que hay más certezas, otra cosa no puedo y no se hacer. Ya sé que esto es mi vida. Por ahí me interesa ver si puedo abrirme a nuevos formatos, trabajar en series, ir a filmar algún piloto a Estados Unidos, pero es como perfilar dentro de un camino ya trazado.

Llegaste a Sundance después de haber estrenado en Argentina, en octubre, tu cuarta película...

 Sí, pero el estreno de Rosita se podía haber dado un año antes porque en realidad hubo una premiere en Mar del Plata durante el 2018 que coincidía además con el rodaje de Marea alta, y como el mercado argentino estaba completamente saturado finalmente el estreno comercial se terminó dando el año pasado. Pero estos últimos tiempos vienen siendo muy intensos, un poco por decisión propia, yo tardaba como todos en mi camada con este tipo de películas de 4 a 5 años entre cada una y la verdad eso siento que las resiente creativamente, así que cuando hice Rosita ya estaba pensando en otra. Ahora estoy intentando que no pase tanto tiempo y tratando de encontrar un formato de producción que me permita filmar más seguido.

Marea alta es una película que funciona en varios niveles. Por un lado, es un thriller atrapante y por otro lado hay una crítica social en varios niveles. ¿Fue algo intencional?

A mí lo que más me interesaba era explorar las tensiones de clases reflejadas en una cuestión de género. Mostrar que esas tensiones no las vive igual una mujer que un hombre. La forma de thriller y policial se dio porque es un lenguaje que me interesa ya que últimamente leo mucha novela negra, no es que fue pensada de esa forma, surgió así.

A scene from "High Tide", 2020

Una escena de Marea Alta.

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¿Cómo empezaste a pensar en la historia de Marea alta?

Marea alta es una de 4 películas. Yo escribí algo que se llama El cuarteto de la costa, son 4 historias, una por estación y cada una en las playas del Partido de Villa Gesell, donde la clase media profesional culta argentina tiene últimamente su casa de veraneo. Al poblar la ciudad cabecera se fueron extendiendo después por Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul. Son largometrajes que comparten personajes, los que son protagonistas en una son secundarios en otra. Lo que me interesaba era contar la vida de un grupo de gente, que no es de clase alta, es profesional de clase media, y su relación con los locales, los que viven todo el año allí y que trabajan para los que van solo unos meses. Explorar que pasa con esos cruces, si son posibles. Hay como una fantasía que, en una noche de confusión, se mezclan y son todos iguales, porque son parecidos, tienen tatuajes, escuchan la misma música, y no, al otro día no es todo lo mismo. Analizar cómo se pueden cruzar de un lado para el otro, o no y como se termina pagando un precio por eso, todo centrado en una cuestión de género. Además de lo que pasa, escuchar lo que se dice, lo que se interpreta. Qué puede hacer ella y cuanta resistencia puede ofrecer a ese acercamiento un poco violento por parte de él y que probablemente sea brutalidad pero que refleja otras cosas. El conflicto partió de una imagen que tuve de una tarde haciéndose noche, donde una mujer está sola bailando y se acerca un hombre. Luego se fue dando quién era ella, quién era él, qué iba a suceder esa noche y qué iba a pasar después con ellos.

¿Eso es algo que descubres en la escritura o en la filmación?

En la escritura, yo llegué al rodaje con un guión bastante desarrollado, no modifiqué demasiado, solo el carácter de ella y que lo seduce a él que originalmente era al revés, pero cuando lo ensayamos con los actores me pareció más interesante de la otra manera. La verdad es que filmamos rapidísimo, en 3 semanas que es nada, un poco por las circunstancias porque yo estaba embarazada de 7 meses, y no tenía mucho tiempo de incertidumbre, tenía que saber bastante claramente que íbamos a hacer con una puesta bien pensada porque sino no llegábamos a terminarla.

El corazón de la película es Gloria Carrá. ¿Cómo fue trabajar con ella?

