Wayne Wang: "En mi carrera he evitado que me encasillen"

by Gabriel Lerman October 26, 2020
Wayne Wang

Getty Images

Es uno de los pioneros del cine asiático-estadounidense y el primero que alcanzó un gran éxito con ese concepto en The Joy Luck Club, la película que le demostró a los estudios de Hollywood que el público no le temía a un elenco exclusivamente asiático hablando en inglés si la historia era buena. Pero lo hizo igual de bien al adaptar al cine las complejas historias de Paul Auster ambientadas en Nueva York en la memorable Smoke (y su compañera, Blue in the Face, que codirigió junto a Auster). Wayne Wang ha dirigido películas en China y Japón, y también estuvo a cargo de otras películas de Hollywood, como Maid in Manhattan y Because of Winn-Dixie. Si su meta como cineasta ha sido evitar el encasillamiento, tal como lo afirma en esta entrevista, sin dudas el realizador nacido en Hong-Kong que se mudó a EE.UU. a los 17 años para estudiar fotografía puede decir, a los 71 años, que lo logró. Siempre experimentando, Wang empezó a planificar Coming Home Again, su proyecto más reciente, como una película en realidad virtual. Rodada en su totalidad en un apartamento en San Francisco, ciudad donde vive Wang actualmente, la película cuenta la historia de un hombre (Justin Chon) que intenta cocinar una comida coreana perfecta para su madre agonizante (Jackie Chung), del mismo modo que ella siempre la preparó para él cuando era pequeño.

¿El título de la película, Coming Home Again (Volviendo a casa otra vez), también se refiere a su obra en el cine? En cierta forma parece un regreso a sus comienzos...

Sí, me parece que sí, aunque hice muy pocas películas pequeñas e independientes. Hice un documental sobre comida hace algunos años. Pero esta es una película más narrativa, volviendo al principio, es muy independiente, hecha con menos de 15 personas, rodada en 3 semanas, con un presupuesto muy bajo, pero teniendo el control total para hacer lo que a mí me gusta.

Parece que tiene algunas cicatrices de sus experiencias trabajando con los estudios de cine...

Sin importar lo que hagas, incluso teniendo el control completo, siempre hay que hacer concesiones. Con las películas de estudio, diría que hay distintos tipos de concesiones, a veces hay que ceder más de lo que quieres y a veces puedes trabajar con eso y algunas no me importan tanto. Otras veces es muy difícil. No creo que esas experiencias hayan sido 100% negativas, porque tomé la decisión de hacer esas películas y aprender cómo llegar a un público más amplio y mantener mi autenticidad.   

Pero parece que en los últimos años, se mantuvo alejado de ellas. Parece que las películas independientes son más preciadas para usted.   

No hay dudas de que son más preciadas para mí. Y, además, hacer una película de estudio es muy agotador. Y ya estoy demasiado viejo para eso (risas).

 

Justin Chon in “Coming Home Again” (2019)

Justin Chon in Coming Home Again (2019)

 

En ese sentido, esta fue la película perfecta, porque la rodó a tres calles de su casa en solo un sitio de filmación. ¿Fue la locación perfecta?

Sí, lo fue. Iba a trabajar caminando cada mañana. Me llevaba mis propios sándwiches de casa. También hice eso en Smoke. Tengo un equipo de filmación reducido, conozco a todos. Me gusta hablar con todo el mundo. Realmente es un sueño hecho realidad. Y, como dije antes, puedo hacer lo que quiera. Puedo decirle al productor “No me siento en el estado mental apropiado para filmar hoy” y entonces no rodamos. (Risas)

¿Por qué quiso contar esta historia sobre un hombre que cuida a su madre que está muriendo?

