Mexican/Spanish Master Arturo Ripstein Receives Biennale Award in Venice

by HFPA September 9, 2015

A scene from Arturo Ripstein's La Calle de la Amargura, being shown at the 72nd Venice Film Festival

El festival de Venecia premia este año al cineasta, nacido en México, pero naturalizado posteriormente como Español, Arturo Ripstein, celebrando medio siglo de una carrera brillante dentro del cine mexicano. Elocuente, sincero, apasionado, Arturo Ripstein siempre ha permanecido dentro del cajón de la intelectualidad, nunca tratando de traspasar fronteras para ir hacia el cine que sus compatriotas de la nueva generación han revolucionado en Norteamérica. 
 "Siempre he querido hacer una gran película y siempre me sale simplemente una película. Es decir, nunca me he enfrentado a un proyecto en mi vida que no pensara yo que no podía salir bien. Han salido mal muchísimas, unas peores que otras. De las ideas, las emociones, las imágenes que uno tenía al iniciar el proyecto termina siendo algo a lo que uno termina resignándose..., me resigno a ser lo que soy y a dar lo que doy. 
 "Veo cine diariamente y todavía hoy logro adentrarme en el filme totalmente, me sumerjo en las historias, me la creo siempre, pero con las películas de otros. A mí las películas que me conmueven, que me entusiasman, que me fascinan, que me dan razón de salir adelante siempre son de otros. Si únicamente hubiera peliculas mías el cine seria muy triste!" El director hace, sin proponérselo, un autorretrato relámpago. Es sobreviviente de un pasado largo —casi cuatro décadas de trayectoria, y cuarenta películas hasta el día de hoy— y marginal, sobre todo, de unos años para acá, en el contexto del llamado renacimiento del cine mexicano. Mientras dos o tres películas acapararon la atención de los medios, pocos mencionaban el ritmo galopante con el que Ripstein ha filmado desde 1966. Del esbozo que el cineasta hace de sus criaturas preferidas, el rasgo que no comparte es el que las define sin fuerzas. Ripstein ha sido un nombre constante entre los festivales de cine mundial. Alterna como invitado, participante y jurado? 
 Llega un momento en la vida en donde uno se queda fuera, sobre todo si la competencia es contra el éxito. Yo nunca he tenido éxito: lo que he tenido es constancia. He continuado haciendo mi trabajo lentamente. Nunca he tenido éxito instantáneo: nunca se me dio, nunca supe cómo se hacía, nunca lo pude controlar, y nunca tuve la menor idea de cómo hacer algo ligeramente formulaico. He tenido muy buena suerte, pero ha sido gracias a hacer mi trabajo. A estar constantemente creando mundos en cine. 
 Las películas, como es la norma en los festivales, suelen identificarse con su país de origen y casi automáticamente adquieren una identidad nacional. ¿Sería mejor que desde su origen se despojaran del gentilicio? Ése es el ideal. Cuando yo era un joven aspirante a cineasta y veía una película de Fellini, no veía una película italiana. Veía una película de Fellini. Lo que importaba entonces era quién la hacía, no de dónde venía. Ahora, claro, con la división socioeconómica y política del mundo, unas películas son mexicanas, rusas o francesas. Pero esto tampoco es problema: lo que importa es lo que resulta. Más allá de ser húngara o polaca, una película es buena o es mala. Sus películas favoritas son: Nazarín, de Buñuel; Vámonos con Pancho Villa, de Fernando Fuentes; Dios y el diablo en la tierra del Sol, de Gauber Rocha y como 200 más…es cine de arte, de intelectualidad, más que lo comercial del cine norteamericano, 

 Dice el director que le gusta que en sus películas "se vean las cosas, que no pasen". Dice que se siente extraño en un mundo que entiende que ya no es el suyo. El de ahora es un cine, reflexiona, que se alimenta del instante 'twittero', de la reflexión ausente, del vicio de la inmediatez, de la satisfacción instantánea. Arturo Ripstein viene del mundo de la comunicación 'a la antiguita; no se familiariza con los nuevos medios como tweeter o Instagram para saber del cine, ni del suyo, ni de los otros. Arturo Ripstein nació en México, en una familia de ascendencia judía, financieramente acomodada pero, sobre todo, donde se respiraba siempre cultura. Gracias a su padre, Alfredo Ripstein .el joven Arturo se familiarizó desde muy pequeño con las prácticas y ritmos de la cinematografía mexicana. A los quince años presenció el rodaje de Nazarín (1958) y descubrió a Luis Buñuel, con quien desarrolló una estrecha relación maestro-alumno que se mantuvo hasta la muerte del genio aragonés, en 1983. 
 Ante la insistencia de Ripstein, Buñuel aceptó que participara, sin crédito, como un ayudante más de producción durante la filmación de El ángel exterminador (1962). Con esta experiencia y dos cortometrajes realizados en su adolescencia, realizó su debut como director de cine a los 21 años. Su padre había adquirido los derechos de un guion escrito por Carlos Fuentes y por Gabriel García Márquez, titulado El charro, y le confió la dirección con la condición de que lo convirtiera en un western, género de marcada popularidad en aquellos años. El resultado fue Tiempo de morir (1965), que contó con la colaboración de experimentados profesionales como el fotógrafo Alex Phillips, el editor Carlos Savage y la actriz Marga López. 
 Estos nombres eran la élite del mundo intelectual, y Arturo ha sido siempre un apasionado de la literatura, y, con su mente creativa imaginaba cada libro como la narración de una película. 
 El temprano debut de Ripstein constituyó una situación extraordinaria para la época, considerando que la rígida estructura sindical de la industria cinematográfica mexicana mantenía cerradas sus puertas a nuevos directores. Dos factores se conjugaron para facilitar, indirectamente, la llegada de Ripstein al cine: por un lado, la creación del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), primera escuela de cine de América Latina; por el otro, la organización de los concursos de cine experimental por la Sección de Técnicos y Manuales del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC) en 1965 y 1967. Aunque Ripstein no participó en ninguno de los concursos, ni era egresado del CUEC, la renovación de las filas del anquilosado gremio de directores era una necesidad imperativa y su atrevido debut fue recibido muy favorablemente. 
 La soledad de las almas y la imposibilidad de cambiar la propia naturaleza son temas constantes en la filmografía de Ripstein. Variaciones sobre estos temas siempre aparecen en todas sus películas, particularmente en El castillo de la pureza (1972), Principio y fin (1993), La reina de la noche (1994) y Profundo carmesí (1996). Sus filmes han sido calificados como lentos, sombríos y depresivos. El plano-secuencia es su herramienta fundamental para la puesta en escena. Estas características han hecho de Ripstein un director controvertido: amado y odiado por partes iguales, pero nunca ignorado. 
 De alguna forma siempre le han querido asociar con su temática, pero Arturo no toma una posición al respecto. Prefiere seguir comunicándose a través de sus películas. Gilda Baum Lappe