Fue genial, es la cuarta vez que trabajo con Gloria. Siempre hizo participaciones chicas conmigo desde la película Agua que es del 2005, hace 15 años, y siempre me decía que le escribiera un protagónico, y no tenía un personaje para ella. La verdad que este no lo escribí pensando en ella pero después dije es perfecto para Gloria, ojalá que pueda. Ella tuvo que acomodar un montón de cosas para hacerla, así que fue una felicidad enorme porque nos conocíamos demasiado y es una actriz de una entrega absoluta, para mí está bárbara, me encanta y además aportó muchísimo.

Una de las cosas interesantes de la película es el uso de los drones, que muestran tomas aéreas de situaciones claves. ¿Cómo se te ocurrió?

A mí me gustan los chiches y nunca hay muchas posibilidades de usarlos por el presupuesto. Los productores no pueden pagarlos pero hoy un dron es súper accesible. Igualmente fueron pocas jornadas de dron pero si cambió en el montaje las formas de usar las escenas obtenidas, que tienen como una altura un poco irónica por momentos, entre la toma y la música hay un contrapunto, donde debería haber una intención dramática hay una mirada light romántica. La pasé bárbaro filmando con drones, la cámara que se monta en el dron hoy tiene una calidad técnica impresionante, que empata el formato del resto de la película.

Aparte de la lucha social, la película también tiene una cuestión de géneros, donde los malos en definitivas son los hombres. ¿Te parece que coincide con el clima que se está viviendo en el mundo?

Si, lo explora. La película es una pregunta y está contada hasta el final desde el punto de vista de ella, que tiene una mirada paranoica sobre estos hombres. Todo el tiempo piensa que la van a violar, que la van a robar. Así está contada la historia, y lo que hace ella finalmente es asumir su potestad, ahí está el carácter de clases. Es un empoderamiento de la mala, que termina siendo ella, porque ellos tienen en todo caso una picardía, un aprovechamiento, unas licencias, pero concretamente no hacen nada.

Tu papá era diplomático chino. ¿De qué manera esa conexión con el oriente te da una mirada diferente sobre la sociedad en la que vives?

Yo a veces me siento parte y a veces no, no me siento tan local. Crecí en Texas, nos fuimos a vivir a Dallas, estuve 4 años, hice parte de la primaria, mis hermanos viven allá. Siempre tengo como una sensación de ser un pez fuera del agua. Elijo estar en Argentina, me gusta, pero tengo como una distancia con el entorno, sobre todo porque mi padre chino no hablaba bien castellano, no hacía asados, no había parrilla en casa. Nos fuimos a Texas porque dentro de los destinos que podía elegir mi papá le parecía que era lo más parecido a Argentina. La pampa, las vacas, el cuero, la carne, lo veía así, para nosotros los argentinos es rarísimo, pero él lo veía así y yo entiendo esa mirada porque lo veo así un poco también. La película La mujer conejo fue un intento de tomar con ironía ese mundo de una china que como yo no se reconoce como oriental, pero con la diferencia de que a mí me ves y yo físicamente tengo una cara bastante occidental y la actriz de la cinta era completamente opuesta. Entonces vos la veías y era absolutamente china pero hablaba como porteña y no coincidía para nada con su imagen.

Supongo que, si viviste en Estados Unidos, sobre todo de niña, tu inglés debe ser impecable. ¿Cuánto te atrae la idea de incursionar en la industria norteamericana?

Me encantaría. Conservé un poco el acento de Texas. Me preguntaron esto unos representantes que me llamaron y les dije que sí, porque me parece un desafío a nivel estético y creativo. Si, quisiera incursionar en otro lenguaje, me gustaría probar que pasa con las series, pensar algo en continuidad. Filmar fuera de Argentina me interesa mucho porque quiero ver como se trabaja, como se comunica la gente, como se expresa. Si existe esa posibilidad, bienvenida sea.