Bueno, leí la historia breve que se publicó en The New Yorker hace bastante tiempo. Y de algún modo la archivé en algún lugar de mi mente porque me conmovió mucho. Y luego mi propia madre falleció hace 6 o 7 años y la última parte de su vida fue muy difícil. Ya vivía en un hogar de ancianos y tuve que ver cómo se iba deteriorando lentamente. Mi esposa también la cuidaba muchas veces. Y recuerdo haber leido un libro de Atul Gawande, donde escribía sobre su padre, que murió de cáncer, pero que no quería atravesar más quimioterapia y esas cosas. Todo eso se fue uniendo de algún modo y luego Don Young, el productor, y yo queríamos intentar hacer una película en realidad virtual, con una cámara de RV, y no podía descifrar cómo contar una historia viendo la parte de atrás de mi cabeza al mismo tiempo y todo el tiempo. (Risas) Y me dijo que su abuela había fallecido hacía algunos años en un bonito apartamento antiguo de San Francisco cerca de mi casa y que podíamos filmar allí. Y yo le dije “Hagámoslo”.

Durante un tiempo ocupó un lugar en Hollywood que lo podría haberlo hecho muy, muy rico. Pero parece que le interesa experimentar más que otra cosa. ¿Por qué?

No sé si me hubiera hecho muy, muy rico (risas). Pero lo suficiente como para ganarme la vida y poder hacer lo que yo quería. Yo asistí a una universidad de arte, me formé con profesores a los que les interesaba experimentar con las cosas, que eran realmente independientes en ese sentido. Y para esta película me influyó mucho un film que vi hace muchos años cuando era estudiante, Jeanne Dielman de Chantal Akerman. Esa película se me quedó grabada para siempre y quería hacer una en la que la narración y el modo de contar la historia fueran muy diferentes. No es como una película de Hollywood en la que hay causa y efecto y se divide en acto uno, acto dos, acto tres y siempre hay drama. Esta se trata más que nada del proceso, el proceso de preparar una comida para tu madre que está muriendo, el mismo tipo de cena que ella cocinaba para su familia todos los años el día de Año Nuevo.   

 

On the set of Coming Home Again

En el filmaje de Coming Home Again.

 

En la película hay un tema que ha tocado antes en otras películas, que es que “la comida es amor”. ¿Eso está relacionado con las propias experiencias de su infancia?

Sí, era un niño muy gordo cuando era pequeño porque me encantaba comer (risas). Y mi abuela y mi madre siempre cocinaban platos hermosos y deliciosos que yo disfrutaba. Y tanto para los coreanos como para los chinos, la cena familiar es muy importante, cada noche, no solo los fines de semana o en días determinados, y todo siempre sucede en torno a la comida. En ese sentido, la comida es un componente clave de esas culturas. Además, mi madre no sabía cómo demostrar su afecto, así que incluso cuando estaba muy viejita, cuando la veía, ella solo me estrechaba la mano. Así la criaron y así era ella. Pero me preparaba un tipo de dumplings muy especial que a mí me encantaba, porque sabía que a mí me gustaban mucho y eran muy difíciles de hacer y llevaban mucho tiempo. Pero solo me estrechaba la mano. Hacia el final de nuestra relación, no teníamos nada que decirnos, pero había muchos sentimientos. Recuerdo sentarme en el patio donde ella estaba, tomando sol por lo general, cuando el tiempo estaba bonito, y solo nos sentábamos allí durante una hora sin decir nada. Y el silencio era muy emotivo.

Creo que el silencio es algo que disfruta en las películas...

Sí, lo disfruto mucho. Se relaciona con no querer que pase algo todo el tiempo. Creo que tengo un carácter muy ansioso. Y recuerdo que durante los años en los que trabajé con los estudios de Hollywood, iba a un médico porque no me sentía bien en esa época. No tenía una enfermedad grave, pero nunca tenía energía, me sentía cansado y tenía dolores de cabeza. Y me dijo que no estaba respirando bien, que debía respirar desde el estómago, tomarme tiempo para respirar y hacerlo bien. Y sé de dónde viene eso, del estrés y también de las películas, porque en las películas de Hollywood, por lo general en algún momento del proceso de edición, viene un productor y te dice que el personaje no está haciendo ni diciendo nada, que debes cortar esa parte. Y si haces eso en todas las escenas, la película no respira, del mismo modo que yo no estaba respirando. Y yo solo quería dejar respirar realmente a la imagen.

¿Cree que el cine asiático-estadounidense está ocupando por fin el lugar que se merece?

No, para nada. Crazy Rich AsiansThe Farewell, hubo una comedia romántica que era bastante buena, pero todavía funcionan en esa especie de modo Hollywood. Preferiría ver estadounidenses de orígen asiático más auténticos, representados de una manera más real, no del modo que intenta satisfacer al público. Esa es mi opinión. Me parece que eso es más importante. Y opino lo mismo sobre las películas afroamericanas o latinas. Me gustaría que hubiera más películas que fueran casi como documentales auténticos, pero interesantes, sobre sus vidas. Eso es lo que la gente necesita ver y entender. 

Es interesante que hizo una película con una temática latina, Maid in Manhattan, y otra con una protagonista afroamericana. ¿Ve alguna similitud entre la experiencia asiático-estadounidense y las otras?

No. (Risas) Creo que durante toda mi carrera, intenté evitar que me encasillaran. La industria del cine y Hollywood en particular intentan ubicarte dentro de un estereotipo de algún modo. Maid in Manhattan trata sobre una mucama latina, Last Holiday era sobre una mujer negra. Eso es solo porque me encasillaron para trabajar con protagonistas de origen étnico en comedias románticas. Esa fue la casilla en la que me colocaron. No pude salir de allí en ese momento, así que simplemente me fui. Abandoné las películas de estudios luego de Last Holiday

¿Cree que, cuando su padre le puso el nombre Wayne, eso empezó su conexión entre Asia y EE.UU.?

A mi padre le gustaban mucho las películas de EE.UU. y le encantaba John Wayne. Lo interesante de mi nombre es que primero recibí mi nombre chino. Recibes ese nombre primero para que encaje en el árbol familiar y en la tradición de nombres de la familia. El de mi padre significa rey del bosque así que estaba vinculado con la madera, el de mi hermano era príncipe del bosque y mi nombre tenía que formar parte de la familia planificada, así que encontró una palabra que significa “el pequeño brote”, el joven comienzo de un árbol. Y esa palabra suena como Wayne. Entonces, cuando tuvo que darme un nombre en inglés, dijo “Ah, que sea Wayne”, porque también suena como una palabra en chino. Así fue cómo surgió. Pero tal vez lo más influyente es que cuando era pequeño, mi padre solía llevarme al cine. Recuerdo la experiencia de estar sentado allí comiendo palomitas, que son dulces en Hong Kong, no saladas, y las luces se apagaban y estaba sentado allí en la oscuridad y algo aparecía en la pantalla y empezaba a soñar, de algún modo. Por esa experiencia es que amo tanto al cine.   

Cuando la gente escribe su nombre en IMDB, todavía aparece Smoke junto a él, aunque hizo tantas otras películas. ¿Qué recuerdos tiene de sus años con Paul Auster y de hacer esa película tan especial y la otra, Blue in the Face?

Esa fue una experiencia muy especial. Fue justo después del estreno de The Joy Luck Club, que fue la primera película que tuvo gran popularidad con un público más amplio. Y otra vez tuvo que ver con mi intento de no quedar encasillado en un estereotipo, porque sabía que me asociarían con las películas asiático-estadounidenses. Así que decidí hacer algo distinto, una película que trata sobre personas negras, judías y blancas, que están separadas y al mismo tiempo conectadas como una familia. Y disfruté trabajando con Paul Auster, que caminó conmigo por todo Brooklyn para mostrarme los distintos lugares sobre los que escribía. Y disfruté mucho también esa suerte de proceso de construcción de entender un lugar, su cultura y su gente. E hice una película muy interesante. También fue una película muy difícil. Cada actor de esa película era difícil, pero lo logramos. (Risas).